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lunes, marzo 4, 2024
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“Participar en alguno de los ecoesquemas será sencillo para el remolachero”

La PAC no será lo mismo cuando acabe la negociación sobre su diseño. El director general de la Política Agraria Común, Pedro Medina, avanza que nos hallamos ante un cambio de modelo que implica pasar de una normativa detallada y prescriptiva a otra muy enfocada a la consecución de resultados.

Es aquí donde cobran sentido los ecoesquemas, la principal novedad de la futura PAC. Para Medina, se trata de una lista de prácticas agrarias y ganaderas “cuya realización tiene efectos positivos sobre la preservación de los recursos naturales (agua, suelo y aire), el cambio climático y la biodiversidad”.

Este planteamiento es en principio favorable a determinados cultivos. En el caso de los remolacheros de Castilla y León, “son reconocidos como los agricultores más punteros en su especialidad. Ya están familiarizados con el uso eficiente de los fertilizantes, los fitosanitarios o el agua”. En muchos casos, además, “ya están integradas las nuevas tecnologías o el uso de internet en su trabajo diario”.

Al mismo tiempo, “los costes de la remolacha son elevados ‘per se’ y eso implica que hay que ajustar mucho los presupuestos y los gastos de la explotación”. Por ello, participar en alguno de los ecoesquemas que actualmente figuran en la lista de propuestas que ha facilitado el ministerio, como la gestión sostenible de nutrientes, “considero que no les va a generar grandes dificultades porque están muy profesionalizados”, apunta Medina.

Para comprender el verdadero valor de los ecoesquemas es interesante deslindarlos respecto a otras figuras. Los ecoesquemas son “intervenciones de carácter ambiental, más exigentes que las buenas prácticas agrarias, que se establecen para contribuir a alcanzar los objetivos de carácter ambiental recogidos en la propuesta de reglamento”.

Suponen un régimen de ayudas “similar a las actuales ayudas de agroambiente y clima del segundo pilar, pero en un peldaño inferior en cuanto a las exigencias medioambientales y en las que no se exige de forma agroambiental un compromiso para varios años”. Por el contrario, “es un compromiso anual y por tanto la decisión voluntaria de acogerse un año no condiciona que al año siguiente deba seguir efectuando las mismas prácticas”.

Todo ello obedece a estrategias de planificación a en el marco del Pacto Verde Europeo. Subyace, por ello, la necesidad de transformar el modelo de producción de alimentos hacia otro más sostenible ambientalmente, orientado a un uso más eficiente de los fertilizantes, reducir el uso de los productos fitosanitarios, mejorar la conservación del suelo, reducir el uso del agua y mejorar su calidad.

En todo caso, para el director general “siempre debe estar presente que para lograr la sostenibilidad ambiental, se precisa una sostenibilidad económica, sin olvidar la social, que consiga que haya habitantes en el medio rural, pues el abandono del campo es la más perniciosa práctica medioambiental. Reconozco que los nuevos planteamientos NO son fáciles de asumir y me viene al recuerdo una conocida frase coloquial como es la dificultad y el riesgo que entraña poner puertas al campo”.

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