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El sector de la remolacha se reinventa y quita la razón a quienes lo daban por muerto

Azucarera redefine su modelo agrícola y convierte la fábrica de Toro en el epicentro de la gestión agronómica. Acor ha procesado azúcar de caña de forma simultánea a la molturación de remolacha

Ricardo Ortega

El sector de la remolacha y el azúcar está mucho más vivo de lo que creían algunos y por el momento parece resistir a base de reinventarse, dentro de una estrategia que combina el cultivo de la raíz y su molturación con el refino de azúcar de caña.

Azucarera ha puesto en marcha un nuevo modelo en el que la agronomía de la remolacha se concentra en Toro (Zamora). Se refuerza el enfoque técnico, “con mayor integración entre campo y fábrica”, según la compañía. Para ello, ha creado la ‘Unidad de Remolacha’, que está integrada en la fábrica de Toro, liderada por la ingeniera agrónoma Elba Rosique, exdirectora de Aimcra.

“Su experiencia, bagaje investigador y credibilidad en el sector, la hacen idónea para ocupar esta nueva función en el organigrama de fábrica y contribuir a transferir el conocimiento que necesita el agricultor para mejorar el cultivo y su rentabilidad”, apuntan desde Azucarera.

Desde esta unidad se coordinará el cultivo, el abastecimiento y el laboratorio de análisis de remolacha, con el objetivo de mejorar la eficiencia productiva y la calidad de la materia prima. La compañía analizará el desarrollo del cultivo y el remolachero recibirá toda la información de sus resultados con la que podrá evaluar rendimientos, polarización y calidad de la remolacha; identificar márgenes de mejora en manejo agronómico, y ajustar decisiones sobre variedades, fertilización o sanidad vegetal, entre otros aspectos. “En definitiva, mejorar la rentabilidad a través de datos objetivos”, apuntan.

La nueva estrategia se vuelve a apoyar en las entidades Aimcra y Agroteo. La primera intensificará las jornadas agronómicas y las visitas a campos de ensayo, con objeto de que el agricultor conozca el comportamiento de nuevas variedades de semillas y estrategias agronómicas. También reforzará el asesoramiento de los técnicos y gestionará el Laboratorio de Análisis de Remolacha para mejorar el control de calidad y la rentabilidad del cultivo.

Azucarera reforzará, además, el diálogo con el sector para recoger necesidades, compartir conocimiento y seguir adaptando el modelo a la realidad del campo a través de Agroteo, que continuará como entidad prestadora de servicios y se convertirá en un “foro de encuentro” con los agricultores. De este modo, los técnicos de campo serán una pieza clave en la transferencia de conocimiento hacia los remolacheros.

“Este nuevo planteamiento busca garantizar la viabilidad del cultivo de remolacha a largo plazo, mejorando tanto la productividad como la eficiencia. El objetivo es claro: que el agricultor cuente con herramientas concretas y asesoramiento técnico para maximizar su producción y mejorar la rentabilidad de su explotación”, señala la responsable de la Unidad de Remolacha, Elba Rosique.

Azucarera cuenta con 9.400 hectáreas

Las siembras de esta primavera han incluido 9.400 hectáreas de remolacha que será molturada por Azucarera. “Nuestro objetivo era mantener una superficie similar a la del año pasado, pero reforzando nuestra apuesta por Castilla y León”, señalan desde la compañía, que ha sustituido hectáreas que estaban más lejos, en zonas como La Rioja y Álava, por hectáreas más cercanas a la planta de Toro. El resultado ha sido un crecimiento de mil hectáreas en Castilla y León.

Que la remolacha crezca en la región en un contexto de precios bajos “demuestra que detrás hay muchas cosas que están funcionando: el esfuerzo de los agricultores, el apoyo de la Junta y del ministerio, la mejora de las semillas, la innovación en la protección del cultivo y el compromiso de toda la cadena”, subraya Salomé Santos, directora agrícola de la compañía.

Más de la mitad de la contratación está en la provincia de León. “Es verdad que el cierre de la fábrica de La Bañeza generó incertidumbre sobre el futuro del cultivo en la provincia, pero dijimos desde el primer momento que nuestra apuesta agrícola por León seguía intacta. Lo único que cambia es el punto de entrega de la remolacha y, con la contratación de este año, ese mensaje queda confirmado con hechos”, recalca.

Acor: 10.800 hectáreas

Para la campaña de molturación 2026/2027, la cooperativa Acor ha sembrado una superficie de 10.800 hectáreas. Este dato supera las estimaciones iniciales de la cooperativa y refleja una tendencia alcista en el cultivo dentro de Castilla y León, señalan desde la entidad.

Este año, y por primera vez, la planta de Olmedo ha procesado azúcar de caña de forma simultánea a la molturación de remolacha. Esta técnica, denominada co-refino, “no nace para sustituir a nuestra materia prima estrella, sino para blindar la fábrica ante las dificultades meteorológicas y mejorar la rentabilidad”, apuntan desde la cooperativa.

El co-refino consiste en disolver azúcar de caña directamente en el jugo que se acaba de extraer de la remolacha. Por primera vez, en lugar de esperar a que finalizara la campaña de remolacha para iniciar la de refino, se ha aprovechado la propia marcha de la fábrica para procesar ambos productos a la vez.

Como explica Francisco Javier Muñoz, director industrial de Acor, “es como si se recibiera en fábrica una remolacha con una riqueza extraordinaria”. “Es el equivalente a estar molturando remolacha con un 21% o 22% de polarización”. La técnica enriquece el jugo de la difusión y permite a Acor optimizar cada gota de energía.

La última campaña ha estado marcada por las intensas lluvias, que en muchos momentos obligaron a bajar el ritmo de molturación debido a las dificultades en los arranques. Aquí es donde el co-refino ha demostrado su mayor beneficio para el socio.

Cuando el mal tiempo impide que entre suficiente remolacha, la fábrica pierde eficiencia. Sin embargo, al tener la capacidad de añadir azúcar de caña en ese momento, la planta mantiene un mejor rendimiento aunque el ritmo de entrada de remolacha sea bajo. Esto permite aguantar días complicados de lluvia sin que la fábrica se resienta, “apoyando así la flexibilidad que el socio necesita en sus entregas”.

Procesar el azúcar mediante co-refino consume cerca de un 40% menos de energía que hacerlo en una campaña de refino convencional. Además, “nos permite incrementar nuestra capacidad de producción. En años de buenos precios, el volumen total de azúcar producido podría incrementarse considerablemente”. De este modo, “el beneficio agrícola es incluso más importante que el industrial. Este proyecto busca dar certidumbre al socio y flexibilidad a sus entregas en épocas complicadas”, destaca Francisco Javier Muñoz.

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