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lunes, abril 22, 2024
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Residuos de champiñón y polvo de ofita para mejorar la calidad del suelo

Una investigación desarrollada por el Irnasa-CSIC de Salamanca evalúa los efectos de un nuevo compost orgánico-mineral como técnica de manejo sostenible

El sector vitivinícola se enfrenta a un importante reto: buscar soluciones a la disminución en la calidad de la uva y a la heterogeneidad de los vinos derivadas de un aumento en la desertización de los suelos. Un equipo científico del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca (Irnasa-CSIC), la Universidad de La Rioja y la Universidad de Salamanca ha comprobado que la aplicación repetida de enmiendas a base de residuos de champiñón y su combinación con polvo de ofita, una roca de origen volcánico, puede mejorar la calidad de los suelos.

El trabajo, que acaba de publicarse en la revista ‘Environmental Research’, forma parte del proyecto Vitireg (Grupo Operativo Viticultura Regenerativa), en el que se están ensayando diversas técnicas de agricultura regenerativa para restaurar la salud de los suelos del viñedo.

Nueva vida útil

Entre ellas está la aplicación de enmiendas orgánicas a base de sustrato postcultivo de champiñón (SPCH). De esta forma, tal y como detalla la investigadora del Irnasa-CSIC Sonia Rodríguez Cruz, “es posible valorizar este residuo dándole una nueva vida útil, un enfoque muy interesante dentro del nuevo modelo de Economía Circular”.

Por otro lado, se ha estudiado por primera vez la aplicación de esta enmienda recompostada con un 15 por ciento de polvo de ofita, un tipo de roca que se utiliza por ejemplo en la construcción de vías férreas o carreteras, para ayudar “a remineralizar el suelo, ya que puede aportar componentes clave como manganeso, hierro, zinc y cobre”.

Suelos más fértiles y equilibrados

Además, añade la investigadora del Irnasa-CSIC, se ha combinado la aplicación de estas enmiendas “con cubiertas vegetales de gramíneas en los pasillos entre las hileras de los viñedos”, un tipo de manejo que cada vez es más habitual por sus contrastados beneficios, al “proteger al suelo de la erosión y favorecer la retención de agua”, subraya.

En el trabajo, el equipo investigador evaluó los cambios en los parámetros fisicoquímicos y bioquímicos en dos tipos de suelos de viñedos -franco limoso y franco arenoso- tras aplicar dos dosis de sustrato postcultivo de champiñón (SPCH) y SPCH recompostado con ofita, durante dos años consecutivos.

En ambos tipos de suelos se observó un aumento en el contenido de carbono orgánico y nutrientes que persistió en el tiempo, favorecido en los suelos enmendados con la dosis más alta.

Nuevos protocolos

Los hallazgos permiten avanzar en el establecimiento de nuevos protocolos basados ​​en la aplicación de este nuevo compost orgánico-mineral como técnica de manejo sostenible, una de las prácticas innovadoras que plantea el Grupo Operativo Vitireg.

En combinación con otras, como las cubiertas vegetales o el aporte de preparados microbiológicos, se pretende incrementar la fertilidad del suelo, disminuir la erosión, mejorar el balance de huella de carbono, reducir el uso de abonos y pesticidas químicos, mejorar el equilibrio nutricional del viñedo y lograr una mayor resistencia a las enfermedades.

El trabajo está cofinanciado por la Unión Europea a través del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (Feader), el Ministerio de Agricultura y el Gobierno de La Rioja. El Irnasa-CSIC cuenta además con el apoyo del Proyecto “CLU-2019-05 – Unidad de Excelencia, cofinanciado por la Junta de Castilla y León y la Unión Europea (fondos FEDER).

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