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Ante el precio de los insumos, ¿es posible producir más con menos fertilizante?

Cuando ya se empezaban a recuperar los precios del fertilizante, tras su subida brusca al inicio de la guerra de Ucrania, volvemos a precios desorbitados con la de Irán

José L. Gabriel

Es legítimo preguntarse por qué las guerras afectan tanto al precio del fertilizante. Y la respuesta debe señalar que, principalmente, porque la producción de fertilizantes sintéticos con nitrógeno (el nutriente más empleado en agricultura) está muy relacionada con el alto consumo energético que requiere su fabricación. Así que, si sube el precio del gas o del petróleo, sube directamente el precio de su producción.

Por contra, el precio de otros nutrientes, como el fósforo, sufre aumentos no tanto por el precio de la energía como por el desabastecimiento de los mercados por venir desde otros países (bien la materia prima o bien el fertilizante final).

Debido a las propiedades de cada nutriente en el suelo, el nitrógeno es el más difícil de gestionar, ya que es muy propenso a perderse del sistema con mucha más facilidad que otros. Además, como es el nutriente que suele ser más deficitario en nuestros campos y el que más ha subido de precio, en este trabajo nos centraremos en él. Pero no hay que perder de vista que, en ocasiones concretas, puedan ser otros nutrientes los que necesiten mayor atención.

José Luis Gabriel, coordinador de la red Ruena.

Como ya hemos dicho, el nitrógeno es un nutriente muy móvil. Esto es una ventaja para el cultivo, ya que lo puede absorber con facilidad a través de sus raíces. Pero también tiene el gran inconveniente de que se puede perder en grandes cantidades disuelto en el agua o en forma gaseosa si no se maneja cuidadosamente.

Además, si se no se usa con precisión, se convierte en uno de los principales causantes de la contaminación de aguas y de las emisiones de gases de efecto invernadero desde el suelo agrícola.

Por tanto, dado su poder contaminante y su alto precio actual, se hace más importante que nunca para los agricultores optimizar cada gramo de fertilizado aplicado, multiplicando su eficiencia. Por suerte, cada vez es mayor el abanico de herramientas de las que se dispone para conseguir esta mayor eficiencia.

Brevemente aquí se presentan algunas de las más comunes:

-Hacer balances ajustados de las necesidades del cultivo, ajustando la fertilización a la demanda real del cultivo, ya que todo exceso que se aplique implica un riesgo mayor de perderlo.

-Considerar en este balance el nitrógeno aportado por la materia orgánica del suelo, ya que puede ser muy importante, sobre todo en suelos con materia orgánica, agua disponible y altas temperaturas, como ocurre en la mayor parte de las zonas de regadío.

Añadir al balance datos de análisis del nitrógeno mineral del suelo previo a la siembra, corrigiendo de esta forma el fertilizante a aplicar en función de la disponibilidad real. Pero un análisis del nitrógeno tras la cosecha también nos ayuda a identificar si hemos aplicado en exceso o no, pudiendo corregir así las dosis en años sucesivos.

Ajustar las aplicaciones a los momentos en los que la planta realmente necesita los nutrientes, evitando tener el nutriente en el suelo más tiempo del necesario.

Se deberían reducir por tanto los grandes abonados con nitrógeno de fondo, ya que las plantas son pequeñas y no requieren tanto nitrógeno aún, tendiendo hacia un mayor número de coberteras. Y, si fuera posible, una fertirrigación bien gestionada se podría considerar como el caso ideal del ajuste demanda/aporte.

-En casos donde no sean posibles tantas coberteras, se puede recurrir a fertilizantes de liberación lenta o inhibidores de la nitrificación, que permitirían reducir el número de aplicaciones ya que el nitrógeno no estaría tan rápidamente disponible, mejorando el acople demanda/aporte pese a reducir la frecuencia de las aplicaciones.

Además, en épocas donde la unidad fertilizante está tan cara, el incremento de precio del inhibidor/recubrimiento puede quedar más diluido y pasar a ser más rentable que el de un producto tradicional.

-En parcelas regadas, ajustar el riego a la demanda del cultivo, ya que el exceso de agua en el suelo puede producir un lavado del nitrógeno disuelto a profundidades donde la planta no puede aprovecharlo. En parcelas de secano, no es conveniente aplicar mucho fertilizante si se esperan grandes lluvias o durante mucho tiempo.

-Favorecer la incorporación del fertilizante al suelo, evitando pérdidas gaseosas importantes, bien enterrándolo (inyectándolo en profundidad o con una labor superficial) o bien introduciéndolo disuelto en agua (bien por fertirrigación o bien con un riego/lluvia inmediatamente posterior al abonado en superficie, pero no mucho mayor a 20 mm para evitar que se lave a capas demasiado profundas).

-Realizar análisis de planta, que nos permiten conocer posibles carencias o excesos de un nutriente para corregirlo.

-Utilizar sensores para identificar carencias nutricionales en las plantas (tanto a nivel de hoja como remotos a nivel tractor, dron, avioneta o satélite), que funcionan de un modo similar a los análisis de planta, pero de un modo no destructivo y a mayor velocidad.

-Considerar la gestión de los restos de cultivo como fuentes de nutrientes, sobre todo si se incluyen cultivos fijadores de nitrógeno (como las leguminosas) en la rotación, ya que si se dejan en el campo aportarán parte de los nutrientes absorbidos por el cultivo al cultivo siguiente.

-Introducir cubiertas vegetales en los espacios donde no hay cultivo (pasillos entre cultivos leñosos y hortícolas) o en los periodos entre cultivos en los que el suelo está descubierto.

Estas cubiertas se encargarán de retener el nitrógeno que el cultivo no pudo aprovechar, evitando que se pierda (e incluso incorporando nuevo nitrógeno de la atmósfera en el caso de cubiertas con leguminosas) y reaportándolo otra vez al suelo al descomponerse.

Más allá de toda la normativa que viene a nivel autonómico, nacional y/o europeo (como pueda ser el Real Decreto 1051/22 de Nutrición Sostenible de Suelos Agrarios o sus posteriores modificaciones), desde el sector debemos aprovechar esta coyuntura de altos costes de los fertilizantes (y bajos precios de venta de grano), para probar en nuestras propias parcelas (mediante ensayos simples) y ver hasta donde se puede ajustar la dosis en nuestras condiciones concretas.

Porque en muchos casos nos hemos acostumbrado a dosis relativamente altas (o aplicadas en momentos no óptimos), ya que incrementar un kilogramo la cosecha compensaba frente al bajo precio de la urea.

Sin embargo, previendo que los precios de los fertilizantes pueden quedarse en estas cifras históricas durante mucho tiempo, y que las medidas medioambientales pueden ser cada vez más restrictivas, convertir esta incertidumbre en una ventaja competitiva y que nos sirva esta experiencia al menos para ajustar aún mejor nuestras cuentas de explotación también de cara al futuro.

José L. Gabriel
Investigador del INIA-CSIC
Coordinador de la Red RUENA

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