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El tomate español, bajo presión por los costes y Marruecos

La subida de los costes de producción y la competencia marroquí amenazan la rentabilidad del sector, mientras España prevé reducir su producción de tomate en la próxima década

El tomate español tiene cada vez más difícil competir. Produce menos, soporta costes más elevados y se enfrenta a la presión de Marruecos, especialmente en el mercado del tomate cherry. La preocupación ya mira más allá de una mala campaña: las previsiones apuntan a que España podría reducir su producción un 1,2% de aquí a 2035.

La situación quedó patente en la última reunión del Grupo de Expertos de Tomate de la Comisión Europea, celebrada en Bruselas el 15 de octubre. Allí, la delegación española advirtió de que obtener mejores precios no basta para recuperar la rentabilidad cuando producir y transportar cada kilo cuesta más.

Menos cosecha y más gastos

La campaña 2025/2026 terminó con una reducción de la producción española cercana al 2%, pese a que la superficie cultivada se mantuvo relativamente estable. Entre las causas figuran las condiciones meteorológicas adversas, los problemas fitosanitarios y el uso de variedades resistentes a virus, pero menos productivas.

A esa menor cosecha se suma una factura cada vez más elevada. Los costes de energía y transporte han aumentado un 16% respecto a condiciones consideradas normales, mientras que los plásticos, envases y embalajes se han encarecido un 18%, según los datos presentados por España en la reunión.

El resultado es una presión directa sobre los márgenes de los agricultores: incluso cuando el precio de venta mejora, una parte importante de esos ingresos se pierde al cubrir los gastos de producción.

Marruecos gana peso y el cherry español acusa la presión

Uno de los principales motivos de preocupación es la competencia marroquí. España alertó de que la superficie dedicada al tomate cherry está disminuyendo, especialmente en la modalidad de cherry suelto, y señaló los precios del producto marroquí y las diferencias en costes laborales y condiciones regulatorias como factores que dificultan la competencia.

Las cifras comerciales dan una idea de la dimensión del mercado. La Unión Europea importó 773.000 toneladas de tomate fresco procedente de países extracomunitarios, de las que 527.000 toneladas llegaron de Marruecos.

Mientras tanto, las exportaciones comunitarias de tomate fresco a países terceros sumaron 383.000 toneladas. Reino Unido concentró 279.000 toneladas, lo que refleja la importancia de este destino para los productores europeos.

La presión no se limita a España. Bélgica, Países Bajos y Polonia también señalaron problemas relacionados con el calor, las lluvias, el virus rugoso del tomate y el coste de la energía, especialmente relevante para los cultivos de invernadero.

¿Habrá menos tomate español en 2035?

Las perspectivas a largo plazo tampoco invitan al optimismo. Un estudio presentado durante la reunión prevé que la producción española de tomate disminuya un 1,2% hasta 2035, en un escenario marcado por la competencia internacional, los costes y las dificultades para encontrar trabajadores.

La previsión plantea una cuestión clave para el sector. Cómo mantener su presencia en los mercados europeos sin perder rentabilidad ni capacidad para invertir en nuevas tecnologías, adaptación climática y medidas de protección fitosanitaria.

El consumidor también frena el mercado

La producción no es el único frente abierto. La evolución del consumo europeo añade incertidumbre: cuando los precios suben con fuerza, los hogares pueden reducir sus compras o buscar alternativas más económicas.

Durante la reunión se expuso el caso de Francia, donde el aumento del consumo favorecido por las temperaturas se frenó posteriormente tras una fuerte subida de los precios. En España, los datos presentados reflejaron un descenso del 0,5% en el consumo de hortalizas, aunque esa cifra no debe atribuirse exclusivamente al tomate.

De cara a los próximos años, las previsiones de la Universidad de Wageningen apuntan a una evolución relativamente estable del consumo de tomate, con un crecimiento moderado de entre el 0,3% y el 0,6% en España y Países Bajos.

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