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sábado, marzo 2, 2024
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Castilla y León celebra el Día de la Agricultura con la mirada puesta en la eficiencia

El mundo celebra cada 9 de septiembre el Día Mundial de la Agricultura, una jornada dedicada a rendir homenaje a los hombres y mujeres que han decidido centrar su trabajo, y su vida, en la relación con la tierra.

Este día mundial tiene más sentido que nunca en un año como 2020, cuando la producción de alimentos se ha revelado una actividad vital, con numerosos sectores que han visto cómo se detenía su actividad.

Pasará la pandemia y volverá a quedar claro que los grandes retos del sector se siguen situando en la globalización económica y en el cambio climático, dos cuestiones que cobran especial importancia cuando se contemplan desde Castilla y León, una comunidad que apenas supone el 5% de la población española, pero que aglutina al 10% de los agricultores y ganaderos de nuestro país.

La relación entre agricultura y medio ambiente obliga a agudizar el ingenio para hacer de esta actividad un ejemplo de eficiencia, con el agua como un bien cada día más escaso y una normativa que ha convertido en zonas vulnerables al nitrato a cerca del 20% de la superficie agraria.

La comunidad sigue dedicando al cereal dos millones de hectáreas, mayoritariamente en secano. Así seguirá siendo durante muchos años, no solo por las condiciones agroclimáticas de la meseta, sino también por tratarse de un cultivo bien conocido por el agricultor y que ha demostrado su rentabilidad.

El afianzamiento del cereal como un valor seguro es la realidad que se puede constatar en el contacto permanente con los profesionales, registrando los pequeños avances, los proyectos, las apuestas por una mayor profesionalización, que parten tanto de las administraciones como del sector privado y del ámbito cooperativo.

Hoy el reto del cereal no está en escudriñar su futuro, sino en plantear una estrategia coherente de rotaciones. Así lo exige la Política Agraria Común, y sobre todo así lo aconseja la propia lógica agronómica, que basa en la alternancia de cultivos la conservación del suelo. Por no mencionar su papel fundamental en la prevención de enfermedades y malas hierbas.

Como consecuencia, el peso real de cultivos como el girasol, la colza, las leguminosas o las producciones con destino a forraje dependerán de esta práctica agrícola. También, en gran medida, en los precios que se obtengan en el mercado.

Sin perder esto de vista, la gran apuesta de agricultores y administraciones sigue residiendo en el regadío. Gracias al esfuerzo de concentraciones parcelarias y modernización de regadíos Castilla y León va matizando, en buena medida, su carácter de secano, con una ampliación de la superficie dedicada a cultivos de elevado valor añadido, por mucho que cada uno se vea sometido a sus propias tensiones y contradicciones: el maíz y sus precios oscilantes; la patata y sus feroces dientes de sierra; la remolacha y la espada de Damocles situada en el precio del azúcar, o la colza, ese cultivo prometedor que vuelve a teñir los campos españoles de amarillo, aunque falte mucho para que la península se equipare con los países de su entorno.

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