
El conflicto en Irán y sus implicaciones sobre los mercados energéticos globales amenazan al campo español a través de los costes de producción. Dos canales específicos concentran el riesgo. El primero es el petróleo, que determina el precio del gasóleo agrícola y, en parte, el de la electricidad.
El segundo es el gas natural, materia prima esencial para la síntesis de fertilizantes nitrogenados. Si recientemente analizábamos todas las presiones geopolíticas que operan sobre los fertilizantes, este artículo pretende descender al impacto económico sobre las cuentas de producción de la agricultura española.
La agricultura española, menos expuesta que sus socios europeos
Comencemos por situar al campo español en el contexto europeo. Los datos de las Cuentas Económicas de la Agricultura de Eurostat (EAA) permiten comparar el peso de fertilizantes y energía sobre el valor de la producción vegetal en los principales países productores de la UE.
España es el país con menor exposición relativa tanto a fertilizantes como a energía entre los comparados, y se sitúa muy por debajo de la media comunitaria. En 2024, el coste de fertilizantes representa el 5,9 % del valor de la producción vegetal española, frente al 8,3 % de media en la UE27, el 11,4 % de Francia o el 6,5 % de Alemania.
La brecha es aún mayor en energía: 6 % en España frente al 13,4 % comunitario. Países Bajos, con su horticultura intensiva bajo invernadero con calefacción, representa el extremo opuesto: en el pico de 2022 llegó a destinar el 25 % del valor de su producción vegetal a cubrir la factura energética.
| País | Fertiliz./Prod. vegetal (2024) | Energía/Prod. vegetal (2024) |
|---|---|---|
| Francia | 11,4 % | 12,6 % |
| EU27 | 8,3 % | 13,4 % |
| Alemania | 6,5 % | 13,5 % |
| España | 5,9 % | 6 % |
| Italia | 5,1 % | 10,2 % |
Fuente: Cuentas Económicas de la Agricultura, Eurostat
Esta menor exposición relativa no refleja un uso más eficiente de fertilizante por hectárea en los cultivos que dependen de él —los cereales españoles tienen la misma dependencia estructural que sus homólogos europeos, como se verá más adelante—, sino la estructura productiva del campo español: mayor peso de cultivos mediterráneos —horticultura, frutales, cítricos, olivar— que generan más valor de producción por unidad de input.
Es una ventaja de modelo, no de gestión, pero es real: ante un nuevo shock, el impacto sobre el conjunto de la rama agraria española sería comparativamente menor que en Francia o Alemania.
Lo que ya vivimos: el shock de 2021-2022
El episodio más reciente es una referencia inevitable. Según las Cuentas Económicas de la Agricultura del MAPA (CEA), tomando como base el promedio 2016-2018, la factura energética del conjunto de la rama agraria española alcanzó su máximo en 2022, aumentando un 90 % respecto al nivel base. Los fertilizantes subieron un 64 % sobre ese mismo nivel de referencia.
Los piensos, también se dispararon un 65 %, incorporando el efecto indirecto del gasoil y el gas sobre los precios de los cereales, que además se vieron directamente afectados por las disrupciones en los mercados derivadas directamente del conflicto en Ucrania.
La corrección posterior ha sido real pero incompleta. En el promedio de 2023-2024, la energía agraria se sitúa aún un +27 % por encima del nivel precrisis y los fertilizantes, un +29 %. Un nuevo shock energético llegaría, por tanto, sobre una base de costes estructuralmente más alta que en 2019.
Impactos en agricultura y ganadería
Los fertilizantes minerales nitrogenados son un input principal en la producción vegetal, mientras que tienen un carácter secundario en la ganadería, variable en función de la base territorial de las explotaciones y su dedicación a cultivos y praderas para alimentación del ganado o a prados y pastizales.
Para la ganadería intensiva, la vía principal de impacto es el precio del pienso, pero ese análisis requiere fuentes distintas y depende también de otros factores (nivel de cosechas y stocks en los diferentes continentes), quedando fuera del alcance de este artículo.
La energía y el gasóleo, en cambio, afectan a toda la rama, aunque con intensidades muy distintas según el modelo productivo. Para completar este análisis con datos por cultivo y por actividad ganadera emplearemos los datos de ECREA, que proporciona datos de costes de fertilizante, electricidad/energía y carburante para cultivos y ganadería.
Conviene precisar, en todo caso, que este análisis puede infraestimar el impacto real del petróleo sobre los costes de producción al no considerar el impacto a través de las labores externalizadas mediante contratos de servicios.
El precio de esos servicios contratados está directamente correlacionado con el gasóleo, pero los datos disponibles no permiten desagregarlo del resto de trabajos contratados, por lo que no se han incorporado, pero se realiza esta advertencia.
La jerarquía de exposición a fertilizantes
Los cultivos herbáceos son, con diferencia, la actividad en la que más pesan los fertilizantes en el coste total de producción. Según ECREA, el gasto en fertilizante representó en 2023-2024 (últimos datos disponibles) el 21,9 % del coste total de producción en el maíz, el 21,7 % en el trigo blando, y el 17,9 % en el conjunto de cultivos COP (cereales, oleaginosas y proteaginosas).
Se trata además de cultivos con margen por kilogramo muy reducido que atraviesan un periodo de precios bajos, lo que los hace especialmente vulnerables a cualquier encarecimiento.
El olivar (13 %) y los cítricos (14,4 %) ocupan una posición intermedia con una particularidad relevante: son los sectores que han sufrido los mayores incrementos porcentuales de coste de fertilizante en el periodo reciente.
Entre los bienios 2019-2020 y 2023-2024, el coste del fertilizante empleado por cada 100 kg producidos ha crecido un 63 % en olivar y un 81 % en cítricos. No obstante, el mayor incremento corresponde a la horticultura (83 %), si bien su peso en la estructura de costes sigue siendo muy inferior
| Cultivo | % Fertilizante / Coste total (2023-24) | Variación vs 2019-2020 |
|---|---|---|
| Maíz | 21,9 % | +58,8 % |
| Trigo blando | 21,7 % | +53,8 % |
| COP | 17,9 % | +51,7 % |
| Cítricos | 14,4 % | +81,2 % |
| Olivar | 13 % | +62,8 % |
| Horticultura | 9 % | +82,7 % |
| Fruta pepita | 4,9 % | +10,8 % |
Fuente: ECREA, MAPA. Bienios 2019-2020 y 2023-2024.
La jerarquía de exposición a energía y gasóleo
Cuando se suma el coste de electricidad o energía y el de carburante al del fertilizante, los cultivos herbáceos refuerzan su posición de mayor vulnerabilidad: para los COP y el trigo, los tres inputs ligados al petróleo y el gas representan conjuntamente entre el 27 % y el 30 % del coste total de producción en 2023-2024 (ECREA). En el olivar es el 19 %, en los cítricos el 20 %.
En el caso de ganadería, analizaremos la exposición a energía y carburantes. Los sistemas extensivos, como el vacuno de carne y el ovino, son tienen un consumo relativamente elevado de carburantes por la extensión de las superficies que gestionan y al recurso a medios mecanizados en labores como la henificación, la distribución de alimentación suplementaria y los desplazamientos asociados al manejo del pastoreo.
Entre 2019-2020 y 2023-2024, el coste de carburante por UGM ha crecido un 41 % en el vacuno de carne y un 38 % en el ovino. La avicultura es la excepción positiva en el conjunto ganadero: su coste de energía ha caído un 16 % entre ambos periodos, probablemente por mejoras de eficiencia en las instalaciones.
En todos los sectores ganaderos analizados, el peso combinado de energía y carburante sobre el coste total es moderado —entre el 3,5 % y el 6 %—. La mayor vulnerabilidad de la ganadería intensiva al gas natural discurre por la vía del pienso, prematuro aún para analizar.
¿Estamos mejor o peor situados que en 2019?
Los datos nos indican que estamos en una posición intermedia, pero más frágil de lo que sugiere la simple comparación con el máximo de 2022. Los costes energéticos y de fertilizantes han corregido notablemente desde los máximos: la energía agraria ha bajado desde el índice 190 de 2022 hasta el 127 de 2023-2024, y los fertilizantes desde 164 hasta 129 (base 2016-2018 = 100, CEA-MAPA).
Pero hay dos motivos de preocupación. El primero es que los costes de fertilizante y energía siguen siendo entre un 27 % y un 29 % más caros que antes de la crisis, en términos agregados. Un nuevo shock añadiría presión a un sistema que ya soporta un nivel estructuralmente más alto.
El segundo es que los márgenes de muchos sectores se han comprimido en estos años: la renta real del olivarero ha caído un 31 % entre el periodo base (trienio 16-18 para este análisis basado en los datos de la Red Contable Agraria Nacional, RECAN; MAPA) y 2022-2024, la del agricultor de frutales un 25 %, la del ganadero de vacuno de carne un 17 %. Insistimos, rentas reales, deflactadas teniendo en cuenta el episodio de fuerte inflación vivido. Con menor colchón económico, la capacidad de absorción de un nuevo encarecimiento es más reducida.
Hay excepciones entre los sectores ganaderos. El vacuno de leche llega con márgenes reforzados: la renta real del ganadero lechero creció un 67 % entre 2016-2018 y 2022-2024. El porcino presentaba también una posición sólida al cierre del periodo analizado: la renta real creció un 53 % en el mismo periodo.
Sin embargo, este sector ha sufrido un deterioro significativo de sus márgenes desde mediados de 2025 con caída de precios acelerada más recientemente por el impacto de la Peste Porcina Africana. La contención del brote ha permitido absorber gradualmente el shock inicial y recuperar niveles de precios previos a su aparición, aunque la evolución de la enfermedad sigue siendo un foco de especial preocupación para el sector.
Desde una perspectiva europea, la posición de España sigue siendo relativamente favorable en términos comparativos: el índice de coste de fertilizantes de 2023 se sitúa en 116 (base 2019=100) en España, frente a 173 en Francia, 133 en Alemania y 158 en la media de la UE27 (EAA-Eurostat). La corrección española ha sido más rápida y completa que la de sus principales socios. Esto no elimina el riesgo, pero sí matiza su dimensión relativa.
Conclusión: el riesgo no se reparte por igual
El campo español no es homogéneo ante un shock de costes energéticos y de fertilizantes. Los cereales y cultivos herbáceos son estructuralmente los más expuestos por la doble vía del fertilizante nitrogenado —que puede representar más del 20 % de sus costes de producción— y de la mecanización intensiva en gasóleo.
El olivar y los cítricos son sectores que han sufrido los mayores incrementos relativos de fertilizante en los últimos años y que llegan a esta nueva situación con rentabilidades ya deterioradas, lo que reduce su capacidad de respuesta.
Los sistemas ganaderos extensivos —vacuno de carne y ovino— son los más sensibles al carburante dentro del sector ganadero, aunque parten de una base económica también frágil. La ganadería intensiva —porcino y avicultura— presenta la exposición directa más baja, pero su fragilidad ante la energía y el gas discurre principalmente por la vía del pienso.
El porcino, que llegó al inicio de 2025 en buena posición económica, afronta este posible nuevo shock en un momento de máxima debilidad por la PPA, con márgenes muy deteriorados y una capacidad de absorción muy limitada, aunque la contención del brote ha contribuido a amortiguar el shock inicial y a restablecer parcialmente los niveles de precios previos.







