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InicioAgua¿Qué puede esperar el agricultor de la inteligencia artificial?

¿Qué puede esperar el agricultor de la inteligencia artificial?

El catedrático Alejandro Pérez Pastor, de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), advierte de que digitalizar “no significa automáticamente optimizar el agua”. Apuesta por apoyarse en la inteligencia artificial al tomar decisiones, pero "desde el conocimiento agronómico"

Ricardo Ortega

La mejor tecnología para conocer el estado del suelo y la planta no sirve de nada si no se pone en relación con el conocimiento agronómico. Lo dice Alejandro Pérez Pastor, catedrático de Ingeniería Agronómica de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) y uno de los mayores expertos españoles en sistemas de precisión para la sostenibilidad alimentaria.

En plena revolución tecnológica, Pérez Pastor advierte de que digitalizar y sensorizar no significa automáticamente optimizar el agua o la aplicación de nutrientes. Por eso la experiencia en el campo “permite interpretar la información obtenida por los sensores, por ejemplo para saber si nos está está dando la información adecuada”.

Entre otras labores, el equipo dirigido por este catedrático audita la tecnología que venden las empresas al agricultor. “Respondemos a la pregunta de qué puede esperar el productor de esa tecnología, pero sobre todo de qué puede exigir el productor a quien se la ha vendido”, subraya.

Se debe comprobar, entre otros aspectos, que el equipo instalado sea “robusto, riguroso, que nos resulte fiable y podamos confiar en que, por ejemplo, el grado de humedad que nos ofrezca responda a la realidad”.

También hay cuestiones pendientes. Por ejemplo, a día de hoy no existen sensores que midan la presencia de los elementos NPK en el suelo. Diseñarlos es uno de los retos que tiene el sector tecnológico en la actualidad.

Una de las herramientas para relacionarse con las compañías de forma ágil ha sido poner en marcha su propia empresa, Digital Data Farm, “lo que nos permite escuchar a las compañías y al mismo tiempo enseñar al agricultor y a quien vende la tecnología a manejarla mejor”.

“Gracias esta fórmula, mi labor como investigador, con publicaciones de gran impacto, llega a las parcelas. Por eso estamos abriendo el camino a las empresas”, recalca.

La compañía cuenta con un equipo de diez personas. Gracias a ella “participamos en proyectos europeos de investigación y hemos visitado Dubái, donde están muy interesados en nuestra tecnología” porque, como otros países de la región, “desean reducir su dependencia con respecto al exterior después de la pandemia de 2020, de situaciones creadas por guerras como la que enfrenta a EEUU con Irán…”.

Las ventajas del riego deficitario

Las investigaciones sobre el riego eficiente van mucho más allá de escoger el momento en el que regar. Para el catedrático no hay que perder de vista que si regamos demasiado propiciamos que la raíz no crezca, en primer lugar porque no necesita desarrollarse en busca de la humedad; en segundo lugar, porque estamos contribuyendo a que la planta se ahogue.

Por eso defiende con énfasis el riego deficitario, que propicia que las plantas cuenten con unas raíces más extensas y profundas, al mismo tiempo que estaremos contribuyendo a evitar enfermedades fúngicas y problemas de virosis.

También recuerda Pérez Pastor que regar demasiado beneficia el exceso de vigor de la planta y perjudica la calidad del fruto.

Por todo ello los sensores “nos ofrecen el grado de agotamiento máximo permisible, que es el parámetro para saber cuándo debes regar”.

Al mismo tiempo, “la investigación permite controlar la cantidad de agua que aportamos al cultivo, pero también su calidad porque no siempre se trabaja con las mejores fuentes de agua”, recuerda.

«Interpretar» la información

Pérez Pastor destaca el valor de los sensores en el suelo, aunque estos no pueden cubrir toda la superficie de la explotación. Por eso la tecnología permite interpretar la información que tomamos desde un dron o un satélite y extrapolar los datos que nos aportan los sensores.

“La clave está precisamente en calibrar esa información que nos aportan, y en esa labor la inteligencia artificial es de gran ayuda, no solo al procesar los datos sino también a la hora de tomar decisiones con agilidad”, recalca.

Un ejemplo claro lo encontramos cuando el suelo pasa de la situación de capacidad de campo a almacenar humedad, por ejemplo, a medio metro de profundidad, más allá del sistema radicular, un momento en el que el agricultor está perdiendo agua y energía, “y por lo tanto dinero”.

Proyecto LIFE Triplet

Dentro de su labor investigadora, Pérez Pastor es coordinador del proyecto LIFE Triplet, que recientemente se ha presentado en el Senado, “con gran acogida”, y se quiere llevar hasta los usuarios gracias al PERTE de digitalización.

El objetivo del proyecto es incrementar la sostenibilidad y competitividad de una nueva agricultura de regadío a través de la digitalización del seguimiento del cultivo integrando la aplicación de agua y nutrientes y la gestión de la protección de cultivos.

Con esta herramienta digital, se puede controlar el estado de los cultivos y la calidad del suelo a gran escala, gracias a los índices multiespectrales obtenidos de imágenes de dron y satélite. De este modo se mejora la eficiencia de los cultivos y la toma decisiones “informadas” para maximizar el rendimiento.

El objetivo es poner en marcha en la mayoría de los cultivos representativos del Mediterráneo una plataforma digital “resultante de la adaptación de otras cuatro ya existentes proporcionadas por cuatro socios del proyecto”.

Esos socios son la UPTC, el IMIDA (Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental), Aquatec y FMC Agricultural Solutions. Además, en el desarrollo del proyecto colabora la empresa AZUD.

Señala el catedrático que la plataforma recomienda al agricultor aplicar unos nutrientes determinados teniendo en cuenta el estado del suelo, el estado del cultivo y la calidad del agua de la que dispone el agricultor, gracias a los índices multiespectrales obtenidos de imágenes de drones y satélite.

Así podrá programar estrategias de gestión sostenible para los cultivos hortícolas y leñosos en fincas regables basadas en el uso del estado hídrico del suelo y de las plantas.

También dispondrá de un sistema de protección de cultivos basado en modelos predictivos y la monitorización de plagas y enfermedades, además de procesar la información generada para su extrapolación al área regable.

La herramienta también permite evaluar el impacto de la fertirrigación en el crecimiento vegetativo y frutal, en la producción y en la calidad del fruto.

En conjunto, permitirá la puesta en marcha de un sistema de riego automático alimentado por modelos predictivos, sencillo de manejar, basado en técnicas estadísticas e Inteligencia Artificial (IA), para regular el agua y nutrientes aplicados en la fertirrigación.

¿Aumentar las infraestructuras de riego?

Apunta Alejandro Pérez que los avances tecnológicos no sirven para superar el debate sobre las infraestructuras de riego, que sigue siendo muy necesario, entre otras cosas “porque necesitamos infraestructuras para gestionar lluvias como las de este año, que arrastran los nutrientes presentes en nuestro suelo”. Máxime cuando “en España contamos con una legislación que deja de lado las enmiendas orgánicas”.

Para Pérez, comunidades como Cataluña, Galicia o Castilla y León carecen de capacidad de regulación, de modo que son especialmente vulnerables a la sequía.

De este modo, aumentar la capacidad de regulación “sigue siendo muy importante”, sobre todo si se avanza hacia otro modelo, en el que se cubre la infraestructura para evitar la evaporación. Recuerda por ejemplo el caso de la Región de Murcia, «donde los embalses pierden 9 litros por metro cuadrado por esta causa».

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