InicioCereal¿Asegurar ventas ante una posible tormenta bajista?

¿Asegurar ventas ante una posible tormenta bajista?

El agricultor debe valorar si liquida parte de la cosecha para protegerse ante un eventual desplome de precios provocado por la geopolítica y el menor consumo interno

Alfonso Palomo

La volatilidad continúa siendo la principal nota dominante en los mercados cerealistas internacionales. Un comportamiento agitado que sigue marcado, de forma determinante, por la evolución del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. Conviene recordar que entre ambos países concentran aproximadamente el 30% del comercio mundial de trigo y el 10% del de maíz.

Alfonso Palomo, dir. comercial de Octaviano Palomo
Alfonso Palomo, dir. comercial de Octaviano Palomo

En la actualidad, las salidas de mercancía desde Rusia son mínimas y se reducen prácticamente a los flujos terrestres con países limítrofes. Por su parte, Ucrania apenas logra dar salida al 60% de sus volúmenes habituales de exportación. Esta acumulación de grano retenido que no ha podido comercializarse está generando un importante ‘tapón’ logístico y de stock.

¿Qué ocurriría si el conflicto encontrara una vía de solución, aunque fuera en un futuro no muy cercano? La liberación repentina de toda esa mercancía almacenada provocaría una debacle e importantes consecuencias bajistas en las cotizaciones globales.

Este fenómeno podría ir incluso a contracorriente de la tendencia estacional lógica: de cara al mes de octubre, tras asumir todos los costes de recolección, servicios y almacenaje, los precios deberían tender al alza; sin embargo, un giro en el conflicto podría precipitar un desplome del mercado en pleno otoño.

A este escenario se suma la irrupción de nuevos actores. Argentina ha registrado una buena cosecha a la que se añaden las existencias no vendidas de campañas anteriores. Con la relajación de los impuestos a la exportación impulsada por la nueva política del gobierno de Milei, el país austral se ha vuelto enormemente competitivo en trigo y maíz.

Los operadores argentinos están aprovechando los repuntes de precios para dar salida a su grano, cubriendo con solvencia las necesidades del mercado mundial pese a las trabas de salida en el mar Negro.

Menor consumo interno

A nivel nacional, la tensión en los precios se ve acentuada por un claro estrechamiento de la demanda. El sector ganadero atraviesa momentos complejos por problemas sanitarios como la enfermedad de Newcastle en avicultura o la peste en porcino, a lo que se suma la presión sobre el vacuno de engorde y la afectación por la incorporación del acuerdo con Mercosur.

Al meter todos estos factores en la coctelera, el resultado es una reducción drástica del consumo de piensos compuestos que podría cifrarse, como mínimo, en 3 millones de toneladas menos.

Para colmo de males, los costes de los insumos no dan tregua. Las tensiones geopolíticas vinculadas a Irán encarecen los abonos nitrogenados y complican la llegada de ácido sulfúrico, esencial para la solubilidad de los fosfatos, manteniendo los fertilizantes en niveles muy elevados.

De cara a la próxima campaña, es previsible que el agricultor extreme la prudencia y abone únicamente las mejores siembras, aunque la primera condición antes de tomar cualquier decisión en el campo seguirá siendo, como siempre, que caiga la tan esperada lluvia.

Ante esta coyuntura, la recomendación es actuar con cautela. A pesar de que los precios actuales no resulten especialmente atractivos, el agricultor debería empezar a liquidar parte de su cosecha.

Tomar esta decisión funciona como un ‘seguro’ para amarrar un valor razonable y evitar quedar expuesto de lleno ante un eventual descalabro del mercado en el futuro próximo.

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