Natalia Lozano
En Lanzarote, donde la agricultura ha sabido abrirse camino en un territorio marcado por la ceniza volcánica y la escasez de agua, el relevo generacional se ha convertido en uno de los grandes desafíos. Sin embargo, aún hay jóvenes que deciden continuar con el legado familiar. Es el caso de Manuel José Brito, agricultor que ha crecido entre surcos y aperos.
“Esto viene de mi tatarabuelo, bisabuelo, abuelo…”, relata, subrayando el peso de la historia en su decisión. “Yo he seguido con mi padre, con la tradición de seguir creando alimentos, que es lo que importa”. Lejos de ser una elección puntual, su vínculo con el campo nace desde la infancia.
“Me he criado desde chico arriba del tractor con mi padre. Así que no hay vuelta atrás ya”
Diversificación de cultivos
Su explotación familiar se centra en varios cultivos adaptados al entorno insular. “Principalmente nos dedicamos a la batata, al pimiento padrón, cilantro”, explica. A ello se suma la sandía, un producto que ha logrado abrir mercado fuera de la isla: “Han salido sandías, sobre todo a otras islas, por la característica que tienen las sandías de Lanzarote”.
Esta diversificación no solo responde a la tradición, sino también a la necesidad de adaptarse a la demanda y a las condiciones cambiantes del mercado agrícola.
Pese a su compromiso, Manuel no oculta las dificultades que enfrenta el sector. “El presente y el futuro del agricultor joven lo veo medio complicado por las situaciones que todo el mundo ya sabe”, afirma con franqueza.
Su reflexión deja entrever una realidad preocupante: la falta de relevo generacional. “Yo soy una excepción por seguir los pasos de mi familia, pero a los jóvenes les cuesta mucho decidirse por el campo. Yo me siento muy orgulloso por seguir con esto y que me guste”.
La mecanización como clave del futuro
Uno de los pilares de su visión agrícola es la modernización del trabajo en el campo. “Mi agricultura se basa principalmente en la mecanización. Todo lo que no tenga que hacer el hombre que lo haga la máquina”, explica.

La escasez de mano de obra refuerza esta apuesta. “Es muy complicado conseguir mano de obra ahora en el campo”. Por ello, el uso de maquinaria no solo mejora la eficiencia, sino que se convierte en una necesidad para garantizar la continuidad de las explotaciones.
Sin embargo, en Lanzarote la mecanización requiere adaptación. El terreno volcánico obliga a modificar herramientas tradicionales.
“Aquí no sirven los aperos convencionales, los tenemos totalmente modificados para este tipo de terreno”
El característico “rofe” o picón volcánico define la agricultura de la isla. Aunque a primera vista puede parecer un inconveniente, Manuel destaca sus beneficios: “Nos mantiene la humedad y evita la evaporación”.

En un año especialmente lluvioso, algo poco habitual en la isla, sus efectos se han hecho más visibles: “Este es un año que nunca se ha visto, ha llovido tanto… que el verde que tenemos ahora no lo solemos tener”.
Además, el rofe influye directamente en la calidad del producto: “Se nota un montón. Da otro sabor, otra textura”. En cultivos como la batata, esta singularidad es clave para su reconocimiento.
La batata, cultivo estrella y motor económico
La batata ocupa un lugar central en la explotación. En Lanzarote se cultivan varias variedades. La cubana, la yema de huevo y una más reciente, la morada. Cada una tiene sus tiempos de recolección, que oscilan entre los cuatro y seis meses.
Su comercialización se realiza principalmente a través de mayoristas. “Nos piden unas 50 cajas semanales”. Gran parte de la producción se destina a otras islas, lo que convierte a este cultivo en un importante motor económico.

Además, se trata de una planta resistente. “Casi nunca necesita tratamiento porque la planta es muy fuerte”, explica, aunque reconoce la presencia ocasional de plagas como la araña roja.
El agua, un recurso limitado y estratégico
Como en el resto del archipiélago canario, el agua sigue siendo uno de los grandes retos. “El tema del agua está ahora mismo complicado”, reconoce. No obstante, menciona avances en infraestructuras: “Se están haciendo reformas en canalizaciones y aumentando una potabilizadora”.
En su explotación utilizan agua limpia y destacan la eficiencia del cultivo de la batata: “Después de los primeros meses, con regar una vez a la semana está bien”. Aun así, el coste sigue siendo significativo, especialmente al combinarse con el gasto en maquinaria y combustible.
El papel del consumidor y la identidad local
En su experiencia, el producto local sí es valorado, aunque de forma desigual: “La gente mayor y del pueblo te pide el producto de aquí, porque sabe lo que hay”.
Este vínculo entre consumidor y territorio es uno de los pilares que sostiene la agricultura lanzaroteña. “Siempre estamos arropados por ellos”, afirma, destacando el apoyo de la comunidad local. A este apoyo se une el del Cabildo de Lanzarote que pone a la disposición de los agricultores distintos servicios de maquinaria para que realicen las labores necesarias en sus parcelas. “La ayuda del Cabildo es muy importante para nosotros”.
La realidad es que cada vez son menos quienes se dedican plenamente al campo. “Somos muy pocos los que vivimos al 100% de la agricultura”, lamenta. Muchos combinan esta actividad con otros trabajos, manteniendo la agricultura como una ocupación secundaria.
A pesar de ello, testimonios como el de Manuel reflejan que el sector aún tiene futuro. Su compromiso, mezcla de tradición familiar, adaptación tecnológica e ilusión por dedicarse a lo que más le gusta.







