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El consumidor quiere origen

Una cadena fuerte necesita que todos sus eslabones sean rentables.

Despedimos agosto con mucho todavía por hacer. Quedan cultivos por recoger, trabajos por terminar y resultados por conocer. Pero el campo no espera y septiembre ya nos pone delante la siguiente campaña. Llegan las primeras sementeras, toca preparar la tierra y, antes de volver a empezar, hacer algo todavía más importante: mirar atrás, echar cuentas, analizar lo que ha pasado y decidir qué hacemos a partir de ahora.

No podemos hacer borrón y cuenta nueva sin mirar antes lo que ha pasado. Hay cultivos que llevan demasiado tiempo al límite y el cereal es, probablemente, uno de los ejemplos más claros. Los costes de producción no dejan de crecer y los precios siguen sin ofrecer, la rentabilidad necesaria. Habrá que darle una vuelta. No podemos permitirnos ver como la burra vuelve al trigo una y otra vez y esperar que en esta ocasión las cuentas sean distintas.

Las ayudas son necesarias cuando llegan momentos complicados y siempre serán bienvenidas, pero no pueden convertirse en la solución permanente. Somos productores de alimentos y nuestra rentabilidad tiene que encontrarse, fundamentalmente, en el mercado. Ahí es donde tenemos que ser capaces de generar y defender nuestro valor.

Y valor tenemos.

El consumidor quiere origen, quiere conocer quién produce sus alimentos, cómo se producen y de dónde vienen. Ese reconocimiento existe y tenemos que ser capaces de convertirlo también en valor para el agricultor. Tenemos calidad, profesionalidad, conocimiento, territorio y marca. No tiene sentido que, teniendo todo eso, el origen continúe siendo el eslabón con menor capacidad para defender su margen.

La cadena alimentaria tiene también una responsabilidad. El consumidor paga por sus alimentos y ese precio tiene que ser capaz de sostener de manera equilibrada a quienes producen, transforman y comercializan. No podemos resolver cada incremento de costes cargándolo sobre el agricultor ni pensar que la única alternativa es trasladarlo íntegramente al lineal. Una cadena fuerte necesita que todos sus eslabones sean rentables.

Pero también nos corresponde hacer nuestra parte. Conocer mejor los mercados, planificar, buscar alternativas, diferenciarnos, trabajar juntos y saber vender mejor lo que hacemos. Septiembre no debería ser únicamente el mes de volver a sembrar. Tiene que ser también el momento de preguntarnos qué queremos producir, cómo lo vamos a hacer y con quién.

La historia se repite demasiado y no podemos permitir que siga sonando siempre igual.

El campo está lleno de profesionales, de conocimiento y de oportunidades. Tenemos mucho que ofrecer y mucho futuro por construir.

Ahora toca conseguir que todo ese valor empiece también a reconocerse donde nace: en el campo.

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