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La posible paz en el golfo Pérsico despeja el horizonte para la alfalfa española

El principal destino de los forrajes deshidratados es Emiratos Árabes Unidos (EAU), situado en el centro del conflicto entre EEUU e Irán. Aragón y Cataluña están registrando un buen año desde el punto de vista agronómico

Ricardo Ortega

EEUU e Irán han anunciado un acuerdo de alto el fuego que a día de hoy sigue en el aire, pero que incluye la apertura del estrecho de Ormuz. Una noticia que en caso de confirmarse resultará de gran importancia para el conjunto del sector, pero que sobre todo se celebrará entre los productores y comercializadores españoles de forraje.

El año pasado el principal comprador de alfalfa deshidratada española fue Emiratos Árabes Unidos (EAU), uno de los países más afectados por la guerra al estar rodeado por el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz.

El segundo destino de los forrajes deshidratados fue Arabia Saudí, para la que es más sencillo acceder a las exportaciones, pero que siguen siendo caras por el coste de transportarlas por el interior del país hasta su destino.

Los tres siguientes compradores fueron Jordania, alejada del foco del conflicto, Corea del Sur y Japón. Otros mercados de destino muy afectados por la situación han sido Qatar y Kuwait.

Para Luis Machín, director de la Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada, AEFA, los países situados en el estrecho de Ormuz han estado estos meses “sometidos a una presión importante” porque “ha seguido habiendo demanda de producto”.

“Se han seguido poniendo en contacto con las plantas españolas, pero al mismo tiempo el coste del transporte se ha incrementado hasta el punto de que deben pagar por el forraje más del doble que antes del inicio de la guerra contra Irán”, recalca.

Desde que el 28 de febrero comenzaron los bombardeos y el cierre del estrecho de Ormuz se ha producido el rediseño de rutas comerciales y se ha multiplicado la dificultad para llevar el producto hasta su destino. “Se nota especialmente el incremento en la prima del seguro”, recalca Machín.

Todos esos países adquieren la alfalfa deshidratada para alimentar su cabaña ganadera, especialmente la productora de leche, como en el caso de las grandes ganaderías de vacuno de Arabia Saudí.

El ataque contra Irán ha supuesto un escollo importante para el subsector forrajero, que llevaba varios años con un buen comportamiento, “con una demanda estable y continua”.

En la campaña actual el mercado ha absorbido el primer corte de la alfalfa porque la anterior había finalizado sin grandes stocks. Además, las plantas deshidratadoras han seguido exportando, aunque las ventas al exterior se han reducido a un tercio.

“Aunque Oriente Medio es el principal destino, los socios de AEFA llevan varios años diversificando las exportaciones”, recalca el responsable de la asociación.

EEUU en el filo

Desde 2023 ha caído la demanda de forraje de EEUU. Las compañías que exportan desde el gigante norteamericano no están en muy buena situación e incluso se han producido cierres.

Las ventas al exterior han caído de 5 millones de toneladas a 4, y no precisamente por la crisis en el Golfo Pérsico. “Sus clientes no están en Oriente Medio, con la excepción de Arabia Saudí, y por el contrario se concentra en China, Japón y Corea del Sur”, recalca Luis Machín.

Donde EEUU ha tenido su crisis ha sido en las ventas a China, donde la ganadería ha tenido un incremento muy importante de sus costes de producción a raíz de la invasión de Ucrania, con la consecuencia de una reducción de la cabaña.

¿Regresar a la normalidad?

Un regreso a la normalidad comercial sería una gran noticia para el sector español, sobre todo para comunidades como Aragón o Cataluña, más próximas a los puertos y por lo tanto más sensibles a los vaivenes geopolíticos.

Desde el punto de vista agronómico, estamos ante un año entre normal y bueno para la alfalfa del noreste peninsular.

En mayo llovió dos semanas de forma prácticamente continuada y después no ha habido demasiadas precipitaciones, lo que ha permitido al agricultor trabajar con normalidad.

La calidad ha sido buena, en general, en el primer corte y el segundo ha sido un poco peor por la presencia de malas hierbas.

“Pero en general es un año de producciones buenas, especialmente en el regadío de Aragón. A partir de ahí, si el tiempo acompaña y se puede dar un tercer corte, serán buenas noticias. Aunque todo puede cambiar de un día para otro si hay incidencias meteorológicas o si se produce el ataque de alguna plaga”, señala Machín.

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