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Preocupación en el arranque de la campaña arrocera

La campaña del arroz arranca con incertidumbre por la falta de soluciones frente a enfermedades, los bajos precios y la presión de las importaciones

La nueva campaña del arroz comienza marcada por la incertidumbre en el campo valenciano, donde los agricultores afrontan un escenario complicado por la falta de soluciones frente a enfermedades, los bajos precios y la presión de las importaciones. Una situación que, además, se enmarca en un contexto global de aparente estabilidad, pero con crecientes tensiones para el arroz europeo.

“Estamos igual o peor que hace unos meses”, resume Nando Durá, agricultor valenciano, que encara la siembra con más dudas que certezas.

La piricularia una amenaza sin respuesta

La piricularia es una enfermedad fúngica grave que afecta principalmente al arroz, causando manchas elípticas grisáceas en hojas y panículas, lo que genera importantes pérdidas económicas. Uno de los principales problemas sigue siendo la falta de herramientas eficaces para combatir enfermedades como esta, que amenaza directamente la productividad del cultivo. “Tenemos un problema muy grave con este hongo y no se ha solucionado. No sabemos cómo lo vamos a combatir cuando llegue el momento”, explica Durá.

La situación se arrastra desde hace años debido a las restricciones fitosanitarias. “Llevamos 15 años utilizando las mismas materias activas y las plagas han generado resistencia”, añade. A día de hoy, el sector sigue sin alternativas claras y depende en gran medida de cómo evolucione el clima.

Mientras tanto, las posibles autorizaciones excepcionales de nuevos fungicidas siguen en el aire. “Estamos pendientes de reuniones, pero el Ministerio no quiere autorizar nada, así que está complicado”, lamenta. Las opciones que quedan pasan por soluciones experimentales, como tratamientos biológicos, aunque generan dudas: “Son bacterias y no sabemos cómo funcionarán en un cultivo inundado como el arroz”.

Precios hundidos y falta de rentabilidad

A los problemas sanitarios se suma la situación del mercado. Los precios en origen continúan en niveles muy bajos, lo que pone en cuestión la rentabilidad del cultivo.

“En Sevilla todavía tienen arroz por vender a 42 céntimos el kilo y no se lo compran”, señala Nando.

Esta realidad contrasta con el contexto internacional, donde, según un informe reciente de la Federación de Arroceros, existe un equilibrio global entre oferta y demanda. La producción mundial se mantiene estable, con Asia liderando ampliamente el mercado, mientras que el comercio internacional representa una parte relativamente pequeña del total. Sin embargo, esa estabilidad global no se traduce en tranquilidad para los productores europeos.

Más importaciones y presión sobre el arroz europeo

Uno de los principales factores que explican la situación del mercado es el aumento de las importaciones. En la Unión Europea, las compras exteriores han crecido hasta superar la producción propia, reduciendo significativamente el nivel de autosuficiencia en los últimos años.

“Las importaciones siguen igual o peor, no ha mejorado nada”, denuncia el agricultor valenciano.

Estas importaciones, procedentes principalmente de países asiáticos, llegan sin aranceles y bajo condiciones de producción menos exigentes, lo que genera una competencia directa sobre el arroz nacional.

En este contexto, el sector reclama mayor protección para el arroz europeo. Organizaciones agrarias han pedido reforzar los mecanismos de defensa comercial en el marco del Sistema de Preferencias Generalizadas (SPG), ante el temor de que la presión exterior siga aumentando.

España, uno de los principales productores

A pesar de las dificultades, España se mantiene como uno de los principales productores de arroz de la Unión Europea, de hecho, es el segundo, con cerca de 465.000 toneladas en la última campaña. Se trata de un cultivo estratégico, no solo desde el punto de vista económico, sino también territorial y medioambiental, especialmente en zonas donde no existen alternativas agronómicas viables.

El informe destaca especialmente el papel de Andalucía, que concentra cerca del 45% de la producción nacional, con epicentro en las marismas del Guadalquivir. Esta zona, altamente tecnificada, alcanza rendimientos de entre 8.500 y 10.000 kilos por hectárea, situándose entre las más productivas de Europa.

Sin embargo, incluso en estos territorios más competitivos persisten desafíos estructurales, como la dependencia del agua o la presión del mercado internacional.

Decisiones clave en la siembra

En el campo valenciano, la respuesta a este contexto pasa por adaptar las decisiones de siembra. Este año, la tendencia será apostar mayoritariamente por arroz redondo. “Voy a sembrar arroz redondo en toda la superficie”, explica.

A diferencia de otras regiones donde se están reduciendo hectáreas, en zonas como la valenciana el margen de maniobra es muy limitado.

“Nosotros no tenemos alternativa, estamos obligados a hacer arroz. Si pudiésemos cambiar, no lo dudaríamos”, afirma Nando.

Un sector en equilibrio, pero cada vez más tensionado

El contraste entre la estabilidad del mercado mundial y la difícil situación del agricultor europeo refleja un sector en transformación. Mientras a nivel global el arroz mantiene un equilibrio entre producción y consumo, en Europa crece la preocupación por la pérdida de competitividad y el aumento de la dependencia exterior. Para los agricultores, la sensación es clara. Los problemas se acumulan sin soluciones a corto plazo. “Volvemos a dudar de la rentabilidad del cultivo”, concluye Nando. Una campaña más, el arroz arranca con la incertidumbre como principal protagonista.

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