Galicia tiene agua, pero el reto ya no es únicamente disponer de ella. También es necesario saber almacenarla, gestionarla y aplicarla en el momento y en la cantidad que necesita cada cultivo. Esta ha sido una de las principales conclusiones de la jornada técnica El agua y la agricultura en Galicia, celebrada este jueves en Xinzo de Limia en el marco de las actividades previas a Alimagro y a la que han asistido alrededor de un centenar de profesionales.
El encuentro ha reunido a agricultores, comunidades de regantes y especialistas para analizar cómo debe afrontar el campo gallego la transformación de su gestión del agua, en un momento especialmente relevante para A Limia, donde avanza la modernización de unas infraestructuras de regadío que afectan a más de 4.000 hectáreas.

La jornada ha puesto sobre la mesa una idea que hasta hace unos años parecía poco aplicable a Galicia: el agua puede dejar de ser un recurso abundante para convertirse en un recurso que haya que gestionar con precisión. La concentración de las precipitaciones en episodios más intensos, junto con el incremento de las temperaturas y de la demanda hídrica de los cultivos, obliga a cambiar la forma de entender el regadío.
Galicia necesita almacenar el agua cuando la tiene
La gestión del agua comienza, sin embargo, antes de que llegue al cultivo. Alejandro Pérez, catedrático de la Universidad Politécnica de Cartagena, ha planteado durante la jornada la necesidad de combinar digitalización e infraestructuras de almacenamiento ante un escenario en el que las precipitaciones pueden concentrarse en periodos cada vez más cortos.

“Tenemos que digitalizar el manejo del agua y, sobre todo, tener infraestructuras para poder almacenar esa agua que hay”, ha resumido el investigador.
La reflexión cobra especial importancia en Galicia. Tener un volumen elevado de precipitaciones a lo largo del año no garantiza que el agua esté disponible cuando los cultivos la necesitan. Si una parte importante de las lluvias llega en episodios intensos, el recurso puede terminar generando escorrentías sin quedar disponible para los meses de mayor demanda.
De ahí que el almacenamiento se plantee como una de las piezas necesarias para completar la modernización del regadío: guardar el agua cuando está disponible para poder utilizarla posteriormente de forma planificada.
El objetivo: ni más ni menos agua de la necesaria
Uno de los mensajes compartidos durante la jornada ha sido la necesidad de abandonar progresivamente las decisiones de riego basadas únicamente en la experiencia o en la observación visual del cultivo.
Pablo González, de Mooxvice, ha puesto el foco en la necesidad de conocer qué está ocurriendo realmente en el suelo antes de decidir cuándo y cuánto regar. Sensores de humedad, electroválvulas y sistemas de automatización permiten avanzar hacia un manejo basado en datos y reducir tanto los déficits como los excesos de agua.

“El objetivo es utilizar el agua en su justa medida, ni más ni menos. Y su aplicación debe de ser en los momentos precisos para que haya un buen aprovechamiento de la planta. Esto se puede hacer tomando decisiones basadas en datos”, ha señalado Pablo.
La cuestión resulta especialmente relevante en cultivos como la patata, donde un exceso de humedad puede favorecer la aparición de enfermedades y provocar pérdidas de nutrientes y fertilizantes hacia las aguas subterráneas. El reto, por tanto, no consiste simplemente en reducir el consumo, sino en utilizar el agua con mayor precisión.
La modernización no termina cuando se construyen las tuberías
Otro de los grandes ejes del encuentro ha sido el papel de las comunidades de regantes. La modernización de una red no consiste únicamente en construir tuberías, estaciones de bombeo o balsas. Una vez ejecutadas las obras, comienza otro desafío: gestionar de forma eficiente todas esas infraestructuras.
José María Medina, de PorAgua, ha defendido durante la jornada una visión integral en la que los datos de consumo, las demandas de los regantes, el mantenimiento de las instalaciones y los costes energéticos estén conectados.

“Tiene que haber una gestión integral que todas las partes funcionen correctamente: agronomía, mantenimiento, energía, telecontrol. La tecnología puede automatizar procesos. El conocimiento debe seguir dirigiéndolos”, ha explicado.
Esta visión adquiere especial relevancia en A Limia, donde el proceso de modernización está suponiendo también un cambio en la forma de organizar el regadío. La comarca ha pasado de un modelo basado en captaciones individuales y motores de gasóleo a avanzar hacia una estructura más organizada, con nuevas infraestructuras y mayor control de los consumos.
La gestión energética forma parte igualmente de esta ecuación. Una infraestructura correctamente diseñada puede permitir, por ejemplo, adaptar los momentos de bombeo al coste de la electricidad y reducir el precio final del metro cúbico de agua.
A Limia afronta un cambio de modelo
La jornada llega en un momento especialmente significativo para los regantes de A Limia. El proyecto de modernización afecta a unas 4.105 hectáreas, 6.964 parcelas y 3.342 propietarios, e incluye 42 pozos de captación, además de instalaciones de bombeo y electrificación.
El cambio implica mucho más que sustituir unas infraestructuras por otras. También obliga a modificar hábitos adquiridos durante décadas.
Hasta ahora, explica la información recogida durante las semanas previas a la jornada, en muchas explotaciones el riego se gestionaba de manera individual y con una importante dependencia de la experiencia del agricultor. El nuevo modelo introduce mayor control y planificación y abre la puerta a conocer con mayor precisión qué cantidad de agua se utiliza y dónde.

El alcalde de Xinzo de Limia y agricultor, Amador Díaz, ya había resumido este cambio con una idea que ha planeado sobre el encuentro: “Cada gota importa, aunque sea en Galicia”.
Sobre esta transformación se ha mostrado muy optimista Amador Saborido, presidente de la Comunidad de Regantes Nova Limia: «nos encontramos en un proceso muy importante de transformación de la infraestructura de la Comunidad».
Aunque acostumbrado a una realidad diaria muy distinta, el agricultor sevillano Marco Román, coincide en que la modenización del regadío es vital «si se quiere acercar a los jóvenes al campo». «Una transformación como la que estáis haciendo os va a abir nuevas oportunidades», le decía a Saborido.
La tecnología como herramienta, no como sustituto del conocimiento
La jornada ha cerrado con una mesa sobre el presente y futuro del regadío en Galicia, en la que se han puesto en común las diferentes perspectivas sobre la transformación que vive el sector.
Dentro de la mesa debate, Melani Araujo, agricultora de Xinzo de Limia, ha acercado la visión del territorio como agricultora de Xinzo de Limia. “Los agricultores nos tenemos que adaptar al nuevo modelo, la gestión de las infraestructuras, los costes de la modernización y el papel de la tecnología. Podemos hacer mejor las cosas”, señalaba.

Los participantes han coincidido en que la digitalización puede facilitar buena parte de esta transformación, pero no debe entenderse como un fin en sí misma.
En este sentido, la intervención de los distintos expertos ha puesto de manifiesto que el futuro del regadío pasa por conectar tres elementos: conocimiento agronómico, tecnología e infraestructuras. «Lo importante no es tener el dato, es que se analice y se utilice», opinaba José María Medina.

Por su parte, el catedrático Alejandro Pérez ha querido desmitificar la dificultad de las nuevas herramientas: «no hay que tenerle miedo a la tecnología, hay que aprender a usarla para el beneficio del agricultor». Además, ha querido destacar la importancia de la optimización en el uso del agua: «La tecnología nos permite comprobar no solo si va a llover, sino que cantidad de agua útil ha quedado en la tierra».
En la misma línea, Pablo González señalaba que «tan malo es el déficit del agua como el exceso de riego. Hay que saber cuándo regar.»

El reto empieza ahora
La conclusión de la jornada puede resumirse en una idea: Galicia no solo tendrá que aprender a regar mejor; tendrá que aprender a gestionar el agua antes de que llegue al cultivo.








