Ricardo Ortega
La agricultura europea lo tendría “muy difícil” para sobrevivir si no se estuviera produciendo una revolución tecnológica como la actual. Así lo señala Irina Chiriac, investigadora principal del grupo de Biorrecursos y Tecnologías Agroalimentarias del centro tecnológico Leitat.
Una de las herramientas con las que trabaja es la tecnología hiperespectral, que a partir de la adquisición de imágenes “permite saber qué composición química tiene cada parte del producto que estamos escaneando». Todo a partir de analizar cómo ese objeto refleja la luz.
Según la investigadora, “podemos saber en qué estado se encuentra un alimento sin tocarlo, sin dañarlo y obteniendo esta información en tiempo real”. Por ejemplo, “podemos detectar problemas que no se ven a simple vista, como la falta de agua o la presencia de posibles enfermedades”.

Además, al obtener la información al instante y sin alterar el producto, “podemos tomar decisiones rápidamente para corregir cualquier problema que aparezca”, algo que ya se pone de manifiesto en la agricultura.
“Existen sensores colocados directamente en los campos que permiten saber el estado del suelo o las condiciones meteorológicas a las cuales se enfrenta un cultivo”, destaca.
De este modo, cuando queremos analizar el estado del fruto o de la planta, “la mayoría de las tecnologías obligan a tomar una muestra y llevarla al laboratorio para realizar las pruebas de análisis correspondientes”, mientras que la tecnología hiperespectral “ofrece una alternativa interesante, ya que permite medir la calidad del cultivo en el mismo campo y sin necesidad de recoger muestras”.
El sistema presentado por Leitat (basado en escaneo hiperespectral y digitalización de cultivos) aporta mejoras clave en sanidad vegetal:
Detección precoz de enfermedades: permite identificar problemas antes de que sean visibles, gracias al análisis del estado fisiológico del cultivo (estrés, cambios en pigmentación, etc.), lo que facilita actuar a tiempo.
Control más preciso de plagas: el sistema puede medir el grado de infestación de una planta, lo que ayuda a aplicar tratamientos solo cuando y donde son necesarios.
Reducción de productos químicos: al disponer de datos precisos, se evita el uso excesivo de fitosanitarios, aplicando soluciones más dirigidas (biopesticidas, control localizado). Esto encaja con tendencias actuales de sanidad vegetal basada en datos
Mejor gestión de malas hierbas: aunque no actúa directamente sobre ellas, el monitoreo del cultivo permite detectar zonas con menor vigor o competencia, facilitando estrategias de control más eficientes.
“En resumen, se pasa de una agricultura reactiva a una agricultura preventiva y de precisión”, apunta la investigadora.
El sistema permite analizar no solo el cultivo, sino también su potencial de valorización.
Por ejemplo, en el caso del olivo se puede estimar cuánta producción irá a aceite, biomasa o subproductos.
A partir de estos datos, se pueden generar nuevas cadenas de valor:
Cosmética: extracción de compuestos activos (antioxidantes, aceites esenciales).
Alimentación: ingredientes funcionales o nuevos alimentos.
Biocombustibles: uso de residuos agrícolas para generar energía.
Todo ello, gracias a que Leitat “trabaja en tecnologías de biorrefinería, que permiten transformar subproductos agroalimentarios en nuevos materiales o ingredientes de alto valor”.
“Esto significa que el agricultor no solo produce alimentos, sino que puede formar parte de un sistema que aprovecha todo el cultivo y reduce residuos”, recalca Chiriac.
Hojas de olivo para obtener cosméticos
Leitat participa en numerosos proyectos europeos y nacionales. Muchos proyectos son de valorización de subproductos como las hojas del olivo, el alperujo, entre otros. Actualmente trabaja en el proyecto cosmetoLeaf, que se basa en la valorización de hojas del olivo para su aplicación en cosmética.
Leitat es un centro tecnológico fundado en 1906, con sede en Tarrasa (Terrassa), en la provincia de Barcelona.
Es una entidad privada sin ánimo de lucro especializada en investigación, desarrollo, innovación y transferencia tecnológica. Su objetivo principal es ofrecer soluciones tecnológicas a empresas y organizaciones de distintos sectores para mejorar su competitividad y sostenibilidad.
“Tiene equipos multidisciplinares de expertos en biotecnología, química, sensores, digitalización, robótica, bioprocesos, entre otros, para abordar retos reales de empresas e industrias”, apunta la investigadora.
Leitat trabaja en innovaciones centradas en agricultura sostenible, muchas de ellas con aplicaciones prácticas para mejorar la producción, salud de cultivos y sostenibilidad de las explotaciones:
Biofertilizantes y bioestimulantes. Estos productos, basados en microorganismos o compuestos naturales, mejoran la salud de las plantas y la fertilidad del suelo, reduciendo la dependencia de fertilizantes químicos
Biopesticidas y control natural de plagas. Soluciones basadas en sustancias naturales o microorganismos para controlar plagas atrayentes), lo que ayuda a reducir el uso de químicos sintéticos.
Digitalización y escaneo de cultivos. Proyectos recientes permiten realizar escaneos digitales de olivos y otros cultivos, proporcionando datos en tiempo real para optimizar gestión agronómica.
Valorización de biorresiduos. Desarrollo de métodos para reciclar residuos agrícolas y transformarlos en fertilizantes o enmiendas para el suelo.







