María Álvarez Escalante
Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que hablar de Inteligencia Artificial (IA) en el campo sonaba a ciencia ficción. Sin embargo, los datos constatan que no es necesario trasladarse a un mundo distópico, ni siquiera futuro, para ser testigo de tal realidad.
España ha protagonizado una evolución meteórica: de un 35% de adopción tecnológica en 2021 hemos pasado a un 90% en 2025, según destaca el último informe publicado por la Cátedra DATAGRI de la Universidad de Córdoba.
Este dato no es solo una estadística; es el reflejo de una madurez estructural. España ya no experimenta con la tecnología, sino que la aplica para sobrevivir en un mercado global cada vez más exigente.
Con este 90%, el campo español se sitúa 12 puntos por encima de la media de la Unión Europea (78%) y 25 puntos por encima de la media global (65%).
El poder del dato compartido
Uno de los pilares de este éxito es la confianza. Históricamente, el agricultor ha sido receloso de su información, pero el escenario ha cambiado. El 89,8% de los productores españoles ya comparte sus datos agronómicos, una cifra muy superior al 74% de la media mundial.
Esta predisposición ha permitido crear ecosistemas de datos que alimentan herramientas de precisión. No se trata solo de acumular números, sino de generar una “infraestructura invisible” que permite optimizar el uso de fertilizantes, predecir plagas y, sobre todo, gestionar el recurso más escaso: el agua.
IA y cuaderno digital
Si hablamos de cambios y de digitalización, no podemos obviar el papel de la normativa. El Cuaderno Digital de Explotación (CUE), aunque nació como una exigencia burocrática y levantó no pocas suspicacias entre los profesionales del sector, ha servido de catalizador. Hoy, más del 50% de los agricultores lo utiliza de forma efectiva, integrándolo en su gestión diaria.
A esto se suma la irrupción definitiva de la Inteligencia Artificial. El 60% de las industrias agroalimentarias españolas ya utiliza modelos de IA para predecir cosechas. Gracias a los trabajos de investigación realizados, por ejemplo las de la propia Universidad de Córdoba, hoy existen algoritmos capaces de anticipar las etapas de crecimiento de cultivos mediterráneos con una precisión superior al 80%, permitiendo al agricultor adelantarse a los caprichos del clima.
El Pacto Verde Europeo es digital
Creo que todos estamos de acuerdo en que la digitalización es hoy la mejor aliada de la sostenibilidad. Los datos también respaldan esta afirmación.
El informe destaca que el 70% de las estrategias tecnológicas en España están enfocadas directamente a reducir emisiones y optimizar insumos. Ya no se trata de “producir más a cualquier precio”, sino de producir mejor. La tecnología permite que el cumplimiento de las exigencias ambientales de la PAC sea, por fin, una tarea basada en evidencias y no en suposiciones.
Los desafíos
A pesar del liderazgo, el camino tiene también sus piedras. El principal ‘cuello de botella’ sigue siendo la infraestructura física. Aunque la brecha digital rural se ha reducido al 30%, el talento de nuestros agricultores, el 87,5% ya cuenta con formación digital específica, a veces se ve frenado por una conectividad deficiente en las zonas más rurales.
Los investigadores ponen el foco en la necesidad de una digitalización inclusiva. Reducir la brecha de género (donde la participación femenina aún es menor al 40%) y asegurar que las pequeñas explotaciones no se queden atrás son las tareas pendientes para la próxima década.
En cuestión, España ha pasado de ser una alumna aplicada a convertirse en la profesora de la agricultura mediterránea. El reto ahora es consolidar este liderazgo, pero garantizando que el dato siempre retorne en valor para quien lo genera: el agricultor.







