La coyuntura del mercado global de oleaginosas sitúa a la agricultura extensiva española ante una oportunidad estratégica sin precedentes. Según las últimas proyecciones de análisis internacional como Oil World, la producción mundial de los ocho principales aceites vegetales registrará un crecimiento limitado de tan solo el 1,7% para la campaña 2026/27, alcanzando los 237,2 millones de toneladas.
Esta desaceleración, motivada por la caída en la producción de aceite de palma y la persistencia de tensiones productivas y logísticas en la región del Mar Negro, estrechará el balance global de oferta y demanda.
En las últimas siete campañas, la superficie mundial dedicada al cultivo de oleaginosas como el girasol, la colza y la soja se ha expandido en 41,6 millones de hectáreas, casi triplicando el crecimiento registrado en el periodo previo.
Sin embargo, la presión constante sobre el consumo —que mantendrá una tasa de crecimiento estimada del 2,3%— sostendrá la firmeza de los precios en los mercados internacionales. En este escenario, la producción nacional «debe dar un paso al frente» para reducir el déficit comercial de grasas vegetales y garantizar el abastecimiento de la industria agroalimentaria, según AEG.
Desde la perspectiva agronómica, el girasol representa una opción insustituible en las alternativas de cultivo extensivo en España. Su potente sistema radicular le otorga una alta capacidad de exploración del perfil del suelo, convirtiéndolo en una especie de máxima eficiencia en el uso del agua y tolerante a episodios de estrés hídrico.
Integrado en las rotaciones con cereales de invierno, el girasol interrumpe los ciclos de plagas y enfermedades, mejora la estructura física del terreno y facilita el control integrado de adventicias, optimizando el uso de insumos en la alternativa global.
Asimismo, su inclusión encaja plenamente con los requisitos de la Política Agrícola Común (PAC), facilitando el acceso a las ayudas de los eco-regímenes a través de la diversificación y rotación de especies.
En cuanto al mercado, el aceite de girasol consolida su posición hegemónica en el consumo doméstico e industrial del país. Lidera las cifras de ventas y preferencia en el mercado español de aceites comestibles, impulsado por su versatilidad, perfil nutricional equilibrado y excelente rendimiento en la industria transformadora y conservera.
La sólida demanda de la extracción y refino nacional asegura un canal de comercialización fluido, transparente y con contratos adaptados a las necesidades del productor.
Aumentar la superficie de siembra de girasol en la presente campaña no es solo una decisión agronómica eficiente para la gestión global de la explotación, sino una apuesta económica rigurosa para capturar el valor de un mercado en plena fase de expansión.
La Asociación Española de Girasol (AEG), hace un llamamiento formal a los agricultores de cultivos extensivos y a los técnicos agrónomos a apostar firmemente por la siembra de girasol.
La profesionalización del cultivo -mediante la selección de variedades adaptadas de alto rendimiento graso, la nutrición optimizada y el manejo preciso de la fecha de siembra- es la vía directa para maximizar los márgenes económicos por hectárea. España cuenta con la capacidad técnica, el liderazgo en consumo y la infraestructura industrial para transformar la producción local en valor añadido.
«Es el momento de reforzar nuestra soberanía alimentaria, consolidar el liderazgo del aceite de girasol en el mercado y asegurar la rentabilidad del campo español», subraya el comunicado.







