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¿Conducción en vaso o en espaldera?

El mejor sistema de conducción no existe. Cada sistema debe adaptarse a nuestros objetivos y recursos

Tomás Jurío. Ingeniero agrónomo y enólogo

Viticultura, ¡qué palabra tan bonita! En definitiva, el cultivo de la vid, esa planta que nos acompaña desde hace aproximadamente seis mil años en el planeta tierra y unos tres mil años en España, donde se admite que fue introducida por los fenicios por la actual Cádiz.

Tomás Jurío
Tomás Jurío

Desde entonces, el hombre ha ido cultivando sus viñas de diversos modos, aplicando en cada época las técnicas culturales que mejor conocía acorde al vino que pretendía elaborar. En España, se han venido editando desde el siglo XIX hasta la actualidad diversos tratados de viticultura.

La vid es una planta rústica, que no muere fácilmente ante la adversidad de un suelo y/o un clima. Otra cosa bien distinta es que sus uvas puedan tener una calidad óptima para después elaborar buenos vinos.

Hasta hace no mucho, el viñedo era un cultivo de secano porque el agua de riego se dedicaba a otros cultivos, pero también porque legislativamente esta práctica estaba prohibida.

Cepa en vaso con un pie. Fotografía: Tomás Jurío

Los suelos más difíciles

Lo habitual en España era plantar el viñedo en zonas donde era difícil que creciera con dignidad otro cultivo, y eso ocurría generalmente en laderas escarpadas, suelos muy pedregosos, poca materia orgánica, arenosos, etc.

La forma en que se conducía la planta mediante las podas sucesivas eran formas libres, lo que solemos denominar ‘vaso’ o ‘arbolito’.

Esta formación en vaso, qué duda cabe, tenía y tiene sus ventajas, así como sus desventajas. Pero antes, me gustaría detallar que, según en qué zona vitícola nos encontremos, estas formaciones en vaso no son iguales.

Las hay más altas y más bajas, las que desde el suelo se levantan con un único tronco y luego se abre en copa con varios brazos, las que se levantan con varios brazos desde el mismo suelo, y con densidades de plantación diferentes.

El sistema depende de la tradición del lugar y este, a su vez, depende de la variedad de que se trate y de las condiciones hídricas y climáticas de la zona.

Labores manuales

La vid se cultivaba con tracción animal y el resto de las labores eran manuales. No se conocían todavía en España las formas apoyadas o en espaldera, salvo en la zona gallega donde, debido al minifundio, la alta pluviometría y la variedad, la conducción era y sigue siendo en forma de parrales altos.

Sobre los años 70 del siglo XX el uso del tractor estaba implantado y se empiezan a conocer tímidamente las formas apoyadas en espaldera. Además, varios ingenieros agrónomos publican escritos sobre las ventajas de conducir el viñedo en espaldera y los viticultores, aconsejados sobre todo por las estaciones de viticultura de sus regiones, se plantean el plantar sus viñedos con esta nueva forma de conducción.

A partir de la década de los años 80 prácticamente nadie se plantea un viñedo en vaso. Es más, se empiezan a transformar viñedos de vaso a espaldera que en muchos casos implicaban arrancar una fila de cepas de cada dos.

Ventajas del vaso

A mi entender las principales ventajas del vaso son: mejor aprovechamiento radicular del suelo, menor coste de implantación del viñedo, mayor y mejor aprovechamiento de la superficie de la parcela al poder olvidarnos de la orientación de las cepas, mayor resistencia a la sequía, mayor longevidad, etc.

Las principales desventajas serían: menor producción de uva por hectárea, una ventilación e iluminación más deficiente si no se actúa correctamente, mayor propensión a las heladas, más costes de producción al no estar el viñedo tan mecanizado, más roturas de pámpanos por el viento, más facilidad para el establecimiento de botritys, etc.

Cepa en vaso con varios pies. Fotografía: Tomás Jurío

Ventajas y desventajas de la espaldera

Entre las principales ventajas de la conducción en espaldera tenemos: mayor producción de uva por hectárea, mayor homogeneidad de las uvas, costes de producción más bajos debidos a la mecanización y a la mayor producción de uva, mejor ventilación e iluminación de los racimos, menor afección por heladas, etc.

Como principales desventajas estarían: mayor coste de implantación debido a los postes, alambres y mano de obra, menor aprovechamiento radicular del suelo, y mayor necesidad hídrica.

A priori yo no me decanto por un sistema o por otro. Cada plantación se tiene que estudiar de forma individualizada. Cuando un viticultor me pregunta por ello estudiamos su caso de forma particular. Hay muchos parámetros que influyen en la ecuación, como son el destino de las uvas y por tanto su precio de venta, tipo de suelo, clima, disponibilidad o no de riego, variedad de uva, años de vida útil que se le quiera dar al viñedo, mano de obra disponible, etc.

Como decía al principio, la viticultura está entre nosotros desde hace milenios, y desde entonces ha ido evolucionando acorde a los tiempos.

Es obvio que el clima está cambiando (como lo ha venido haciendo desde siempre), la tecnología avanza, el conocimiento a nivel fisiológico de las vides es cada vez mayor, la investigación a nivel genético de cara a la resistencia a plagas y enfermedades, nuevos portainjertos y duraciones de ciclo avanza muy rápidamente, las técnicas de cultivo se van modificando e implantando otras nuevas, y por último la sociedad también cambia.

Cada uno de estos parámetros y otros no mencionados se podrían ir desarrollando y analizando para determinar en qué favorecen o perjudican a un sistema de conducción u otro, no siendo objeto de este artículo.

Rentabilidad y calidad

Se han venido realizando diversos estudios sobre estos dos sistemas de conducción en diferentes lugares y con distintas variedades, tanto por centros de investigación como por particulares. Sin embargo, los resultados no son homogéneos como consecuencia de la multitud de factores que intervienen. En estos estudios no solo se investiga la rentabilidad, sino también la calidad de la uva.

No quisiera acabar sin antes referirme al ‘factor sociedad’ que he mencionado anteriormente. Cada vez más se da más importancia al medio ambiente y de ahí nace el concepto de ‘sostenibilidad’, que aunque parezca algo nuevo, en mi Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos ya se debatía hace más de treinta años.

La huella de carbono cada vez se mide más y por ello las técnicas de viticultura cada vez más van dirigidas a reducirla.

A título de ejemplo, si reducimos los postes y alambres, disminuimos el laboreo, disminuimos los tratamientos fitosanitarios, etc., reduciremos esa huella de carbono, y esto dependerá mucho de qué sistema de conducción utilicemos.

Por ello, me gustaría que el viticultor se quedara con el siguiente mensaje: “El mejor sistema de conducción no existe. Cada sistema debe adaptarse a nuestros objetivos y recursos”.

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