Ricardo Ortega
El mundo vive una verdadera guerra por la proteína animal, un conflicto que se libra no solo entre bloques, sino también dentro de las fronteras de la Unión Europea en forma de “guerra cultural”.
Se acusa a la ganadería de maltratar al animal, de consumir excesiva agua, de las emisiones de metano y CO2… mientras en el resto del mundo se potencia la producción ganadera.
Esa es la tesis que sustenta ‘La guerra por la proteína animal’, el libro que acaba de presentar el exministro Manuel Pimentel junto al veterinario Juan Pascual y que ofrece una perfecta radiografía de la Comisión Europea que ha negociado el acuerdo con Mercosur “de espaldas a los agricultores y ganaderos”.

La obra está publicada por la editorial Almuzara, dirigida por el propio Pimentel, cuyo extenso currículo incluye la formación como jurista e ingeniero agrónomo, además de su paso por el Gobierno de España como ministro de Trabajo y Seguridad Social entre 1999 y 2000.
En su opinión, el acuerdo con Mercosur “es complejo, con sectores agrícolas que ganan y sectores que pierden”, pero que ha despertado una fuerte resistencia por la “merecida” desconfianza hacia las instituciones europeas y por el maltrato “de años” a los agricultores y ganaderos.
Pimentel se define como librecambista, partidario de un mundo sin fronteras “en el que todos juguemos con las mismas reglas”. Sin embargo, “la Comisión no lo ha hecho bien, como demuestra la oposición de los agricultores y ganaderos, de algunos gobiernos comunitarios y de un Parlamento Europeo que ha mandado el texto al Tribunal de Justicia de la UE”. “Ha habido soberbia por parte de los responsables de la Comisión”, recalca.
“Es verdad que en torno al acuerdo hay un envoltorio geopolítico, dentro de una carrera con China y EEUU por Sudamérica, algo que en principio es interesante”, si bien “lo que no es tolerable es el trato desigual al productor”.
También muestra su desconfianza hacia las salvaguardias previstas en el acuerdo, como la de limitar la cantidad de producto que puede llegar de los países de Mercosur, “pero los ganaderos se dicen que, si solo viene solomillo, que es la parte más cara del animal, ‘se cargan’ al sector”, advierte.
Para Pimentel, “el productor se siente maltratado desde hace años y en relación con el acuerdo de Mercosur, una vez más, no se le ha consultado. No se fía de la Comisión Europea y hace bien”. De hecho, hay que recordar que la PAC actual “señala expresamente que uno de los objetivos es reducir la cabaña europea”.
También señala algunos matices, como que la política agrícola europea ha cambiado ligeramente en el último año, aunque “sigue la inercia de muchos años contra la producción agrícola, ganadera y pesquera”.
“De hecho, en Europa está cayendo la producción ganadera en un momento de crecimiento de la demanda en el mundo; incluso incrementa las importaciones de carne”, subraya.
Es ahí donde emerge una cuestión “muy de fondo”. Y es que “nos han dicho que el ganadero maltrata al animal. Pero si defendemos el bienestar animal y no se lo exigimos a los países a los que compramos carne, entonces será que no nos preocupa la vaca; nos preocupa otra cosa…”.
Porque para el exministro “a la Comisión no le interesan los animales, sino una serie de valores que la llevan a estar contra la producción, como el pensar que el campo es solo para pasear… eso se ve en los documentos de la UE, donde se explicita una prioridad contra la producción”.
Para él, eso hoy se está matizando porque el campo “no se había armado intelectualmente, pero ahora sí lo está”, además de que presiona por sí mismo el precio de la cesta de la compra: “Los alimentos han crecido más que los pisos”.
Eso es en su opinión algo contradictorio en el mundo actual, dado que “no puede ser que los hangares estén llenos de misiles y la despensa vacía”.







