María Álvarez Escalante
–Si tuviéramos que hacer una fotografía fija del Guadalquivir, con los embalses por fin recuperados por encima del 80% de su capacidad, ¿cuál es el estado actual de la cuenca?
-A comienzos de la campaña de riego contábamos con 6395 Hm3 embalsados en la cuenca, de un total de 8036 Hm3. Esta situación no la alcanzábamos desde el año 2014.
En abril de este año, el Pleno de la Comisión de Desembalse autorizó un volumen a desembalsar en el Sistema de Regulación General de 1200 Hm3 y una dotación máxima de hasta 6000 m3/Ha, o el límite fijado en cada concesión si este fuera inferior.
Es decir, se autoriza el 100% de la dotación establecida en las concesiones de riego. Después de varios años de duras restricciones debido a la sequía, esto supone, al fin, una campaña de riego óptima.

-Gobernar una cuenca de 57.000 km2, que riega el corazón agrícola de Andalucía es una responsabilidad colosal. ¿Cómo es el día a día de su trabajo?
-Además de su gran tamaño, hay que tener en cuenta que en la cuenca del Guadalquivir hay casi 900.000 ha de regadío, la cuarta parte de los regadíos de toda España, y todo esto en el sur de España, donde la escasez del recurso y su irregular distribución en el tiempo y el espacio es más intensa.
Otra cuestión son las amplias y variadas competencias de los organismos de cuenca: la elaboración del plan hidrológico de cuenca, así como su seguimiento y revisión; la administración y control del dominio público hidráulico; el proyecto, la construcción y explotación de las obras realizadas con cargo a los fondos propios del organismo y las que se deriven de los convenios suscritos con otras administraciones; el otorgamiento de autorizaciones y concesiones referentes al dominio público hidráulico así como la inspección y vigilancia de su cumplimiento; la realización de aforos, estudios de hidrología, información sobre crecidas y control de la calidad de las aguas, etc.

Somos conscientes de que nuestro trabajo tiene una incidencia directa y redunda en un beneficio claro en el territorio y en la ciudadanía, por lo que aparte de una gran responsabilidad, sobre todo es un aliciente para buscar procesos de mejora continua y dar un servicio público de calidad, siempre guiados por el interés general.
-Detrás de cada hectómetro cúbico que la CHG concede o restringe hay empleo, riqueza y fijación de la población al territorio. ¿Cuál es la radiografía social y económica de los regantes que dependen hoy directamente de sus decisiones y cómo se gestiona esa presión en el día a día?
-El perfil del regante de la cuenca ha variado mucho en las últimas décadas. Hemos sido testigos de un gran proceso de modernización de regadíos, alcanzando más del 70% del total en la cuenca del Guadalquivir. Esto ha redundado en un menor consumo de agua para riego.
En los últimos años también se ha producido una transición en los cultivos, en parte por el efecto de la sequía.
Atendiendo a los datos del SIGPAC: los cultivos herbáceos, en general de alto consumo y bajo valor añadido, han disminuido sustancialmente en detrimento del olivar, con consumo bajo o muy bajo, y de los frutales (cítricos, frutas de hueso y de cascara), con mayor valor añadido. Esto tienen una consecuencia directa: el sistema pierde flexibilidad. Los regantes que ya han cambiado sus cultivos a arboleda ya no tienen la opción de cambiar en años con restricciones a cultivos de secano.

El Plan Especial de Sequía establece las condiciones de contorno para gestionar el recurso en momentos de escasez, permitiendo, con una gestión responsable y desde la prudencia, “resistir” esos años complicados hasta la llegada de un nuevo periodo húmedo.
-El peso socioeconómico del regadío en Andalucía es innegable, moviendo casi el 10% del PIB regional. Ante una masa social tan potente, ¿cómo logra la CHG equilibrar el criterio técnico y la sensibilidad con el sector?
-No es tarea fácil. Este equilibrio requiere de un minucioso y complejo proceso de planificación, que ante todo es participativo, en el que intervienen no solo usuarios, sino también administraciones, diferentes organizaciones, universidades y otras partes interesadas.
Actualmente nos encontramos inmersos en el cuarto ciclo de planificación. Ha finalizado el proceso de información pública del Esquema Provisional de temas Importantes, donde se plantean la situación y problemática actuales, se identifican las alternativas y se concretan las posibles soluciones.
La siguiente fase es la elaboración del borrador del nuevo Plan Hidrológico, que será más eficaz cuanta mayor participación y consenso se haya producido en su elaboración.
-La CHG mantiene un dato: hay 883.083 hectáreas con derechos de riego y se ha alcanzado el límite máximo, el “cierre de la cuenca”. ¿Esta cifra es inamovible? ¿Cuál es su respuesta a esos sectores que piden ampliar la superficie de regadío en Andalucía?
-El ritmo de crecimiento del regadío que se estaba produciendo era totalmente inasumible y amenazaba la propia gestión efectiva de la cuenca. Debido a esto, en julio de 2005 la Junta de Gobierno de la Confederación acordó limitar los nuevos regadíos en la cuenca restringiendo las nuevas concesiones de riego, situación que se ha mantenido hasta ahora.
Respecto a nuevas ampliaciones, el plan hidrológico vigente incluye una reserva de 20 Hm3 de agua regenerada para riego. En los próximos meses iniciaremos el proceso para tramitar las concesiones correspondientes. También es posible ampliar superficie de regadío con el 45% de ahorro por modernización de concesiones ya existentes.
En el nuevo plan hidrológico ya no están previstas estás excepciones, ahora lo fundamental es la garantía, que ha devenido ser tan importante como el recurso mismo, con una agricultura que requiere elevadas inversiones.
-La Confederación ha garantizado el riego para dos campañas completas gracias a una excelente planificación. Sin embargo, venimos de años muy duros de restricciones. Ahora que se ha aprobado un desembalse de 1.200 hm3 y se vuelve a rozar la dotación máxima de 6.000 m3 por hectárea, ¿cómo se gestiona la “euforia” del campo para que no se olviden las lecciones que nos dejó la sequía?
-Los usuarios son plenamente conscientes de que, a pesar de estas últimas campañas más favorables, ahora es cuando hay que “trabajar para la próxima sequía”, por lo que hay que avanzar con firmeza en las líneas de trabajo ya marcadas y planificadas: incremento de recursos con la construcción de nuevas infraestructuras hidráulicas y reducción de las demandas: modernización de regadíos, reducción de pérdidas en los sistemas de abastecimiento, etc.
-¿Deben los agricultores asumir que, debido al cambio climático, los años con dotaciones plenas van a ser la excepción y las restricciones la norma del futuro?
-Los posibles efectos del cambio climático se cuantifican mediante el estudio NOTA TÉCNICA SOBRE LA PROPUESTA DE INCORPORACIÓN DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN LOS PLANES HIDROLÓGICOS DEL CUARTO CICLO, realizado por el Centro de Estudios Hidrográficos (CEH-CEDEX). Se analiza no solo el horizonte del nuevo plan hidrológico (2033), también a 2039 y 2045.
Para 2045 prevé un escenario ya vivido en la cuenca, similar al periodo 2010/11-2023/24. Es un periodo con todo tipo de años, aunque con más presencia de años secos. También se espera un aumento del déficit de la cuenca, que solo podríamos corregir en caso de aplicar las medidas previstas. Es decir, a esa fecha, la cuenca podría mantenerse como hasta ahora si hacemos lo que tenemos que hacer.
-Pasemos a la innovación. Los PERTES de digitalización están transformando el campo. Casos como el de la Junta Central de Regantes de la Margen Derecha del Guadalquivir demuestran que el regante quiere modernizarse. ¿Qué gana la Confederación cuando una comunidad de regantes se digitaliza por completo y mide su consumo al milímetro en tiempo real?
-La digitalización es el punto de partida, manejar la información que esa digitalización nos proporciona no solo facilita la gestión ordinaria de los aprovechamientos, sino que también ayuda al proceso de toma de decisiones. También contribuye a la toma de decisiones de las Administraciones: con la información adecuada, la planificación de actuaciones a llevar a cabo en la cuenca se hará de forma más eficaz.
El mayor grado de conocimiento será una de nuestras fortalezas en un contexto cada vez de mayor incertidumbre.
-Presidenta, cuando finalice su mandato al frente de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, ¿cuál es el principal legado que le gustaría dejar en la gestión del agua de esta comunidad?
-En una administración casi centenaria como la nuestra, en la que varias generaciones de empleados públicos han trabajado y trabajan con rigor, siempre pensando en el bien común y conscientes del poder transformador de nuestra institución, me gustaría haber contribuido, como muchos otros antes que yo, a alcanzar ese equilibrio entre la sostenibilidad ambiental y la seguridad hídrica, vital para el desarrollo económico en el territorio.







