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Máximo Gómez apuesta por “romper el monocultivo” en una jornada sobre producciones alternativas

Organizado por el CDR Valdecea, el encuentro ha permitido conocer la experiencia de productores de trigo sarraceno, quinoa, lavanda o adormidera

Castilla y León cuenta con dos millones de hectáreas destinadas al cereal, incluido el maíz, lo que prácticamente otorga a la comunidad características de monocultivo.

Esta realidad convierte a los cultivos alternativos en “una necesidad imperiosa”, puesto que el agricultor está obligado a buscar nuevas producciones para garantizar las rotaciones y cuidar su suelo, “al mismo tiempo que diversifica sus inversiones en un contexto internacional de precios bajos”.

Así lo ha señalado el director de la Revista Campo, Máximo Gómez, antes de participar en la jornada sobre ‘Cultivos alternativos en Castilla y León’ celebrada en Mayorga, en la comarca de Tierra de Campos, organizada por el CDR Valdecea.

Gómez, que ha moderado una mesa redonda en la que diferentes agricultores han compartido sus experiencias, ha definido los cultivos alternativos como “aquellos con los que se trata de sustituir o complementar a las producciones más convencionales”.

“La diversificación permite romper el ciclo de monocultivo, de modo que no se esquilman los suelos y se potencia la resistencia a plagas y enfermedades”, ha recalcado.

En su opinión, estos ‘nuevos’ cultivos representan una opción atractiva en tiempos de cambio climático, “puesto que desempeñan un papel de primer orden en la búsqueda de especies más rústicas para el secano”, o bien “de cultivos que hacen más eficiente el regadío”.

Máximo Gómez ha destacado el papel creciendo de algunas de estas producciones, como la soja, que “despierta un interés creciente” por parte de la industria agroalimentaria, “aunque el cultivo ocupa apenas 2.500 hectáreas en nuestro país”.

La UE adquiere anualmente 33 millones de toneladas de productos de soja, casi toda ella (al menos el 85%) con destino a la alimentación animal, aunque también se encuentra entre las preferencias de los nuevos consumidores.

También ha subrayado el papel de los cultivos leñosos, como el pistacho, que ha triplicado su superficie en los últimos años, superando las 3.000 hectáreas.

El árbol entra en producción a los cinco años y cuando está en máxima producción puede dar unos ingresos por hectárea de entre 6.000 y 8.000 euros, si bien, como en tantos casos, “la rentabilidad está en entredicho porque depende en gran medida de los precios internacionales”.

Respecto al almendro, el director de la Revista Campo ha destacado que “se adapta mejor” al clima de Castilla y León que el pistacho. De hecho, ya se superan las 5.500 hectáreas en la comunidad.

Marcos Sánchez, de Villafrades de Campos, ha compartido con los asistentes su experiencia con el cultivo de quinoa. Este año ha sembrado cinco hectáreas de quinoa en regadío y ha tenido 900 kilos por hectárea, pero su experiencia le demuestra que el cultivo “tiene potencial para dar mucho más”.

Itacyl le puso en contacto con una empresa danesa que le vendió la semilla y le comprará la producción, aunque “la asignatura pendiente es encontrar una empresa que limpie el grano”, ha señalado.

Jacinto Alonso fue responsable del CDR Valdecea, donde dirigió varios ensayos de trigo sarraceno, un cereal “que aún está dando sus primeros pasos” y que se da bien en comarcas como Tierra de Campos.

El trigo sarraceno tiene un ciclo muy corto y permite segundas producciones. Incluso en sus ensayos llegaron a plantar muy tarde, un 18 de julio, con buenos resultados.

“Nace muy pronto, como a los cuatro días de haber sembrado, y a las dos semanas el suelo estaba totalmente cubierto; no deja crecer a las malas hierbas y por eso es muy buena opción dentro de la estrategia sanitaria de la explotación”, destaca Alonso. “Se trata de un cultivo que es casi un herbicida”, recalca.

También ha estado presente en el encuentro el cultivo de la adormidera. El técnico de Alcaliber Juan José Sáez destacaba que la compañía ha fijado en los regadíos de Castilla y León su estrategia de crecimiento para las siembras de 2026, que ya están en fase de contratación.

“El objetivo es pasar de las 9.000 a las 11.000 hectáreas en el conjunto de España y alcanzar las 3.300 hectáreas contratadas en regadíos de Castilla y León”, recalca.

Para ello Alcaliber no solo mejora la propuesta económica, sino que ofrece un completo programa de acompañamiento al agricultor. “Se respalda técnicamente la fertilización para que el suelo disponga de los nutrientes que necesita el cultivo”, apunta.

El terreno ideal es fértil, profundo y bien drenado. Un suelo suelto y con buen nivel de materia orgánica, que no se seque fácilmente. La textura más adecuada es la franco-arenosa. En Castilla y León la siembra se realiza entre mediados de febrero y mediados de abril.

Para Sáez, una novedad importante para el cultivo es la inclusión de la adormidera como “especie mejorante” de cara a la PAC 2026, por lo que puede acogerse al ecorrégimen de rotación. “Según los estudios de Itacyl, el trigo sembrado después de adormidera ofrece unos rendimientos hasta un 100% superiores respecto al trigo sembrado sobre trigo”, destaca el técnico de Alcaliber.

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