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Agua de bendición, barro de desafío: una campaña entre la esperanza y la frustración

Estamos ante una campaña marcada por el contraste: alivio hídrico a medio plazo, pero bloqueo técnico a corto plazo

J. Ramón Díaz de los Bernardos

El campo vive una de esas situaciones que el agricultor reconoce enseguida como compleja y agotadora.

José Ramón Díaz de los Bernardos
José Ramón Díaz de los Bernardos. Ingeniero agrónomo y enólogo

Una sucesión casi ininterrumpida de borrascas atlánticas ha dejado lluvias persistentes, abundantes y muy repartidas, que han cambiado por completo el ritmo normal de la campaña agrícola.

El agua ha llegado cuando hacía falta, pero lo ha hecho con tal continuidad que ha bloqueado el acceso a las parcelas. Ha saturado los suelos y ha generado una sensación generalizada de impotencia en el agricultor, que ve pasar los días sin poder entrar al campo mientras el calendario agronómico sigue corriendo.

No se habla de lluvias torrenciales puntuales, sino de un tren de frentes que ha ido empapando lentamente el terreno hasta llevarlo al límite de su capacidad de drenaje.

Ríos y arroyos han ido creciendo poco a poco hasta provocar desbordamientos en vegas, zonas bajas y parcelas cercanas a cauces tradicionales.

El resultado es una campaña marcada por el contraste: alivio hídrico a medio plazo y bloqueo técnico a corto plazo.

Estas lluvias han generado:

-Suelos saturados y embalses con niveles muy altos, con varios puntos de aforo bajo aviso rojo en ríos del Guadiana y afluentes de Ciudad Real, Toledo y Cuenca.

-Riesgo de desbordamientos de ríos y barrancos en zonas bajas y vaguadas.

-Inundaciones puntuales y problemas hasta en zonas urbanas (como en Talavera de la Reina) por infiltración de agua subterránea.

En comunidades como Castilla-La Mancha las lluvias han sido excepcionales para un clima mediterráneo-semiárido como este, donde en años secos se depende mucho de cada gota.

CEREALES Y LEGUMINOSAS DE PRIMAVERA UNA SIEMBRA ATRAPADA POR EL BARRO

El cereal es sin duda el cultivo más afectado. En este momento la realidad a pie de parcela es clara. Hay miles de hectáreas que no se han podido sembrar todavía, otras que se sembraron a duras penas aprovechando pequeñas ventanas entre lluvias y muchas en las que ni siquiera se ha podido hacer el abonado de fondo.

El agricultor de cereal vive ahora mismo con una mezcla de preocupación y resignación. Sabe que sembrar en suelo saturado es un error técnico grave: compactación, nascencias irregulares, problemas de raíz y mayor presión de enfermedades. Pero al mismo tiempo ve cómo se le echa encima el calendario y teme que una siembra demasiado tardía penalice rendimientos de forma irreversible.

A esto se suma el problema del abonado. Hay explotaciones con el fertilizante comprado desde hace semanas almacenado, esperando un acceso que no llega. No se puede entrar con la abonadora sin destrozar el terreno y se teme que cuando se pueda entrar ya no sea el momento óptimo desde el punto de vista agronómico.

Muchos agricultores con una mentalidad más abierta han utilizado para tratamientos y abonados drones por la imposibilidad de entrar en los terrenos.

En zonas donde el cereal estaba ya implantado el exceso de humedad empieza a generar preocupación por asfixia radicular amarilleos y aparición temprana de enfermedades fúngicas, especialmente en parcelas mal niveladas o con drenaje deficiente.

Aunque aún es pronto para contar un balance definitivo, los peritos de seguros ya están recibiendo partes de siniestros por lluvias e inundaciones en la región, que se suman a los de otras comunidades.

Según estas primeras comunicaciones, se han declarado siniestros por decenas de miles de hectáreas en España, con impactos en cultivos como olivar, hortícolas y cereal.

En Castilla-La Mancha, aunque los datos regionales concretos están en fase de valoración, Agroseguro estima ya miles de hectáreas afectadas por daños directos o indirectos de las borrascas.

Para el agricultor esto significa:

-Costes añadidos (perdidas de plantaciones, resembras, tratamientos extra).

-Dependencia de las peritaciones, y su ritmo, para acceder a indemnizaciones que, en muchos casos, todavía no han sido valoradas sobre el terreno.

-Incertidumbre financiera especialmente para pequeñas y medianas explotaciones que operan con márgenes estrechos.

ANÁLISIS DEL CEREAL POR PROVINCIAS

Toledo

En la provincia de Toledo el cereal de secano es uno de los grandes perjudicados. Suelos muy cargados de agua especialmente en La Sagra y la Mesa de Ocaña, donde la maquinaria lleva semanas sin poder entrar. Hay parcelas directamente anegadas y otras en las que el barro impide cualquier labor. El agricultor toledano asume que parte de la superficie prevista no se sembrará o se sembrará muy tarde, con el consiguiente ajuste de expectativas.

Ciudad Real

Ciudad Real presenta una situación muy heterogénea. Las zonas de llanura cerealista arrastran problemas similares a Toledo, mientras que en áreas algo más altas o con suelos más ligeros se han podido hacer algunas labores. Aun así la sensación general es de retraso acusado y mucha preocupación por no poder ajustar abonados y tratamientos en tiempo y forma.

Albacete

En Albacete el discurso cambia ligeramente. En el sureste más castigado históricamente por la sequía el agricultor reconoce que esta agua era imprescindible. Los perfiles de suelo están cargados como no se recordaba desde hace años. Aun así incluso aquí las lluvias continuas han impedido sembrar con normalidad y el retraso también es evidente.

Cuenca

Cuenca muestra un comportamiento muy variable. Las zonas altas drenan mejor y han soportado mejor la situación, mientras que las vegas y fondos de valle acumulan agua y presentan problemas similares al resto de la región. El cereal es el cultivo que peor lo está pasando en estos momentos.

Cómo lo ve el agricultor de a pie

Hablando desde la experiencia y las voces que ya están en campo:

Lo positivo

  • El agua recargará los suelos y recursos hídricos tras años de déficit hídrico en varias zonas, lo que es, a medio plazo, beneficioso para rotaciones y pastos.
  • En parcelas que sí pudieron sembrar temprano, la humedad puede ayudar a una buena germinación si las condiciones mejoran.

Lo difícil

  • No poder sembrar en el momento óptimo altera todo el calendario técnico del cultivo: siembra → abonado → manejo de malas hierbas → tratamientos fitosanitarios.
  • Camino rural intransitable, maquinaria bloqueada en fincas, y costes logísticos extra por condiciones adversas.
  • Tensión económica: pagar facturas sin saber si la cosecha será viable es una preocupación generalizada.
  • Se anticipa presión para que las autoridades flexibilicen plazos y exigencias de la PAC y otros requisitos administrativos, dadas las condiciones excepcionales.

VIÑEDO: UN ALIVIO HÍDRICO CON VIGILANCIA

El viñedo se encuentra en una posición mucho más favorable. En este momento del año estamos aún en fase de reposo o inicio muy incipiente de actividad vegetativa y la recarga hídrica acumulada en el suelo es una noticia excelente, después de varias campañas marcadas por el estrés hídrico.

El viticultor es consciente de que esta agua será clave para el arranque del ciclo, para la brotación y para el desarrollo inicial de la planta. El perfil del suelo cargado garantiza reservas que pueden marcar la diferencia si la primavera viene seca.

Sin embargo, no todo es positivo. En parcelas con drenaje deficiente empiezan a aparecer preocupaciones por asfixia radicular y por la imposibilidad de realizar labores de poda, mantenimiento tratamientos preventivos o trabajos de estructura. El acceso a muchas viñas sigue siendo complicado y se retrasa cualquier actuación.

VIÑEDO POR PROVINCIAS

Ciudad Real y Toledo

Aquí la percepción general es de alivio. El agua era necesaria y llega en un momento clave. El viticultor confía en una buena salida de invierno, siempre que las lluvias den tregua. En las próximas semanas el mayor temor es que la humedad se prolongue demasiado y complique la sanidad vegetal.

Albacete y Cuenca

En estas provincias el viñedo suele asentarse en terrenos con algo más de pendiente y mejor drenaje, lo que ha permitido una mejor gestión del exceso de agua. Aquí el balance es claramente positivo, aunque también se reconoce el retraso en labores.

OLIVAR. ÚLTIMA FASE DE RECOLECCIÓN Y MIRADA A LA PRÓXIMA CAMPAÑA

El olivar en Castilla-La Mancha se encuentra ya en la recta final de la campaña de recolección. Las lluvias han afectado de forma directa a la producción y recogida de los últimos coletazos sobre todo en la provincia de Toledo.

Accesos impracticables caminos rurales destrozados y parcelas embarradas han hecho que muchos agricultores hayan tenido que dejar aceituna en el árbol o retrasar entregas en almazara. El olivicultor asume estas dificultades con cierta resignación, pero pone ya el foco en el futuro.

Desde el punto de vista agronómico el agua es una magnífica noticia para la próxima campaña. Los olivos llegan al final del invierno con reservas hídricas muy superiores a las de años anteriores, lo que mejora expectativas de floración y cuajado, siempre que la primavera acompañe.

OLIVAR POR PROVINCIAS

Ciudad Real y Toledo

Son las zonas donde el olivar tiene mayor peso. Las dificultades han sido principalmente logísticas, más que productivas, aunque en una parte de la provincia de Toledo queda gran parte de la cosecha sin recolectar. El agricultor en general ve positivamente la recarga de agua y da por cerrada una campaña complicada pero asumible.

Cuenca y Albacete

Con menor superficie de olivar, los problemas han sido puntuales y muy localizados. El balance general también es positivo, pensando en el próximo ciclo.

LA VISIÓN DEL AGRICULTOR. EL SENTIMIENTO QUE SE REPITE

Si hay una frase que se repite estos días en el campo es “llueve bien pero no nos deja trabajar”. El agricultor entiende la importancia del agua. Sabe que viene de años muy duros, pero también vive con angustia no poder sembrar, no poder abonar y no poder planificar.

Hay frustración por ver el fertilizante en el almacén, el gasoil comprado, la maquinaria parada y los días pasando también. Hay miedo a las penalizaciones administrativas y a no poder cumplir plazos que no se han diseñado pensando en campañas tan anómalas.

Al mismo tiempo hay esperanza. El campo está cargado de agua, los acuíferos se recuperan, los perfiles de suelo están llenos, y eso es un seguro de vida para los próximos meses.

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