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miércoles, febrero 21, 2024
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Cómo abonar para obtener la patata que demanda el mercado

Una fertilización adecuada es la mejor inversión que haremos este año, puesto que nos va a permitir obtener rendimientos adecuados y la calidad que nos reclama el consumidor

Ya falta menos para las primeras siembras de patata y puede merecer la pena repasar algunos aspectos clave de uno de los cultivos más delicados que existen.

José Ángel Cortijo. Fertiberia
José Ángel Cortijo. Fertiberia

Sí, es cierto que el agricultor que apuesta por la patata posee un perfil altamente profesional: conoce muy bien lo que se trae entre manos. Sí, es muy consciente de que, en este cultivo, la fertilización es un capítulo fundamental para obtener producción y, de forma especial, para alcanzar la calidad que nos demanda el mercado.

Pero permítanos el lector recordar alguna peculiaridad de la patata, como el hecho de que la fertilización es aquí diferente respecto a otros cultivos: cada tipo de patata, incluso cada variedad, requiere una fertilización diferente. De hecho, es muy posible que un agricultor con tres variedades de patata diferentes se plantee otras tantas estrategias de fertilización distintas.

Conocer nuestro suelo

El primer paso a la hora de planificar nuestra fertilización debe ser siempre realizar un análisis de suelo. Teniendo en cuenta sus resultados y la producción esperada, es imprescindible que el aporte de nitrógeno sea lo más ajustado posible a la producción esperada.

También es importante disponer de herramientas como los análisis foliares, que permiten detectar posibles carencias de microelementos.

¿Cuánto abonar?

Lo que está claro es que no se puede escatimar de los nutrientes que más necesita la planta, como fósforo, potasio o azufre. Pero tampoco aportar en exceso. Porque puede haber aportes que no estén justificados en función de análisis de tierra.

Fósforo y potasio son muy importantes para la patata, sobre todo el segundo. Y el azufre es fundamental.

El calcio y el aspecto visual

Lo mismo podríamos decir respecto al calcio, puesto que va a dar a la patata capacidad de resistencia y, sobre todo, calidad. Es el elemento que nos ayudará a obtener el tubérculo que demanda el mercado, en términos tan relevantes como el aspecto visual, resistencia al lavado o una mejor y más larga conservación.

No podemos perder de vista este elemento, puesto que muy pocos fertilizantes del mercado lo incluyen en forma soluble y directamente disponible por la planta.

Tampoco podemos olvidar el aporte, o no, de microelementos para el mejor desarrollo de la patata. La decisión de qué nutrientes aportar no puede ser la casualidad o “lo que hemos hecho siempre”, sino que debe estar justificada por el resultado de los análisis foliares y su interpretación adecuada.

Los ‘matices’ del nitrógeno

También merece la pena destacar la importancia de un manejo adecuado del nitrogenado. Un exceso de este elemento puede llevar a un alargamiento del ciclo de la planta, lo que nos puede perjudicar si nos aleja de la fecha de cosecha que habíamos previsto.

Otro efecto no deseado puede ser la generación de un exceso de agua, lo que puede constituir un problema a la hora de conservar la patata o, incluso, de que esta sea apta para el destino que pensábamos darle.

De este modo, podemos concluir que estamos ante un aporte de nitrogenado que está lleno de matices: si nos quedamos cortos podemos tener un problema de escasa producción, mientras que si nos excedemos podemos encontrarnos con una calidad deficiente y con problemas a la hora de conservarla.

Conseguir un producto uniforme

No podemos perder de vista que, en el caso de la patata, el aspecto visual y el tamaño resultan fundamentales. Para bien o para mal, el consumidor actual demanda una apariencia determinada, además de un tamaño homogéneo y uniforme.

Pero también la industria reclama calibres uniformes, habida cuenta de las necesidades de un proceso altamente automatizado.

Es cierto que las labores de suelo tienen mucho que decir a la hora de asegurar la ausencia de defectos en el tubérculo, pero no podemos perder de vista que, por medio del abonado, podemos influir en cuestiones como su tamaño y uniformidad.

Un gasto amortizable

Este año una de las incógnitas va a estar en la cantidad de abono que decida aportar el agricultor en cada cultivo. Ello incluye a la patata, dado que la fertilización es un capítulo importante dentro de sus gastos.

Pero lo que demuestra la experiencia es que, en el caso de la patata, el abonado es una inversión muy fácilmente amortizable, puesto que nos va a permitir obtener la producción que perseguimos y, una vez más, la calidad que nos pide el mercado.

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