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Innovación frente a mildiu y oídio en el Penedés

La finca de 400 hectáreas de la bodega Sumarroca ha albergado ensayos de variedades piwi, de la mano de Agromillora y el Incavi. Sus instalaciones acogen el 11 de junio una nueva edición de Demoviña

Ricardo Ortega

Una explotación de 400 hectáreas encarna la apuesta de la bodega Sumarroca por una viticultura respetuosa con el entorno, con el suelo, integrada con el paisaje y los habitantes de la comarca del Penedés.

El trabajo desarrollado por la familia Sumarroca desde los primeros años 80 ha desembocado en la decisión de certificar toda su producción -de vinos tranquilos y espumosos- como ecológica desde el año 2018.

Es la misma filosofía que la ha llevado a impulsar la asociación Espiells Terra de Vi, que nace con la voluntad de proteger la comarca del Alt Penedès, en concreto la zona vitícola norte, y a participar en diferentes proyectos de investigación e innovación.

Ricard Fusté, director técnico.

La preocupación por mantenerse dentro de la viticultura ecológica llevó a la bodega a colaborar con Agromillora y el Institut Català de la Vinya i el Vi (Incavi) en la organización de campos de ensayo de variedades piwi.

“El objeto de la investigación era la caracterización de variedades y su registro, de modo que el viticultor pueda disponer de plantas resistentes a mildiu y oídio”, señala Ricard Fusté, director técnico de la compañía de servicios Gestió Tecnoagraria y responsable del viñedo de Sumarroca.

Piwi es la abreviación alemana de ‘Pilzwiderstandsfähige’ (variedad resistente a hongos) y se trata de plantas que, “a través de su reproducción sexual a lo largo de muchos años”, se han hecho fuertes para resistir enfermedades como el oídio o el mildiu.

Para estudiar cómo funcionan una serie de variedades autorresistentes, se plantaron dos parcelas situadas en las Fincas Sumarroca y Molí Coloma. Para Fusté, la principal ventaja de participar en la investigación reside en que, al situarse dentro de las fincas de la bodega, “durante varias campañas pudimos comparar el comportamiento de las variedades piwi respecto a las convencionales”.

Fusté está “convencido 100%” de la necesidad de seguir investigando en la mejora genética y la obtención de variedades resistentes, que pueden tener un papel muy importante en viñedos como los de Sumarroca, situados en una zona “especialmente adecuada para practicar la viticultura ecológica”, si bien hay años en que el mildiu se hace presente con fuerza.

El resultado de la investigación realizada de la mano de Agromillora fue la comprobación de que muchas de las variedades piwi poseen aptitud comercial. De hecho, pruebas similares se han realizado en otras zonas productoras de España. Castilla y León, por ejemplo, ya cuenta con dos variedades blancas (Soreli y Sauvignon Rytos) y dos tintas (Cabernet Eidos y Merlot Khorus) resistentes a mildiu y oídio.

En la misma línea, en el año 2031 se podría contar con una garnacha resistente, lo que sería una noticia de interés para viñedos como el catalán, o una godello resistente, con lo que ello significaría para las viñas bercianas o gallegas.

Evitar pérdidas en el viñedo

Como se recuerda desde Agromillora, enfermedades fúngicas como el mildiu (Plamopara viticola) y oídio (Uncinula necator) causan graves pérdidas en el viñedo mundial. Alguna de las dos, o ambas, aparecen de una forma endémica en la mayor parte de las zonas vitivinícolas.

Los métodos de control de estas dos afecciones están basados en la aplicación de fungicidas a base de cobre y azufre.

La aplicación de azufre no está limitada, aunque tiene una serie de inconvenientes como la afecciones para el aplicador (es irritante para los ojos, las vías respiratorias y la piel), derivas en su aplicación si existen las mínimas condiciones de viento, fitotoxicidad cuando la temperatura y humedad son elevadas y posibles efectos adversos para la fauna auxiliar.

Por otro lado, la aplicación de cobre está limitada a 4 kg/ha y año en agricultura con certificación ecológica, lo que puede ocasionar similares inconvenientes que la aplicación de azufre.

Además, los residuos que quedan en la uva de este tipo de fungicidas pueden causar problemas posteriores en la fermentación de los mostos y en la aparición de aromas desagradables.

Por tanto, conseguir un producto final de calidad con bajas o nulas concentraciones de estos compuestos y más sano en comparación con la producción convencional es un reto para el sector vitivinícola.

Las variedades piwi se han obtenido por cruces interespecíficos del género Vitis vinifera con otros géneros de Vitis ssp. “Estas variedades no pretenden proporcionar un cultivo con cero tratamientos, ya que la propia evolución de los patógenos puede superar en mayor o menor medida los mecanismos de resistencia que se introducen en las variedades”, destacan desde la compañía.

Por lo tanto, dependiendo de la presión de la enfermedad, las aplicaciones fitosanitarias se reducirían considerablemente, “con el beneficio económico y ambiental que ello supone”.

Un proceso marcado por el rigor

El proceso para obtener variedades tolerantes a mildiu y oídio con destino a la elaboración de vino supone cerca de ocho años de trabajo.

Los viñedos suelen ofrecer los primeros datos válidos cuatro años después de su plantación. En caso de que los ensayos sean satisfactorios, es necesario aportar toda la información de los ensayos realizados, así como los informes que demanda la Administración.

El vino obtenido con estas variedades debe mostrar unas características organolépticas óptimas en las que no exista un marcado sabor ‘foxé’ (metil antrianilato), un elevado aroma a confitura de fresa (furaneol) y un contenido de alcohol metílico inferior a los niveles máximos permitidos por la UE.

El procedimiento habitual es que el ministerio compruebe que se trata de variedades “distintas, homogéneas y estables” y, partir de ese momento, ya se puede inscribir en el Registro de Variedades Comerciales.

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