Ricardo Ortega
La Comisión Europea ha presentado un conjunto de acciones para acelerar la transición hacia una economía circular, con especial atención al sector del plástico.
Al optimizar el reciclado de este elemento, “estas medidas liberarán el potencial del mercado único y mejorarán la seguridad económica, la autonomía estratégica, la competitividad y la sostenibilidad ambiental”, apuntan desde Bruselas.
Una pieza clave de esta estrategia es el Reglamento (UE) 2025/40 sobre envases y residuos de envases, que establece requisitos estrictos de sostenibilidad, ecodiseño, reutilización y reciclaje para todo el ciclo de vida. El objetivo es reducir residuos innecesarios y armonizar el mercado interior de la UE.
De este modo, todos los envases introducidos en el mercado de la UE deben ser reciclables para el año 2030. Se imponen porcentajes mínimos de material reciclado en los envases de plástico y se fomentan medidas de reutilización y recarga.
En cuanto a la reducción de plásticos, se busca evitar envases innecesarios, limitando el uso de ciertos plásticos de un solo uso.
También se pone en marcha sistemas de depósito y devolución para ciertos envases.
Al ser un reglamento de la UE, es de aplicación directa y prevalece sobre las normas nacionales a partir de agosto de 2026.
Mayor coste para la industria agroalimentaria
La nueva norma impacta de lleno en el día a día de la industria agroalimentaria y afectará a su estructura de costes. Para la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), la mayoría de los temas con relación a la responsabilidad ampliada del productor (RAP) “implican costes importantes para las empresas, que ya llevan asumiendo desde la primera normativa del año 1998”.
Las exigencias, tanto técnicas como económicas, del nuevo reglamento son “muy altas”. “Concretamente, hay un aspecto, el SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Retorno) supone un cambio en el modelo de negocio e implicará grandes inversiones.
El SDDR es un modelo de gestión de residuos donde el consumidor paga un pequeño depósito extra al comprar una bebida (botellas, latas), que se le reembolsa al devolver el envase vacío en los puntos de venta.
Otro punto caliente es el de los plazos. En este reglamento, “hay exigencias para las que no dan tiempo suficiente de adaptación para las empresas, unido a que las metodologías todavía están en actos de ejecución sin publicar”, según FIAB.
Un ejemplo son las restricciones al uso de PFA (perfluoroalcoxi alcano). El sector está trabajando para utilizar envases que no contengan esta sustancia, “pero hay dar un periodo de salida de stocks para evitar desperdiciar tanto envases vacíos como envases con producto ya existentes”, destacan.
Sobre algunas de las novedades que recoge el reglamento, y sobre la que la federación dio su parecer, es la reutilización, “que debería implantarse exclusivamente en las situaciones en las que se demuestre que es la opción más beneficiosa desde el punto de vista ambiental, social, técnico y económico”.
Además, se hicieron alegaciones en cuestiones que generan “incertidumbre” y que deberían quedar claras, “como las exigencias en los envases de agrupación o el impulso del mercado de materias primas secundarias”. En este caso, para facilitar a la industria alimentaria los plásticos reciclados.
Economía circular
A la misma tendencia pertenece la Estrategia Española de Economía Circular (EEEC), ‘España Circular 2030’, que sienta las bases para impulsar un nuevo modelo de producción y consumo en el que el valor de productos, materiales y recursos se mantengan en la economía durante el mayor tiempo posible.
El planteamiento es el de reducir al mínimo la generación de residuos. “La estrategia contribuye a los esfuerzos de España por lograr una economía sostenible, descarbonizada, eficiente en el uso de los recursos y competitiva”, subrayan desde el Miteco.
La Estrategia Española de Economía Circular se alinea con los objetivos de los dos planes de acción de economía circular de la Unión Europea, ‘Cerrar el círculo: un plan de acción de la UE para la economía circular’ de 2015 y ‘Un nuevo Plan de Acción de Economía Circular para una Europa más limpia’ de 2020, además de con el Pacto Verde Europeo y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Reducir los residuos alimentarios
La Estrategia establece unas orientaciones a modo de decálogo y se marca una serie de objetivos cuantitativos el año 2030, como reducir en un 30% el consumo nacional de materiales en relación con el PIB, reducir la generación de residuos un 15%, aminorar la generación de residuos de alimentos y mejorar un 10% la eficiencia en el uso del agua.
También se pretende reducir la emisión de gases de efecto invernadero por debajo de los 10 millones de toneladas de CO2 equivalente.
La EEEC identifica seis sectores prioritarios de actividad: sector de la construcción, agroalimentario, pesquero y forestal, industrial, bienes de consumo, turismo y textil y confección.
Las líneas principales de actuación sobre los que se focalizarán las políticas e instrumentos de la Estrategia de Economía Circular y sus correspondientes planes de actuación son ocho.
Cinco de ellas están relacionadas con el cierre del círculo: producción, consumo, gestión de residuos, materias primas secundarias y reutilización del agua.
Las tres restantes poseen carácter transversal: sensibilización y participación, investigación, innovación y competitividad, y empleo y formación.







