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martes, junio 25, 2024
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La sequía convierte al seguro en la tabla de salvación de miles de agricultores

No hay lluvias relevantes a la vista después de unos meses de marzo y abril que han roto los récords de calor y falta de humedad. Los productores subrayan que el seguro agrario llega “muy justo” para cubrir los gastos

Ricardo Ortega

En la primavera de 2023 la palabra más repetida en las conversaciones, y la más buscada en Google, es ‘sequía’. Una mirada al campo español nos arroja una imagen más que preocupante, mientras en Castilla y León hay zonas que se dan por perdidas y otras que aún podrían salvarse… Pero para eso haría falta que se equivocara el hombre del tiempo, que no anuncia lluvias relevantes en las próximas semanas.

El trabajo de los peritos de Agroseguro va a depender mucho de cómo se comporten las nubes. De 1,2 millones de hectáreas de cereal aseguradas en la comunidad, si no llueve en condiciones habrá que tasar un millón, en un escenario que puede ser peor que el de 2017.

Los técnicos de la entidad deberán tasar con seguridad en parte de Zamora, en Salamanca y en parte de Segovia y Ávila, “pero lo que no sabemos es cuánto disminuirá la producción”, señala José Ignacio García Barasoáin, responsable territorial de Agroseguro.

Al menos, cubrir gastos

El agricultor hará cuentas y podrá llegar a la conclusión de que contratar el seguro merece la pena, al menos para cubrir gastos. “Si tienes garantizado por el seguro un rendimiento cercano a los 3.000 kilos por hectárea, se demuestra que el seguro es una herramienta útil para garantizar la rentabilidad de las explotaciones”, recalca Barasoáin.

Ahora mismo el agricultor puede tomar sus decisiones. Por ejemplo, si tiene ganado lo puede poner a pastar en determinadas fincas, pero en general va a esperar a que la planta acabe el ciclo para que se lo valore un perito.

800 euros por hectárea

De media, el seguro de rendimientos garantiza al agricultor unos ingresos de 800 euros por hectárea. Lógicamente, lo que reciba cada cual dependerá de lo que haya contratado y de la producción que finalmente haya obtenido. “Con la ventaja adicional de que tendrá el dinero ingresado en un plazo de unos 25 días, con lo que tendrá para empezar de nuevo a partir de septiembre”, subraya el director de Agroseguro.

Y con un dato adicional: en 2017 determinados apoyos por parte de las administraciones solo se dirigieron a aquellos que habían contratado el seguro, “de modo que son muchos aspectos los que se pueden tener en cuenta a la hora de valorar el seguro agrario”.

Lo que está claro es que cada agricultor es un empresario, y como tal adopta sus decisiones a la hora de adquirir los insumos y calcular los riesgos. Son muchas las voces que señalan que el seguro se debe considerar un gasto más para todos los años.

Contratarlo le cuesta al agricultor entre 18 y 20 euros por hectárea, aunque solo está pagando en torno a la mitad del precio real: las diferentes administraciones respaldan la contratación por medio de subvenciones.

Por debajo del precio de mercado

Luisma Palencia, de Casasola de Arión (Valladolid), defiende que el seguro es una herramienta muy útil, sí, “pero que cubre los gastos de la explotación de forma muy justita”. “El cereal se paga por debajo del precio del mercado”, apunta. En la zona se garantiza una producción de entre 1.400 y 2.200 kilos por hectárea.

En el oeste de la provincia de Valladolid las cebadas más tempranas se han perdido. Algunas habían espigado con poco más de cinco centímetros de altura. Las más tardías no aguantarán más allá de la primera semana de mayo, mientras que el 70% del trigo “está en las últimas o se ha perdido ya”, según Palencia.

Hay datos para estar preocupado. “Va a ser un año mucho peor que 2022, pero es que además puede acabar siendo peor que 2017. Aquel año obtuvo rendimientos cercanos a los 1.500 kilos, pero esta vez no va a llegar a 1.000”, lamenta.

En Villalar de los Comuneros (Valladolid), de suelo muy arenoso, el secano se ha perdido y solo se puede salvar aquello a lo que se pueda aportar agua.

Es algo generalizado en la zona más temprana de Castilla y León, con un cereal que se queda pequeño, de encañado temprano y una planta que espigará antes que otros años.

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