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La producción mundial de girasol toca récord y refuerza las expectativas del cultivo en España

El USDA prevé un récord de 62,7 millones de toneladas en 2026/27, mientras el aumento de superficie en España y el mercado refuerzan el interés por el cultivo

El mercado mundial del girasol encara la próxima campaña con buenas perspectivas. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) prevé que la producción de semilla alcance 62,7 millones de toneladas en 2026/27, un 13 % más que en la campaña anterior y un récord histórico. El aumento llegará principalmente por la recuperación de las cosechas en Argentina, la Unión Europea y Rusia. En la UE, la previsión alcanza los 9,8 millones de toneladas, también un 13 % más.

Habrá más semilla disponible, pero la demanda sigue acompañando. El aceite de girasol mantiene una fuerte presencia tanto en alimentación como en el mercado de biocombustibles, mientras que la mayor actividad de molturación también impulsa la producción de harina de girasol para alimentación animal.

Un mercado que sigue dando señales positivas

Los precios internacionales de las oleaginosas y sus derivados han mantenido una tendencia al alza durante la campaña 2025/26. En el caso del aceite de girasol, la oferta ajustada en algunas zonas, los problemas de suministro y la demanda para biocombustibles han ayudado a sostener las cotizaciones. Las nuevas cosechas pueden aliviar parte de esta tensión, pero las previsiones apuntan a que la demanda seguirá siendo firme.

España puede aprovechar el tirón

Desde la Asociación Española del Girasol (AEG) consideran que el actual contexto internacional es una oportunidad para aumentar la superficie de siembra y dar al cultivo un mayor peso dentro de las explotaciones de cultivos extensivos. España mantiene un déficit estructural de oleaginosas y depende de las importaciones para abastecer a su industria extractora y alimentaria. Por eso, aumentar la producción nacional permitiría reducir esa dependencia y aprovechar una demanda industrial ya consolidada.

Además, el girasol cuenta con ventajas agronómicas interesantes para el campo español. Buena adaptación a situaciones de menor disponibilidad de agua, costes de producción competitivos, utilidad dentro de las rotaciones y encaje en los ecorregímenes de la PAC.

Andalucía ya está cosechando

La campaña española avanza con diferencias entre regiones. En Andalucía, las primeras parcelas ya han comenzado a cosecharse, aunque el grueso de la recolección llegará estos días.

La superficie sembrada ronda las 240.000 hectáreas, alrededor de un 30 % más que la campaña anterior. César Álvarez, de Oleokelsa, sitúa «los rendimientos medios en torno a los 1.000 kilos por hectárea, aunque con diferencias importantes entre zonas».

En cuanto a los precios, la Lonja de Sevilla ha comenzado la nueva campaña con 540 euros por tonelada para el girasol convencional y 550 euros para el alto oleico. Desde el sector consideran que son precios satisfactorios, especialmente frente al cereal, aunque todavía podría haber margen para una mayor revalorización.

Castilla y León, pendiente de la lluvia

La situación es más incierta en Castilla y León. Las lluvias de primavera retrasaron las siembras y la falta de precipitaciones posterior ha provocado nascencias irregulares y una floración adelantada.

La superficie, sin embargo, ha aumentado con fuerza y supera las 424.000 hectáreas, más de un 35 % respecto al año anterior. Este incremento podría compensar parte de la caída de los rendimientos y permitir una producción total superior a la de la pasada campaña.

Ahora, el tiempo será decisivo. Las lluvias durante las próximas semanas pueden marcar la diferencia entre una cosecha aceptable y una campaña más complicada, especialmente ante el riesgo de calor extremo durante las fases de floración y llenado.

El cultivo gana interés, aunque no está libre de problemas

El sector sigue reclamando soluciones para los daños provocados por aves, conejos, corzos e insectos, especialmente durante la nascencia. También preocupa la reducción de los rendimientos asegurables, que puede limitar la protección que ofrece el seguro agrario al agricultor.

A pesar de estas dificultades, el balance del mercado es positivo. Más producción mundial, una demanda firme de aceite y harina y el empuje de los biocombustibles mantienen al girasol como una alternativa con recorrido.

Para el agricultor español, la clave será aprovechar esta situación sin perder de vista los costes y el rendimiento de cada parcela. Con más superficie y un mercado que sigue demandando semilla, el girasol tiene argumentos para dejar de ser un cultivo secundario y ganar peso en las próximas campañas.

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