Ricardo Ortega
La bodega Sumarroca, en el Penedés, acoge el 11 de junio una nueva edición de Demoviña, que incluye una ponencia sobre la ‘Situación vitivinícola en el mundo, Europa y España’.
El encargado de ofrecerla es Sergi de Lamo, director general de la Plataforma Tecnológica del Vino, quien analiza las últimas estadísticas publicadas para centrar el debate sobre el futuro del vino.
En su opinión, la solución para el sector del viñedo pasa por mantener aquello que funciona y por repensar lo demás, por ejemplo mediante la introducción de otros formatos y otros productos elaborados a partir de uva.
Por ejemplo, abona por innovar en el sector de las bebidas 0,0 o 0,5, o por tratar de seducir a los casi 97 millones de turistas que recibe España, para que además de cerveza conozcan los vinos españoles. Esta apuesta va mucho más del enoturismo, un sector que el año pasado generó 112 millones de euros, mientras que el turismo extranjero supuso 120.000 millones de euros para España. “Hay espacio para crecer”, apunta.
Para De lamo, el sector de la comercialización debe ser consciente de que hay países fuera de la UE con mayores rendimientos por hectárea y con una gran capacidad de elaboración, países con los que hay que competir.
Para él la solución de ver ser “múltiple” y pasa por defender la cultura del vino en público español. Sin embargo, se trata de una cuestión delicada puesto que los gobiernos no pueden lanzar campañas masivas de incentivo al consumo por un ingrediente “problemático” del vino, que es el alcohol.
Y es que las cifras son rotundas: la producción de vino en España oscila entre los 30 y los 35 millones de hectolitros, de los que solo se consume un tercio, mientras que el resto debe ir al exterior. Un panorama muy complejo en el que los fabricantes harían bien en ir hacia nuevos productos, más desenfadados, con menor contenido alcohólico.
Una estrategia posible puede pasar por los vinos parcialmente desalcoholizados, que de conformidad con la normativa de la UE pueden etiquetarse dentro de una DO, “a diferencia de los vinos sin alcohol”. “Hay que quitarse clichés y funcionar en paralelo”, subraya.
¿Es el fin de una época? Para De Lamo, la respuesta vuelve a ser la del principio: mantener lo que funciona, y pone el ejemplo de los vinos espumosos, que tienen menos alcohol que un tinto, son frescos y se demandan mucho por parte de los nuevos consumidores. “Al mismo tiempo, permite hacer combinaciones dentro del mundo de la coctelería”.
También anima a contemplar a un gran competidor, como es la cerveza. El año pasado el consumo de cerveza en España experimentó un descenso per cápita del 4,9%, según el último informe sectorial de Cerveceros de España. Esta caída situó el consumo medio en 52,8 litros por persona al año, lo que equivale a unas 2,7 cañas menos por habitante.
“Las modas están ahí y hay que tenerlas en cuenta, pero también pueden cambiar”, remacha.







