InicioRiegoLa rentabilidad del campo pasa por la eficiencia hídrica

La rentabilidad del campo pasa por la eficiencia hídrica

La innovación tecnológica y las infraestructuras de almacenamiento se perfilan como inversiones estratégicas para el sector que reclaman más infraestructuras y apoyo a la modernización

Natalia Lozano

La agricultura afronta uno de los mayores desafíos de su historia reciente. La modernización del regadío y la incorporación de tecnologías de precisión se han convertido en herramientas fundamentales para garantizar la producción de alimentos y la rentabilidad de las explotaciones.

Enrique González. Comunidad de Regantes de la Margen Izquierda del Genil.

Miles de agricultores llevan años incorporando sistemas de telecontrol, sensores de humedad, plataformas digitales y herramientas de gestión que permiten ajustar el riego a las necesidades reales de cada cultivo. Una evolución que ha cambiado radicalmente la imagen tradicional del regadío.

Así se ha demostrado en el webinar “El agua en la cadena alimentaria” primera sesión del ciclo “Innovación y Tecnología en el Sector Agrario”, impulsado por el Consejo Andaluz de Cámaras de Comercio dentro del proyecto AgroTech.

Enrique González, presidente de la Comunidad de Regantes de la Margen Izquierda del Genil, señala que el sector lleva décadas realizando un importante esfuerzo inversor para mejorar su eficiencia.

“Nos ven como grandes consumidores de agua cuando lo que hacemos es transformar agua en alimentos”, señala. Una afirmación que resume una de las principales reivindicaciones de los regantes: el agua utilizada en agricultura no es un gasto improductivo, sino la base de la seguridad alimentaria y del desarrollo económico de amplias zonas rurales.

La importancia estratégica del regadío queda reflejada en un dato que los profesionales del sector suelen citar con frecuencia: aunque representa aproximadamente una quinta parte de la superficie agraria española, genera cerca del 70% de la producción agrícola nacional. Un rendimiento que solo ha sido posible gracias a la modernización constante de las explotaciones.

“Nadie tira agua por tirar, con el precio actual de la energía sería absurdo”, afirma González, convencido de que la eficiencia se ha convertido en una necesidad económica además de medioambiental.

La revolución digital llega al campo

La tecnología está desempeñando un papel decisivo en esta transformación. Hoy, un agricultor puede controlar el sistema de riego desde su teléfono móvil, programar automáticamente los aportes de agua o conocer en tiempo real el estado hídrico del suelo.

Alejandro Pérez, Universidad Politécnica de Cartagena.

Sin embargo, para Alejandro Pérez, catedrático de la Universidad Politécnica de Cartagena, la digitalización no consiste únicamente en instalar dispositivos sobre el terreno. “Hoy hablar de agricultura es hablar de tecnología, eficiencia y sostenibilidad”, afirma.

El experto insiste en que el verdadero valor de estas herramientas reside en la interpretación de los datos y en su capacidad para mejorar la toma de decisiones. “Una sonda bien instalada aporta muchísima información, pero la sensorización tiene que estar vinculada a la toma de decisiones”, explica.

El conocimiento detallado del suelo y de las necesidades de los cultivos permite optimizar cada riego y aprovechar mejor los recursos disponibles. “Tenemos que demostrar que cada vez que regamos estamos ahorrando agua”, sostiene Pérez.

Además de incrementar la productividad, la automatización aporta beneficios sociales. “La tecnología también facilita un aspecto muy importante: permite al agricultor disponer de más tiempo”, añade.

La necesidad de almacenar agua

A pesar de los avances tecnológicos, el sector considera que la eficiencia por sí sola no resolverá los problemas derivados de la escasez hídrica. La capacidad de almacenamiento continúa siendo una de las principales preocupaciones de agricultores y expertos.

Francisco Carrasco, asesor técnico de Feragua.

Francisco Carrasco, asesor técnico de Feragua, advierte de que la adaptación al cambio climático requiere una planificación hidráulica a largo plazo. “O apostamos de una vez por una política hidráulica decidida o el regadío lo va a pasar muy mal en los próximos años”, señala.

La reivindicación no es nueva. Las organizaciones agrarias llevan tiempo reclamando inversiones que permitan almacenar agua durante los años húmedos para disponer de recursos suficientes en los periodos de sequía.

El sector del arroz

Pocos sectores reflejan mejor las consecuencias de la escasez de agua que el arroz. Su dependencia total del recurso hídrico convierte cualquier restricción en una amenaza directa para la producción.

“El sector arrocero depende del agua al 100%; sin agua no puede existir”, explica Jorge Ribera, secretario general de Arroceros de Sevilla.
Las reducciones de superficie registradas durante los últimos años han provocado una disminución de la oferta nacional y han facilitado la entrada de competidores internacionales. Una situación que preocupa especialmente a los productores.

“Cuando desaparece producto nacional, ese espacio lo ocupan otros países y luego es muy difícil recuperarlo”, advierte Ribera.

El nuevo perfil profesional del campo

La transformación tecnológica también está cambiando el perfil de quienes trabajan en la agricultura. Las explotaciones actuales demandan conocimientos cada vez más especializados en gestión del riego, automatización, análisis de datos y manejo de herramientas digitales.

“La agricultura de regadío ha cambiado radicalmente. Antes se decía que quien no quería estudiar se iba al campo; hoy, para trabajar en el campo hay que estudiar”, afirma Francisco Carrasco.

Jorge Ribera, secretario general de Arroceros de Sevilla.

La digitalización aparece así como una oportunidad para atraer nuevas generaciones al sector y favorecer el relevo generacional, uno de los grandes desafíos de la agricultura española.

Tecnología para asegurar el futuro

La innovación se ha convertido en una condición imprescindible para mantener la competitividad del sector agroalimentario. Sin embargo, como recuerda Estrella Freire, secretaria general del Consejo Andaluz de Cámaras de Comercio, la tecnología solo tendrá éxito si logra responder a las necesidades reales de agricultores y empresas.

“La tecnología tiene que aterrizar en el campo. Debe ser una herramienta útil que ayude a mejorar la rentabilidad y la sostenibilidad de las explotaciones”, defiende.

El mensaje que comparten productores, investigadores y organizaciones de regantes es claro: Andalucía dispone de experiencia, conocimiento y capacidad tecnológica para seguir liderando la producción agroalimentaria.

Pero mantener esa posición exigirá seguir avanzando en la modernización del regadío, reforzar las infraestructuras hidráulicas y garantizar un acceso al agua que permita transformar, como recuerdan los agricultores, cada gota disponible en alimentos.

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