Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra este viernes 5 de junio, la Unión Española Fotovoltaica (UNEF) recuerda el papel fundamental que tiene el aprovechamiento de la energía del sol en la lucha contra el cambio climático.
La energía es al mismo tiempo el principal origen del problema climático y una parte esencial de la solución. Los combustibles fósiles —carbón, petróleo y gas— son responsables de más del 75% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y de cerca del 90% de las emisiones de dióxido de carbono (CO₂). La comunidad científica es clara: para evitar los peores impactos del cambio climático es necesario reducir las emisiones globales a la mitad antes de 2030 y alcanzar la neutralidad climática en 2050.
En este contexto, la energía solar fotovoltaica se ha consolidado como una de las herramientas más eficaces para avanzar hacia un modelo energético limpio, seguro y sostenible. Solo en España, la generación solar evita cada año la emisión de más de 18 millones de toneladas de CO₂, una cifra equivalente a retirar de la circulación 9 millones de vehículos de combustión.
La transición hacia energías limpias también tiene un impacto directo sobre la salud de las personas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 99% de la población mundial respira aire que supera los límites recomendados de contaminación, mientras que cerca de 13 millones de muertes al año están relacionadas con factores ambientales evitables. Sustituir combustibles fósiles por energías renovables supone reducir la contaminación atmosférica y mejorar la calidad de vida de millones de personas.
La energía solar fotovoltaica aporta además una mayor independencia energética del país y de los combustibles fósiles importados. Actualmente, el 80% de la población mundial vive en países importadores netos de combustibles fósiles, según Naciones Unidas. España dispone de una ventaja competitiva excepcional: gracias a su elevado recurso solar, una instalación fotovoltaica en nuestro país puede producir aproximadamente el doble de energía que una equivalente en el norte de Europa. Esta ventaja ha permitido que la fotovoltaica se convierta ya en una de las principales fuentes de generación eléctrica de nuestro país, con récords como el alcanzado el mes pasado, en el que generó el 28,5 % de toda la electricidad consumida en España y fue la primera fuente de generación eléctrica del mix eléctrico.
Otro de los beneficios ambientales de esta tecnología es su escasa necesidad de agua para producir electricidad, una característica especialmente relevante en un país donde la sequía y el estrés hídrico constituyen desafíos estructurales crecientes.
Asimismo, la energía solar presenta un balance ambiental altamente positivo a lo largo de su ciclo de vida. Un panel fotovoltaico compensa las emisiones asociadas a su fabricación en pocos meses y puede generar electricidad limpia durante más de dos décadas.
La integración de la fotovoltaica en el territorio es también compatible con la conservación de la biodiversidad y el desarrollo rural. Diversos estudios científicos muestran que los parques solares bien gestionados, pueden favorecer la recuperación de hábitats y especies, ya que en ellos la presencia humana está muy limitada, no se usan herbicidas ni fitosanitarios, el desbroce se realiza con medios naturales como rebaños de ovejas, y cuentan con medidas para el desarrollo medioambiental como nidales, charcas o corredores ecológicos.
Por otra parte, la ocupación de suelo necesaria para la transición energética es muy reducida. Toda la capacidad fotovoltaica prevista en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) para 2030 no ocupará ni el 0,4% de la superficie total agrícola, incluyendo en ello soluciones para el autoconsumo agrícola o soluciones agrovoltaicas, que permiten combinar la producción agrícola y ganadera con la generación de energía renovable en un mismo terreno, creando sinergias que contribuyen tanto a la sostenibilidad del sector primario como a la descarbonización de la energía.
«España cuenta con los recursos naturales, la tecnología, el conocimiento y el tejido empresarial necesarios para liderar una transición energética rápida, justa y sostenible. La energía solar fotovoltaica protege el clima, mejora nuestra salud, impulsa la competitividad económica de nuestros ciudadanos e industrias y refuerza nuestra soberanía energética», destaca José Donoso, director general de UNEF.







