Ricardo Ortega
La búsqueda de cultivos para rotar con el cereal y las oleaginosas puede llevarnos a producciones singulares como la matalauva, o anís verde, una opción minoritaria pero que va ganando adeptos en España gracias a que se ‘lleva bien’ con el clima y el suelo de la Península.
De su fruto se obtiene el licor de anís, aunque también se usa en cocina. Al ser un cultivo minoritario y de ciclo corto, funciona muy bien como cultivo alternativo para romper los ciclos de plagas y limpiar el suelo, destacan desde la compañía Balam.
Presenta ciclos de crecimiento muy rápido y puede alcanzar los 80 centímetros de altura. Presenta solo un tallo que crece recto, erguido, y que se ramifica en la parte superior.
Las flores se agrupan en una inflorescencia en forma de umbela. Cuando son polinizadas se forma el fruto, de forma oval, que aloja las semillas. Las semillas de anís matalauva se deben sembrar durante la siguiente primavera, para favorecer un mayor crecimiento, según las mismas fuentes.
¿Cómo se cultiva?
Tiene un proceso sencillo de siembra y suele hacerse a finales del invierno. Se siembra directamente sobre el suelo, que necesita ciertas condiciones de humedad y luz.
Es recomendable plantarlas a unos 5 milímetros de profundidad, en sustratos humedecidos.
Incluso germina cuando se planta a voleo, pero es importante que el sustrato esté humedecido. La germinación tarda de una a dos semanas en función de las condiciones de temperatura.
Una vez alcanza los 10 centímetros de altura se puede trasplantar al lugar definitivo. En el ciclo de crecimiento se distinguen varios periodos, pero la producción de frutos y su recolección requiere de un tiempo que oscila entre los dos y los tres meses desde la siembra.
Cuando se recolectan las plantas hay que secar las semillas para que no enfermen y se conserven por más tiempo.
Condiciones climáticas
Esta planta es de orígenes asiáticos, pero se ha adaptado a otros escenarios climáticos, como la cuenca mediterránea. Sus requerimientos básicos son buena incidencia solar, incluso sol directo, y temperaturas agradables.
No se adapta bien a zonas muy frías y es recomendable iniciar la siembra a finales de invierno o inicios de primavera, ajustando ese proceso al riesgo de heladas.
¿Qué suelo es el más idóneo?
El suelo puede ser calcáreo, seco y con buen drenaje, pues las condiciones de cultivo que le son favorables son similares al de otras especies típicamente mediterráneas (tomillo, lavanda, salvia o romero).
Los terrenos arcillosos no son aconsejables, porque se encharcan demasiado. Sí es recomendable aportar de manera periódica estiércol o materia orgánica para mejorar la retención de humedad.
¿Dónde se siembra?

Andalucía concentra el grueso de la producción en España. La provincia de Málaga destaca especialmente, aportando cerca de un tercio del volumen total cosechado en la comunidad autónoma.
El cultivo es muy habitual en municipios malagueños como Teba, Ardales, Campillos, Sierra de Yeguas y Antequera, aunque las provincias de Sevilla y Córdoba también dedican amplias extensiones de terreno a este grano.
Regiones como Castilla-La Mancha y Extremadura cuentan con una larga tradición vinculada a esta especia. Además, en los últimos años, cultivos con variedades de alto rendimiento han ganado terreno en áreas de Castilla y León, especialmente en Palencia.
En toda España no suele llegar a las 10.000 hectáreas.
¿Por qué se cultiva en estas regiones?
La planta requiere climas cálidos, secos y muy soleados durante el verano, además de suelos ligeros y bien drenados.
Al ser un cultivo de ciclo corto (se siembra al final del invierno y se cosecha a mitad del verano), se adapta a la perfección al régimen de temperaturas de la cuenca mediterránea y del interior peninsular.
España está considerada como uno de los productores mundiales que obtiene el grano de mejor calidad y mayor concentración de aceites esenciales.
¿Qué gastos conlleva?
El coste de producción por hectárea para el cultivo de matalauva, en régimen de secano tradicional, oscila entre los 250 y los 300 euros por hectárea.
Al emplear la misma maquinaria que los cereales de invierno, destaca por ser un cultivo de baja inversión inicial:
Preparación del terreno: Unos 40€-60€. Incluye las labores de labranza previas a la siembra para dejar la tierra fina y uniforme, algo vital para que la semilla agarre bien.
Semilla: Unos 50€-70€. Requiere una dosis aproximada de siembra que se ajusta según el marco de plantación, requiriendo grano limpio y apto para uso agrícola.
Siembra y abonado: Unos 40€-50€. Se realiza a finales de invierno (febrero/marzo) utilizando sembradoras convencionales de cereal. Habitualmente se aprovechan los nutrientes residuales del año anterior o se aplica un abonado ligero de cobertera.
Tratamientos: Unos 50€-60€. Se destinan principalmente a herbicidas específicos para controlar las malas hierbas de hoja ancha y hoja estrecha durante la primavera, dado que la planta es sensible a su competencia.
Cosecha: Unos 60€ – 70€. Se realiza en pleno verano (julio/agosto) utilizando cosechadoras de cereal estándar debidamente reguladas para no perder el grano menudo.
¿Es rentable?
El margen de beneficio neto en España es muy elevado debido a sus bajos costes de producción.
Se sitúa habitualmente entre el 75% y el 85% sobre los ingresos brutos, lo que genera un beneficio neto real de entre 900 € y 2.600 € por hectárea.








