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miércoles, abril 24, 2024
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Las aguas subterráneas abren la puerta al futuro

La campaña de riego 2023 estará marcada por la puesta en marcha de las comunidades de usuarios de aguas subterráneas (CUAS), entidades de derecho público con capacidad para organizar el riego, y también para sancionar

Ricardo Ortega

Desde hace ya unos años la situación de las aguas subterráneas preocupa a unos regantes que hasta el año 2015 no habían estado controlados por las diferentes administraciones competentes en materia de agua.

Es ese año cuando empiezan a sucederse unas sanciones que ponen en alerta al regante, que empieza a analizar si su explotación está en situación de legalidad y si va poder seguir trabajando en el futuro como lo había venido haciendo.

Y es que había pasado mucho tiempo desde 1985 sin que estuviera en marcha la aplicación de aquella ley.

Han sido siete años de idas y venidas a la Justicia, a la CHD, a los registros, en un proceso en el que el regante ha debido ponerse al día en cuestiones administrativas y jurídicas. Un proceso en el que han estado implicados tanto la consultoría Agroconsultores Castilla y León como su departamento jurídico, que ha ganado juicios para el regante en diferentes instancias.

También el periódico CAMPO ha participado en un proceso en el que tanto la formación como la información al regante resultaban vitales.

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II Congreso de Aguas Subterráneas

A lo largo de ese camino ha nacido la Asociación de Regantes con Aguas Subterráneas de Castilla y León, en la actualidad presidida por el agricultor de Alaejos (Valladolid) Armando Caballero.

Un recorrido que ha alcanzado un nuevo hito el 30 de noviembre con la celebración, en Íscar, del II Congreso de Regadíos de Aguas Subterráneas, con un completo análisis de lo que preocupa a este agricultor: desde la constitución y puesta en marcha de las comunidades de usuarios de aguas subterráneas (CUAS) y la escasez del recurso hasta el elevado coste del riego por culpa del precio de la electricidad.

Con un programa que ha incluido el análisis de los principales cultivos de regadío y que involucraba actividades esenciales, como la fertilización. De forma especial, en aquellos municipios declarados zona vulnerable a la contaminación por nitratos.

Las CUAS, un hito para el sector

El momento actual está marcado por el desarrollo de esas comunidades de usuarios de aguas subterráneas, un verdadero hito en un sector marcado tradicionalmente por un fuerte individualismo. A partir de ahora, y cada vez más, el regante va a trabajar en el seno de un sector articulado, responsable, que gana músculo gracias a unas CUAS que le dan sentido y coherencia.

El sector agrario de Castilla y León tiene ante sí la oportunidad de apoyar un proyecto ilusionante, que aporta coherencia a la actividad del regadío. Desde la asociación de Asociación Regional de Regantes de Aguas Subterráneas se destaca que, a día de hoy, en la Cuenca del Duero es más el agua concedida que la que efectivamente se extrae.

Las nuevas entidades de derecho público vienen a solucionar algunas de las cuestiones que el regadío de Castilla y León venían arrastrando durante todos estos años, como la obligatoriedad de que un pozo sirviera exclusivamente para regar las parcelas descritas en la concesión.

Una conquista histórica

En un sector agrario en el que en ocasiones parece que nada se mueve, la campaña de riego 2023 va a estar marcada por la puesta en marcha de estas entidades, algo que en sí mismo ya es un éxito del conjunto del sector.

Ahora se encuentra ante el reto de conseguir que estas comunidades de usuarios cumplan su función de gestión en un territorio y de control de sus regantes, con capacidad sancionadora y siempre teniendo que rendir cuentas ante la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD).

La campaña de riego también es una oportunidad para convencer a aquellos agricultores que se han quedado fuera de las comunidades de usuarios de las bondades de esta fórmula, que abre un nuevo capítulo en la historia del regadío de Castilla y León.

Esa capacidad sancionadora es algo fundamental, puesto que en los estatutos de cada CUAS se establecen las diferentes actuaciones incorrectas y las sanciones que llevan aparejadas.

Las necesidades de un sector vivo

Las comunidades de usuarios echan a andar en un periodo difícil, marcado por la escasez de agua y por los elevados costes de producción. Uno de los retos es hacer ver a la Administración que las nuevas entidades deben atender las necesidades de un sector vivo, cambiante, en el que la propiedad de la tierra puede cambiar de manos o de uso, y estar sometida a contingencias como una jubilación o un fallecimiento.

Como consecuencia, de una campaña para otra la CUAS puede ganar y perder parcelas dentro del propio devenir de la actividad agraria, de modo que fijar un modelo estático de comunidad de usuarios para periodos superiores al año puede resultar inasumible.

Es un ejemplo más de cómo determinadas administraciones, como la CHD, deben ir aceptando la realidad. Es un proceso largo, laborioso, en el que debe establecerse una diálogo permanente con el sector.

Ese debate sigue vivo, sigue en marcha, y durante el mes de diciembre se están celebrando diferentes asambleas informativas para concienciar al regante de que la próxima campaña deberá tomar el agua y aportarla a la tierra a través de un comunidad de usuarios.

Pero ello no evita que el escenario en el que se mueve el profesional se inestable, todavía marcado por la inseguridad jurídica. Con sanciones que en ocasiones parecen impuestas de forma arbitraria, y que en muchas otras se ven condonadas de un modo aún más caprichoso.

Contadores homologados

Uno de los elementos novedosos de la nueva etapa lo constituye el control del consumo de agua a través de las CUAS, por medio de contadores homologados por la Confederación Hidrográfica del Duero. A partir de su empleo, el regante deberá facilitar anualmente una lectura del agua consumida, desglosada por meses.

Otra novedad importante reside en el plan de cultivos que el agricultor debe elaborar para dar cuenta de la que será su actividad a lo largo del año, siempre supeditado a la concesión de la que dispone. Ese documento será importante para realizar una estimación de la demanda hídrica que puede haber un año.

Una cuestión relevante es que ese plan de cultivos debe ser acorde a lo establecido por el Plan Hidrológico de la Cuenca del Duero, más que obedecer a las condiciones concretas de la explotación, muy dependientes de factores como los tipos de suelo o la meteorología.

Desde el punto de vista agronómico, el mapa de cultivos se encuentra fuertemente condicionado por la reducción de superficie en aquellos cultivos que arrastran una fuerte demanda de agua y un elevado consumo energético, que siempre es más gravoso en el riego con aguas subterráneas. De hecho, la crisis de esos cultivos ha contribuido a una cierta recuperación de los acuíferos en los últimos años.

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