Natalia Lozano
La campaña de colza entra en una fase decisiva en este mes de abril, con los cultivos en plena floración y un contexto agronómico marcado por la irregularidad climática. Técnicos del sector coinciden en que, pese a las dificultades del invierno, algunas parcelas mantienen un alto potencial productivo gracias a un buen manejo nutricional y a la capacidad de compensación del cultivo.
En la finca Cirajas, en la localidad vallisoletana de Motal del Marqués, donde se desarrolla un ensayo demostrativo, la colza acumula ya tres semanas en floración. Un periodo clave para determinar el rendimiento final. Según explica Fernando Garrachón, técnico de Lidea, “la duración de la floración es fundamental porque va a marcar la fructificación; la colza tiene la ventaja de que presenta distintos estados a la vez, con ramificaciones principales, secundarias y terciarias floreciendo de forma escalonada”.

Esta característica permite al cultivo adaptarse a condiciones adversas. “Muchas veces tenemos miedo a las heladas, pero, aunque puedan afectar a algunas flores, ya hay silicuas formadas. La colza tiene una capacidad de compensación muy fuerte”, subraya Garrachón.
Un año agronómicamente complicado
La campaña actual está siendo especialmente exigente. Las altas temperaturas registradas en enero y febrero, unidas al exceso de humedad en el suelo, han dificultado las labores en campo. “Ha sido un año muy complicado. La planta se activó por temperatura, pero no podíamos entrar en las parcelas ni para aplicar insecticidas ni para aportar nitrógeno”, explica el técnico.
Como consecuencia, muchas parcelas presentan un desarrollo deficiente, con plantas poco ramificadas y escasa biomasa. “Estamos viendo colzas que no parecen colza, sin cerrar surcos y casi sin fuerza, porque no tenían nitrógeno para ramificar”, añade.
Sin embargo, las parcelas que recibieron una fertilización adecuada desde fases tempranas muestran un comportamiento muy distinto. En el caso de la finca ensayada, el cultivo presenta una buena estructura vegetativa y un alto potencial productivo. “La veo con buen potencial, quizá algo menor que otros años, pero seguirá siendo muy competitiva, incluso más rentable que cereales como trigo o cebada”, apunta Garrachón.
La nutrición, clave en un año extremo
Desde el punto de vista de la fertilización, Juan Tabernero, delegado de Fertiberia, destaca la importancia de una estrategia nutricional adaptada a las condiciones del año. “El invierno ha sido uno de los más húmedos que se recuerdan y la colza ha logrado sobrevivir bien gracias a un abonado equilibrado”, explica.

En esta parcela se aplicó una fertilización de fondo con nitrógeno protegido, seguida de un aporte en cobertera en febrero. Tabernero resalta el uso de tecnologías innovadoras para mejorar la eficiencia del nitrógeno.
El resultado es visible en el cultivo. “La colza no presenta carencias, está bien verde y, para las dificultades que ha tenido este año, se espera una buena producción”, asegura.
Variedades más eficientes ante el futuro
Otro de los factores determinantes está siendo la elección varietal. En el ensayo destaca una variedad con alto rendimiento y eficiencia en el uso del nitrógeno. “Es una variedad muy productiva, con alto contenido en aceite y una gran capacidad para aprovechar el nitrógeno disponible, algo que será clave si aumentan los costes de fertilización”, señala Garrachón.
Perspectivas
A medida que avance la primavera, el comportamiento de la floración y la ausencia de eventos climáticos extremos serán determinantes para confirmar las previsiones. Aunque el año no está siendo especialmente favorable para ningún cultivo, la colza demuestra, una vez más, su resiliencia.
La evolución en las próximas semanas marcará si las parcelas mejor manejadas logran traducir su potencial en rendimientos, en una campaña que refleja claramente la importancia de la técnica y la adaptación en un contexto climático cada vez más variable.







