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La campaña de tomate encara su segunda mitad con buenas perspectivas en el Bajo Guadalquivir

La campaña avanza con buenos rendimientos y moviliza a cientos de trabajadores entre la recolección, el transporte y la transformación

La campaña de tomate de industria afronta estas semanas uno de sus momentos de mayor actividad en el Bajo Guadalquivir. La recolección avanza con normalidad y las previsiones apuntan a una mejora del rendimiento respecto al año anterior, en un contexto marcado por la buena calidad de la producción y por la intensa coordinación que requiere todo el proceso, desde el campo hasta la transformación y comercialización.

En este escenario, Las Marismas de Lebrija ya ha superado el ecuador de su campaña de tomate 2026. La cooperativa trabaja sobre una superficie de unas 1.200 hectáreas y espera alcanzar un rendimiento medio de alrededor de 110 toneladas por hectárea, lo que supone aproximadamente un 15% más que en la campaña anterior.

Antonio Márquez, director técnico agrícola de la cooperativa

«la campaña está transcurriendo con normalidad y dentro de las exigencias habituales de la actividad»

Un cultivo que llega al campo con buenas condiciones

En las parcelas del Sector 12 de la zona regable del Bajo Guadalquivir, en el término municipal de Lebrija, el cultivo presenta unas condiciones favorables. El tomate se encuentra en un estado óptimo de maduración y destaca por su calidad, color, firmeza y ausencia de plagas y enfermedades.

La variedad utilizada es principalmente tomate tipo pera, una producción que debe reunir unas características concretas ya que la recolección, según explica Márquez, «es totalmente mecanizada, con una máquina autopropulsada». La dureza y firmeza del fruto resultan fundamentales para que pueda soportar el proceso de recogida y posterior transporte hasta las instalaciones industriales.

La campaña cuenta con 224 agricultores y 15 equipos de recolección mecánica distribuidos por las distintas parcelas.

“La maquinaria permite recoger grandes cantidades de tomate en un periodo de tiempo reducido, algo imprescindible para garantizar que el fruto llegue a la industria en las mejores condiciones”

Del campo a la fábrica en apenas unas horas

Uno de los principales elementos que caracterizan el modelo de Las Marismas de Lebrija es la cercanía entre las zonas de producción y las instalaciones industriales. Las parcelas de tomate se encuentran en un radio aproximado de 15 kilómetros de la fábrica.

Esta proximidad permite reducir considerablemente el tiempo que transcurre desde que el tomate es recolectado hasta que entra en el proceso de transformación. “En condiciones normales, el producto llega a la fábrica en unas tres o cuatro horas, un factor que contribuye a preservar sus propiedades y calidad”.

Todo el procedimiento exige una coordinación constante, especialmente durante los días de mayor intensidad de la campaña. Agricultores, equipos de recolección, transportistas, personal de fábrica y responsables técnicos deben trabajar de forma sincronizada para mantener el ritmo de entrada de producto. «Es un circuito en el que tienen que estar coordinados el campo, los agricultores, los maquileros, el transporte y la fábrica», señala Márquez.

Una industria preparada para cuatro millones de kilos diarios

Las instalaciones de Las Marismas tienen capacidad para procesar alrededor de cuatro millones de kilos de tomate fresco cada día.

Esta dimensión industrial permite absorber el volumen de producción de las explotaciones vinculadas a la cooperativa, aunque también obliga a mantener una planificación continua de las entradas de tomate y de los trabajos en campo.

El objetivo es que la materia prima llegue a la industria en el momento adecuado, evitando esperas innecesarias y manteniendo la calidad del fruto desde su recolección hasta su transformación.

Riego por goteo para un cultivo exigente

El tomate de industria es un cultivo con importantes necesidades hídricas y nutricionales. Toda la superficie gestionada por la cooperativa cuenta con sistemas de riego por goteo, con una demanda media aproximada de 6.000 metros cúbicos de agua por hectárea a lo largo del ciclo.

En cuanto a la nutrición, se trata de un cultivo especialmente exigente. La fertilización comienza aproximadamente a los 20 días del trasplante y se utilizan abonos complejos. Entre los elementos que adquieren mayor importancia durante el desarrollo de la planta se encuentran el calcio y el potasio.

Todo ello repercute directamente en los costes de producción, que actualmente se sitúan entre 8.000 y 9.000 euros por hectárea.

Un importante impacto económico y laboral

La campaña de tomate no solo representa una actividad agrícola e industrial de gran relevancia, sino que también constituye uno de los principales motores económicos de la zona durante los meses de recolección.

Las Marismas de Lebrija genera este año alrededor de 300 empleos directos vinculados a la campaña. A estos puestos se suma una amplia actividad indirecta relacionada con el transporte, los equipos de recolección, talleres, empresas de suministros, logística, mantenimiento y otros servicios auxiliares.

La actividad de la cooperativa tiene, por tanto, un impacto que va mucho más allá de las propias explotaciones y de la fábrica, contribuyendo a dinamizar la economía de Lebrija y del conjunto del Bajo Guadalquivir.

Un producto con presencia en los mercados internacionales

La producción de tomate transformado tiene además una marcada vocación exportadora. Aproximadamente el 90% del producto elaborado por Las Marismas se destina a mercados internacionales, principalmente europeos.

Alemania, Francia, Italia, Finlandia y Reino Unido se encuentran entre los principales destinos de una producción que sale del Bajo Guadalquivir para incorporarse a las cadenas de distribución y a la industria alimentaria de distintos países.

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