La cosecha de patata se ha generalizado en regiones como la cuenca del Duero, aunque en muchas fincas el arranque tendrá lugar en los meses de septiembre y octubre.

Para esa patata más tardía la nutrición potásica adquiere un papel especialmente relevante durante las últimas fases del ciclo. A medida que comienza el engorde del tubérculo, la demanda de potasio aumenta de forma considerable, ya que este nutriente participa directamente en el transporte de azúcares, la regulación hídrica de la planta y la síntesis y acumulación de almidón.
“Una nutrición adecuada en este momento no solo repercute en el rendimiento final, sino también en parámetros de calidad tan importantes como el calibre, el peso específico, la uniformidad y la aptitud para conservación e industria”, recalca Javier Villamayor, del departamento de Investigación de Fertinagro Biotech.
En los últimos años han cobrado protagonismo “las formulaciones de fertilizantes solubles con elevado contenido en potasio que, además del nutriente principal, incorporan compuestos bioestimulantes como aminoácidos libres, extractos húmicos y micronutrientes”.
Estas formulaciones buscan mejorar la eficiencia de la fertilización y favorecer que el cultivo “aproveche al máximo los nutrientes aportados, especialmente en situaciones de elevada demanda fisiológica”, apunta Villamayor. En muchos casos, son aptas para agricultura ecológica.
Eficiencia en el uso del agua
Además de lo señalado, el potasio desempeña funciones fisiológicas esenciales en el cultivo de la patata. Regula la apertura y cierre estomático, mejora la eficiencia en el uso del agua “y favorece la traslocación de los fotoasimilados producidos en las hojas hacia los tubérculos en formación”, destaca el investigador de Fertinagro.
Como consecuencia, una nutrición potásica equilibrada contribuye a incrementar la acumulación de materia seca y almidón, aspectos estrechamente relacionados con el rendimiento comercial y la calidad tecnológica del cultivo.
Absorción de nutrientes
Recuerda Villamayor que, cuando el potasio se acompaña de aminoácidos libres específicos, la absorción y movilización del nutriente puede verse favorecida, especialmente en momentos de estrés.
Del mismo modo, la incorporación de extractos húmicos “aporta sustancias orgánicas que favorecen la actividad biológica del suelo y mejoran la disponibilidad de nutrientes en la rizosfera”.
Algunas formulaciones, además, incluyen micronutrientes como hierro, manganeso, zinc, cobre y boro, elementos que participan en numerosos procesos enzimáticos y fisiológicos relacionados con el crecimiento y el llenado de los tubérculos.
Un fertilizante versátil
Otra característica interesante de este tipo de fertilizantes es su elevada versatilidad de aplicación. Su completa solubilidad permite utilizarlos mediante fertirrigación, aplicación foliar e incluso mediante equipos de pulverización aérea con drones cuando las condiciones de manejo así lo requieran.
Además, las formulaciones con pH cercano a la neutralidad facilitan, en muchos casos, su compatibilidad con numerosos tratamientos fitosanitarios, permitiendo realizar aplicaciones conjuntas con fungicidas durante las intervenciones habituales contra enfermedades como el mildiu o la alternaria.
“No obstante, antes de cualquier mezcla siempre es recomendable comprobar la compatibilidad físico-química y seguir las recomendaciones de los técnicos”, advierte el responsable de Fertinagro.
¿Cuándo aplicar?
Desde un punto de vista agronómico, estas soluciones nutricionales pueden resultar especialmente interesantes durante el inicio del tuberizado y, sobre todo, durante el periodo de máximo engorde, cuando el cultivo presenta la mayor demanda de potasio.
En estas fases, subraya el investigador, una correcta disponibilidad del nutriente ayuda a mantener la actividad fotosintética y favorece el transporte eficiente de carbohidratos hacia los tubérculos, con lo que contribuye a mejorar tanto la cantidad como la calidad de la producción.
Una agricultura más eficiente y sostenible
La incorporación de materia orgánica soluble, extractos húmicos y aminoácidos supone un valor añadido para el agricultor al favorecer la actividad de los microorganismos beneficiosos del suelo y contribuir a mantener una rizosfera más activa, “aspecto especialmente interesante en sistemas de producción que buscan mejorar la eficiencia del uso de los fertilizantes y avanzar hacia modelos de agricultura más sostenible”.
También se favorece el desbloqueo y asimilación de algunos compuestos potásicos que suelen existir de manera abundante en los suelos, “y que por diversas circunstancias no se encuentran asimilables”.
“En definitiva -señala Javier Villamayor-, el empleo de fertilizantes de alta concentración en potasio enriquecidos con compuestos bioestimulantes constituye una estrategia nutricional que puede complementar los programas de abonado de la patata”.
“Integrados dentro de un manejo equilibrado del cultivo y ajustados a las necesidades reales, determinadas mediante análisis de suelo y seguimiento nutricional, estos productos permiten optimizar la eficiencia de la fertilización y contribuir a la obtención de cosechas con mejor calidad y mayor valor comercial”.








