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sábado, junio 22, 2024
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Copiso-Icpor, defender el desarrollo rural con la cesta de la compra

Mucho se ha hablado en los últimos años del poder que tiene el consumidor a la hora de respaldar un modelo de producción determinado, la enorme influencia que ejerce con el simple gesto de llenar la cesta de la compra.

Por eso merece la pena detenerse a conocer la forma en que trabaja la cooperativa soriana Copiso, que produce anualmente unos 850.000 cerdos cebados junto a la sociedad compartida Icpor y que ha puesto en pie un gigante alimentario que ha dado un futuro a los agricultores y ganaderos de la provincia. Economía local con proyección nacional. Desarrollo rural con mayúsculas.

Programa 01 – Directo al CAMPO


Un modelo social

El trabajo de Copiso representa un modelo social y económico fundamental para el paisaje soriano, “pero sobre todo para que los niños que nacen en sus pueblos tengan en el futuro una forma de ganarse la vida aquí; que puedan elegir, porque eso es la libertad”. Así de contundente se muestra Miguel Ángel Ortiz, un granjero de Langa de Duero responsable de casi 4.000 madres.

Sus dos granjas producen en total unos 120.000 lechones al año. Nacen en granja, a los 28 días destetan, van a la zona de transición hasta que alcanzan los 20 kilos y a partir de ahí son llevados al cebadero hasta que alcanzan los 120 kilos, o algo más.

Miguel Ángel es presidente de la Asociación de Productores de Porcino de Soria (Aporso) y desde hace seis meses de la recién constituida Federación de Ganaderos y Productores de Porcino de Castilla y León, Feporcyl.

Como cualquier granjero, defiende la labor desarrollada por el sector “más regulado y vigilado que nunca” y en el que se cumplen “a rajatabla” las normas sanitarias y de bienestar animal. Que lleva hasta el consumidor un producto de calidad, sabroso y en un estado sanitario óptimo, puesto que son numerosos los análisis a los que es sometido a lo largo de todo el proceso productivo.

“El animal no sale al mercado si no cumple todos los estándares. Y es que somos los primeros interesados porque a nadie le interesa que salga al mercado un solo filete en mal estado”, subraya Miguel Ángel, que es socio de Copiso como lo fueron su padre y su abuelo. “Espero que algún día mis hijos también”, recalca.

El sistema de integración

El caso de este granjero es un buen ejemplo del sistema de integración desarrollado por la cooperativa, con una relación contractual según la cual “yo pongo instalaciones, operarios, trabajo, toda la infraestructura necesaria. Por su parte, Copiso pone los animales, el pienso, los técnicos y todos los elementos que necesito para mi actividad”.

El modelo nació con el cambio de siglo, cuando los responsables de la cooperativa decidieron afrontar una realidad que cada vez parecía más preocupante: no existía el relevo generacional para los ganaderos de la provincia, con unas granjas de pequeño tamaño que no resultaban competitivas.

? Puedes leer el artículo completo en CAMPO 63.

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