spot_img
spot_img

InicioNoticia1El conflicto en Oriente Medio acelera la expansión del pistacho español

El conflicto en Oriente Medio acelera la expansión del pistacho español

La guerra en Irán y el acuerdo comercial con China destacan el papel del cultivo en la Península, impulsado por su calidad y por la confianza en la cadena de suministro. La demanda mundial sigue creciendo

Ricardo Ortega

La agricultura de la España interior está viviendo una revolución silenciosa que empieza a convertirse en un clamor, un lento abandono de los cultivos extensivos hacia producciones que ofrecen estabilidad y dependen menos de la lluvia.

No es casualidad que en esta transformación el pistacho esté cobrando un protagonismo especial, ya que el pistachero, el árbol que lo produce, es una planta que parece diseñada genéticamente para los climas continentalizados: necesita veranos largos y calurosos, inviernos intensos y un ambiente seco.

Algunas fuentes ya hablan de que España ha alcanzado las 85.800 hectáreas de cultivo, aunque las cifras bailan como consecuencia de un factor esencial: el árbol tarda unos cuatro años en entrar en producción y unos ocho en alcanzar la plena producción. El plazo para recuperar la inversión se sitúa en una década.

La producción nacional de pistacho ha crecido más de un 73% en el último año, hasta alcanzar las 42.000 toneladas. La mayor parte corresponde a Castilla-La Mancha, que supone el 80% de la superficie de cultivo.

Estas cifras convierten a España en líder europeo en producción de pistacho, mientras que en el conjunto del mundo ocupa el cuarto lugar. Eso sí, la distancia es enorme en relación con el tercer puesto, EEUU y sus 210.000 hectáreas, y abismal respecto a los otros dos: Turquía (450.000 hectáreas) e Irán (445.000).

En las últimas semanas ha habido voces que anunciaban que la guerra entre EEUU e Irán abría una ventana de oportunidad para el cultivo en España. Otras más cautas recordaban que se trata de un cultivo leñoso en el que las decisiones no se adaptan de un día para otro, si bien destacaban al mismo tiempo que las tendencias están ahí, y que el conflicto puede tener un papel a la hora de acelerarlas.

España ha pasado de 8.210 toneladas en la campaña 2018/2019 a 42.374 toneladas en la actual. El incremento supera el 140% respecto a la media de los últimos años. “El pistacho ya no es un cultivo experimental ni minoritario: se está convirtiendo en una pieza relevante dentro del mapa agrario nacional”, destacan desde la consultora Víridi Horizons.

Buena parte de las nuevas plantaciones de pistacho han sustituido cultivos como el cereal, que arrastra problemas de rentabilidad, mientras que en algunas ocasiones ha reemplazado parcelas de olivar o viñedo, especialmente donde los márgenes eran más ajustados o la falta de agua ponía en tela de juicio la viabilidad.

El atractivo es claro, puesto que se trata de un cultivo leñoso adaptado a climas continentales, resistente a la sequía y con una demanda internacional creciente. “Aunque requiere paciencia -tarda unos ocho años en entrar en plena producción-, las expectativas de ingresos por hectárea han convencido a muchos agricultores para reconvertir sus explotaciones”, recalcan desde la entidad.

La escalada bélica en Oriente Medio, agravada por la grave crisis política interna y el bloqueo del estrecho de Ormuz, ha puesto al mundo al borde de una crisis de grandes dimensiones y, en el caso del pistacho, se lo pone muy difícil a las exportaciones iraníes. 

El papel del país ya estaba en entredicho antes de la guerra por la combinación explosiva de sequía, olas de calor y problemas energéticos que han castigado los rendimientos.

De hecho, para la campaña de comercialización 2025/26 se prevé un descenso de la producción iraní del 6%, aunque también en Turquía. La cifra global apunta a un descenso del 8% en la producción mundial de pistacho.

Todo eso antes de que Donald Trump iniciara el bombardeo del país el 28 de febrero. Un nuevo escenario que ha puesto patas arriba la logística en todo el globo, con rutas aéreas y marítimas rediseñadas a toda prisa y con el estrecho de Ormuz convertido en un embudo imposible de atravesar.

El estrecho es la arteria por la que sale buena parte del pistacho iraní y, por si fuera poco, el puerto de Shahid Rajaei, que concentra el 85% del movimiento de contenedores del país, registró una explosión en abril de 2025 que interrumpió de forma abrupta los planes para exportar unas 120.000 toneladas de pistacho. Aquello obligó a desviar barcos, renegociar contratos y asumir sobrecostes inmediatos.

Esta primavera la guerra ha trasladado el foco del problema “desde el árbol a la logística”, como describen las mismas fuentes. Los riesgos de navegación en el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz encarecen los fletes, elevan las primas de seguros y alargan los plazos.

En este laberinto, los cargamentos sufren más inspecciones, más papeleo y retrasos de 7 a 10 días en aduanas, lo que se traduce en tensión adicional en los precios mayoristas. Caos en la cadena de suministro para una producción de 225.000 toneladas de pistacho.

La inestabilidad en Irán llega justo cuando el pistacho español empieza a despegar, y eso convierte a España en algo más que un sustituto de emergencia. Con apenas un tercio de su superficie en plena producción y árboles que alcanzan sus máximos rendimientos en torno a los 12 años, el sector da por hecho que la cosecha española se multiplicará en los próximos cinco a ocho años.

El pistacho español pasa de promesa a proyecto de potencia estructural, con capacidad real de competir en volumen, calidad y seguridad de suministro en la próxima década. A nivel europeo, el hueco que deja la inestabilidad iraní se nota.

“Importadores y distribuidores empiezan a valorar más el pistacho español frente al iraní o incluso frente al estadounidense, no solo por la proximidad geográfica, sino por la trazabilidad, la seguridad alimentaria y la menor exposición a shocks geopolíticos”, apuntan desde Víridi Horizons.

De forma paralela, la compañía considera que el reciente convenio suscrito entre el España y China para ampliar el acceso de productos agroalimentarios (entre ellos el pistacho) tendrá un “efecto tractor” sobre el sector español, al impulsar su crecimiento y su posicionamiento internacional.

China representa una oportunidad estratégica de primer orden para el sector pistachero español, si bien la limitada capacidad productiva actual del sector modulará sus efectos positivos en el corto plazo.

“El carácter todavía joven del cultivo en España implica que muchas plantaciones no han alcanzado su plena madurez productiva. Esto podría frenar, en una primera fase, el aprovechamiento total del potencial del mercado chino, dominado por grandes productores internacionales”, detaca Ignacio Soler de la Azuela, director técnico de Víridi Horizons.

Según datos del International Nut and Dried Fruit Council, el gigante asiático alcanzó en 2023 un consumo cercano a 168.000 toneladas de pistacho -en torno al 15% del total mundial-, con importaciones superiores a 139.000 toneladas.

Su consumo per cápita, todavía reducido en comparación con otros mercados, apunta a un amplio margen de crecimiento. Las mismas fuentes señalan que Europa mantiene una demanda relevante, estimada entre 150.000 y 200.000 toneladas anuales.

Incremento de precios y rentabilidad

La apertura del mercado chino tendrá efectos positivos para el sector, sobre todo a medio y largo plazo. Además de una diversificación de los destinos de exportación, resulta previsible que se produzca un incremento de los precios y de la rentabilidad del cultivo debido a una mayor demanda internacional.

Todo ello podría acelerar las inversiones, sobre todo en tareas de procesado, calibrado, certificación y logística. Para el responsable de la compañía, el convenio con China supone una ventana de oportunidad “estratégica” para consolidar al pistacho como uno de los cultivos más dinámicos y prometedores de la agricultura española.

“La combinación de crecimiento de la oferta nacional, expansión de la demanda global y apertura de nuevos mercados podría situar al pistacho en el centro de la transformación del sector agrario, siempre que se acompañe de inversiones, planificación y adaptación a los requisitos internacionales”, concluye Ignacio Soler.

NOTICIAS RELACIONADAS
spot_img
spot_img
spot_img