Alfonso Palomo
La ola de calor registrada a finales de mayo va a mermar la producción en España. Hay fuentes que hablan de una caída superior al 10%, aunque tanto en Andalucía como en Cataluña las cosechadoras han entrado en las fincas y se han registrado no muy malos rendimientos.

En cuanto a la zona centro, allí donde se conservaba algo de humedad de las lluvias anteriores el cultivo se ha sujetado bien. De hecho, el calor habría sido mucho más grave de haberse producido antes del espigado.
Hay zonas en las que la cebada está mucho peor que el trigo; depende de la fecha de siembra y sobre todo de la zona de producción, aunque en conjunto la producción puede caer en España entre el 25 y el 30%.
La ola de calor no solo ha afectado a España, sino que se ha extendido por toda Europa y sobre todo por Francia. Mientras tanto, la región del mar Negro ha permanecido con temperaturas bastante frescas, por lo que tendrán mayor producción incluso que el año pasado.
Resulta sintomático que esas consecuencias de la ola de calor, con el consiguiente descenso en las previsiones de producción, no se haya trasladado a los mercados. De hecho, se han registrado ligeras bajadas.
¿Cómo se explica este fenómeno? Por la sencilla razón de que la situación geopolítica pesa más que el descenso de la superficie de cultivo o la caída de rendimientos.
Aunque no sabemos lo que sucederá en las próximas semanas, lo cierto es que se respira cierta tranquilidad internacionalmente. Incluso se habla de una próxima ‘solución’ de los dos conflictos que tenemos abiertos en la actualidad: la apertura del estrecho de Ormuz e incluso una posible solución al conflicto entre Rusia y Ucrania.
En nuestro país, esa menor producción vendrá a sumarse a los stocks acumulados todavía en los almacenes, consecuencia de la caída del consumo registrada el año pasado y de la gran producción obtenida entonces. La consecuencia es que la campaña de comercialización dará comienzo con unos stocks equivalentes a una cosecha media-buena.
En este escenario los fabricantes de piensos no tienen mayor prisa por comprar materias primas y los operadores tampoco se muestran muy animados a realizar operaciones sin tener certeza de cuál va a ser el resultado final del cereal.
Con estos mimbres, y desgraciadamente, los precios de venta no van a compensar la reducción de renta del agricultor.
Haría falta que la Administración aprobara ayudas para garantizar la pervivencia del sector primario, un sector estratégico para España pero que apenas reúne el 4% de la economía, y que a veces parece que pinta poco, al no considerarse un sector políticamente estratégico.
La realidad es que hay muchas explotaciones que llevan tres años con escasos beneficios, o directamente en pérdidas, por la disminución del precio del cereal y el aumento del coste de los insumos. De seguir así, va a ser imposible sostener la estructura actual de nuestro sector.
Con vistas a las siembras de otoño, si se libera el estrecho de Ormuz podremos tener acceso a que el DAP y la urea vuelvan a tener los precios previos al inicio de estos conflictos.







