Sergi de Lamo lleva años observando el sector del vino desde la Dirección General de la Plataforma Tecnológica del Vino, y cuando se le pide que haga una radiografía del sector, no se anda con rodeos: «No está en su mejor momento, en el sentido de que hay cambios profundos tanto a nivel geopolítico como a nivel climático, y también en las preferencias y la cantidad de consumo de vino por parte de las nuevas generaciones».
Un sector que vende mucho y gana poco
España es el primer país del mundo en superficie de viñedo, con más de 900.000 hectáreas, y sin embargo también el que, de media, vende su vino más barato de todo el planeta: en torno a 1,3 euros el litro, frente a los 6,9 euros de Francia.

«Somos el país productor de vinos que más baratos vende sus vinos de media», resume. De ahí su primera conclusión: «Hay que mantener el valor, mantener la calidad, hacer todo lo posible para que el vino de calidad se venda, y se venda más y mejor, a un precio más elevado».
No es un matiz menor: del valor adicional que ha generado el comercio mundial de vino en los últimos años, España apenas ha logrado quedarse con un 6%.
Su propuesta pasa por seguir el camino de denominaciones como el Priorat o la Ribera del Duero. Esta última exporta a casi 14 euros el litro, muy por encima de la media española. Pero esta no es una receta nueva, admite, y ya no basta por sí sola. Pero sigue siendo el punto de partida.
Nuevos consumidores para un vino que ya no es «algo tan serio»
El segundo eje de su análisis tiene que ver con quién bebe vino, y sobre todo con quién no lo bebe todavía.
«Hay que pensar en todos esos nuevos formatos, esos nuevos consumidores, esos mercados donde para ellos quizá el vino no es algo tan serio como nos puede parecer a nosotros, como bebedores habituales o gente relacionada con el sector»
Ahí ve una oportunidad que otros sectores, como el de los destilados, ya están sabiendo aprovechar mejor: nuevos formatos y ocasiones de beber bebidas en base vino, «donde no solo es vino, sino vino con otras cosas».
A esto se suma un fenómeno que no esquiva, las nuevas generaciones beben menos y distinto. Y es que el consumo de alcohol entre los 18 y los 24 años ha caído más de un 13% en España en los últimos años. Y ahí entra también la política, porque «el vino tiene alcohol, y el alcohol no es algo que sea positivo».
Su respuesta apela al territorio: «Una botella de vino en cada pueblo puede estar elaborada de manera distinta, aunque sea con las mismas variedades. El sector tiene que poner muy en consideración ese arraigo en el territorio rural, para compensar lo malo que tiene el alcohol con lo bueno que tiene el conjunto del sector».
El vino no elige, suma
Preguntado por cuál de las dos vías, premiumizar o abrir nuevos mercados, es la correcta, De Lamo no titubea:
«No se trata de elegir entre defender el vino de siempre o explorar lo nuevo: muy probablemente habrá que hacer las dos cosas a la vez»
El campo, el otro cuello de botella
Más allá de los mercados, hay un problema que se libra antes, en el propio viñedo: la falta de mano de obra. «Es una de las principales limitaciones que tenemos ahora mismo en España en el sector, y evidentemente la maquinaria nos ayuda en eso», explica. Pero tener buenas máquinas no basta si no hay quien sepa manejarlas: «Nos está faltando buena formación para los maquinistas».
El reto se agudiza en zonas cálidas donde el clima obliga a repensar sistemas tradicionales, más intensivos en mano de obra, como el cultivo en vaso.
«Sería imprescindible desarrollar maquinaria de tecnificación en este tipo de cultivo»
Una crisis que se repite
De Lamo suele cerrar sus reflexiones con una pregunta incómoda: ¿es esto una crisis coyuntural, una crisis estructural, o la de siempre?
El vino lleva décadas discutiendo variaciones de los mismos problemas. Algunos de ellos son el exceso de oferta, la caída del consumo o los mercados que se cierran- Y, de momento, siguen sin una respuesta definitiva.
Su conclusión suena menos a receta mágica y más a hoja de ruta: calidad, nuevos consumidores, territorio, formación y tecnología en el campo. Todo a la vez, y sin prisa por elegir.







