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InicioMercadosTambores de guerra: así puede afectarnos el conflicto con Irán

Tambores de guerra: así puede afectarnos el conflicto con Irán

Estos días la conversación habitual es si la guerra en Oriente Medio podría provocar una subida de los precios de los cereales, similar a lo ocurrido hace cuatro años con la invasión de Ucrania

Iván Álvarez. Asegrain
Iván Álvarez. Asegrain

En estos momentos resuena en mi cabeza la maravillosa película americana ‘Tambores de guerra’, dirigida por William Cameron en 1951, que narra una historia de dos compañeros de academia militar durante la Guerra de Secesión, muy recomendable para los amantes del cine de época y del ‘salvaje oeste’…

En el mercado de granos, nos encontramos en un momento donde estos ‘tambores de guerra’ resuenan en nuestra mente (por los diferentes conflictos armados mundiales, y en especial por el último en Irán).

Aquí nuestra mente, como en otras muchas ocasiones, nos vuelve a jugar una mala pasada y nos lleva a aplicar el sesgo de disponibilidad (un sesgo es un atajo mental que nos provoca nuestro cerebro, para anticipar una situación futura). En este caso, si algo ha ocurrido en el pasado cercano y es fácil de recordar, es probable que vuelva a ocurrir (lo ocurrido en los mercados con la guerra de Ucrania).

En estos últimos días, la conversación habitual es si el conflicto armado en Irán podría provocar una subida de los precios de los cereales, similar a lo ocurrido hace cuatro años con la invasión de Ucrania por Rusia.

Diferencias con la guerra de Ucrania

Si analizamos la situación y el contexto, son muy diferentes, y si bien no sabemos cuál será el desenlace del conflicto, ni la duración, ni hacia dónde irán los mercados de cereales… los factores que lo componen son diametralmente opuestos a lo ocurrido en 2022 con Ucrania:

-Irán no es un actor importante en la producción de grano; sí lo es en gas y petróleo. A diferencia de Rusia y Ucrania, que eran protagonistas de exportaciones mundiales de trigo (Rusia como mayor exportador), maíz, cebada o girasol.

Todos sabemos que, si un jugador importante desaparece de un mercado, los precios siempre suben de forma brusca, ya que el resto de ofertantes suben las cotizaciones para cubrir esas necesidades de abastecimiento que van a surgir.

-La producción mundial de cereales está siendo suficientemente amplia para que no haya peligro de escasez, por lo menos para los próximos meses.

-Un incremento de los costes marítimos, o la dificultad de paso de grano por el estrecho de Ormuz, podría generar que mercancías que fueran hacia Asia terminaran viniendo a España, por su cercanía.

-Los operadores de granos, que vivieron y sufrieron la escalada de precios en 2022, ya están preparados y tienen previsiones de abastecimiento.

-Cuando hay un conflicto bélico, a escala mundial, el dinero es ‘como los niños’: si tiene miedo se esconde. Es decir, los inversores mundiales, ante al miedo a que el escenario bélico aumente, pueden buscar mercados seguros para su dinero como oro, inmobiliario… en vez de las materias primas agrícolas (aunque no hay noticas negativas respecto a la producción mundial).

¿Qué pasará en España?

Y como a todos nos preocupa, lo nuestro, el mercado nacional de granos no parece mostrar cambio de tendencia, más a allá de pequeñas subidas o bajadas (1 o 2 euros) habituales en los mercados activos.

Teniendo en cuenta que España es un país netamente deficitario, y los precios del cereal nacional lo marcan los mercados internacionales y la sola variación de la cotización euro-dólar puede cambiar los precios entre 2 y 4 euros, a nivel nacional:

-Las existencias de cebada y trigo en la mitad norte de España siguen siendo muy elevadas, con unos consumos que han bajado, sobre todo en el sector porcino, y con un plazo de consumo hasta la nueva cosecha de 2-3 meses. Todos asumimos que va a sobrar mucho grano de la cosecha actual y, como siempre comentamos, es complicado que un bien suba (de forma importante) cuando sobra.

-La próxima cosecha, ya asumimos que será menor que la pasada, por el descenso de la superficie de siembra. Pero las enormes existencias que arrastremos de esta campaña, unidas a las compras masivas (sobre todo de maíz) en los puertos hasta final de año 2026 nos dejará un mercado complicado para la venta.  

¿Qué hacer?

En cualquiera de los casos, mi recomendación es la de siempre: no dejar todo el cereal sin vender para mayo, ya que nos podemos encontrar con un mercado saturado e incapaz de asumir esa oferta. A pesar de que somos deficitarios, los precios podrían caer de forma importante por ese exceso de oferta.

Con la subida de los precios de los fertilizantes, si los cereales bajan 15-20 euros podríamos entrar en pérdidas en muchas explotaciones, con lo que recomiendo que ahora -dada esta situación de guerra- aprovechemos, vendamos una parte de nuestras existencias y vayamos haciendo camino…

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