Natalia Lozano
La campaña de zanahoria 2026 ha estado marcada desde sus inicios por una gran incertidumbre. Las intensas lluvias registradas a comienzos de año, especialmente en Andalucía, condicionaron el desarrollo del cultivo desde la siembra, generando pérdidas significativas y numerosas dudas entre los productores. Meses después, el sector comienza a ver cierta estabilización, aunque con un balance muy desigual según zonas y parcelas.
Un inicio marcado por el exceso de agua
A mediados de febrero, tras varios episodios de lluvias persistentes, la situación en el campo andaluz era crítica. En la provincia de Cádiz, zonas como Jerez de la Frontera y El Puerto de Santa María registraban parcelas completamente anegadas, con daños severos en uno de los cultivos más sensibles al encharcamiento: la zanahoria.

El agricultor jerezano Manuel Lora ya advertía entonces de la gravedad del momento: “Aquí está la cosa muy mal, muchas inundaciones. Es de los peores años”. Con una explotación de 80 hectáreas, Lora contabilizaba al menos 10 hectáreas afectadas, aunque el alcance real de los daños aún estaba por determinar. La situación en el entorno era incluso más preocupante: “Hay gente que ha perdido 80 hectáreas”, aseguraba.
Cosecha manual y siembras incompletas
Las consecuencias del exceso de agua no tardaron en hacerse visibles. La pudrición por encharcamiento y la imposibilidad de acceder con maquinaria obligaron a muchos agricultores a recurrir a métodos manuales, elevando costes y reduciendo la rentabilidad. “Lo poco que hay sembrado está destrozado. Estoy cosechando a mano. Con máquina no se puede entrar. El daño ya lo tengo hecho”, lamentaba Lora. Además, la campaña quedó incompleta desde su base: “No nos ha dejado sembrar una gran parte. Solo tengo dos hectáreas en buen estado; el resto está todo podrido”.
Reactivación del cultivo y siembras escalonadas
Con la mejora de las condiciones meteorológicas en primavera, la actividad en el campo se ha reactivado progresivamente. En la zona centro, el vallisoletano, Jesús Muñoz, gerente de Muñozval, describe una campaña dinámica, marcada por el trabajo simultáneo en distintas fases del cultivo. Según Muñoz, la situación ha mejorado respecto a los meses más duros: “Ahora parece que todo va mejor. El tiempo nos está dejando trabajar en condiciones normales”. Muñoz reconocía el daño que les hizo la lluvia y el retraso que les produjo en las primeras siembras, pero ahora las labores continúan con normalidad. “Estamos haciendo de todo un poco: sembrando, regando para que nazca, tratando, montando… todo a la vez”.

El calendario de siembra sigue su curso habitual, extendiéndose hasta mediados de junio para garantizar una producción escalonada: “Sembraremos hasta el 15 de junio para que la zanahoria no se quede vieja y tenga buena calidad”.
Además, técnicas como la perforación de mantas agrícolas están siendo clave en esta fase: “Estamos haciendo agujeros en la manta para que la zanahoria respire”.

No obstante, advierte de un adelanto del cultivo debido a las temperaturas: “Está haciendo buenas temperaturas y el campo se está adelantando. No sabemos cómo evolucionará, pero de momento va bastante bien”.
Diferencias claras entre zonas productoras
La campaña presenta un comportamiento muy desigual a nivel nacional. Juan José Navarro, gerente de Agrofenix, destaca la diferencia entre regiones como Castilla-La Mancha y Andalucía. En Castilla-La Mancha, la evolución es estable:
“La campaña es normal, no vamos a decir ni buena ni mala, normal”.

Las incidencias han sido puntuales, principalmente por heladas: “Ha habido alguna incidencia de nascencia por el frío, pero es lo habitual”. En cambio, en Andalucía la situación sigue siendo complicada: “Hay mucha irregularidad. La calidad es muy heterogénea según parcelas”. Los rendimientos también se han visto claramente afectados. “Algunas parcelas se han perdido y otras están en un 50-60% de lo esperado”.
Menor producción, pero precios al alza
Desde el punto de vista productivo, la campaña apunta a una reducción significativa de volumen, especialmente en las zonas más afectadas por las lluvias.

Antonio Ramos, agricultor andaluz, resume así la situación: “Estamos cansados. La zanahoria no está buena, hay mucho podrido”. En su caso, las pérdidas han sido muy elevadas. “He perdido unas 50 hectáreas completamente”. Un escenario que, según indica, se repite en gran parte del sector. “La mayoría de los agricultores de la zona han perdido entre un 25 y 30%”, lamenta.
Sin embargo, esta menor oferta está teniendo un efecto positivo en el mercado. “El precio está acompañando. Se está vendiendo algo mejor que en campañas anteriores”. Además, las producciones más tardías presentan mejores perspectivas. “Lo último que vamos a recolectar está muy bien. La parte de la campaña que empieza ahora es la más fuerte para nosotros y viene con buena calidad”.
Una campaña aún por definir
Con la recolección intensificándose a partir de mayo y extendiéndose hasta mediados de junio, el sector encara ahora la fase clave de la campaña. Las expectativas pasan por una producción más corta, pero con precios que podrían compensar parcialmente las pérdidas.
El desarrollo final dependerá, en gran medida, de la estabilidad meteorológica en las próximas semanas y de la evolución de las parcelas que lograron superar los episodios de inundación.







