Ricardo Ortega
La subida global de temperaturas y el carácter imprevisible de las precipitaciones están llevando a los agricultores a buscar alternativas. En el caso del sorgo, es la propia Unión Europea la que promueve este cereal como opción rústica, flexible, poco demandante de insumos y adaptable a todo tipo de suelos.
El sorgo es un cereal de verano que ha demostrado ser altamente eficiente en el uso del agua y en la tolerancia a altas temperaturas, lo que lo convierte en alternativa ideal al maíz en zonas de regadío deficitario o de secano. También se puede contemplar como complemento del maíz.
El sorgo grano se utiliza tanto en alimentación animal como humana, mientras que el sorgo forrajero produce forraje de calidad, con buen rebrote tras cortes sucesivos. Las producciones oscilan entre 4 y 10 toneladas por hectárea en grano y hasta 40 toneladas en verde.
Es el quinto cereal más extendido en el mundo, con entre 60 y 70 millones de toneladas producidas al año. Se cultiva en todos los continentes habitados, principalmente en África, donde se obtiene más o menos la mitad de la producción mundial.
También se da en países que lo consumen y lo exportan, como EEUU, Argentina o Australia. Otros lo cultivan para autoconsumo, como China, India o México.
España está entre los países que importan sorgo, igual que China, Japón, México o Italia.
Con poca presencia en Europa hasta ahora, crece de manera constante en este continente desde hace varios años. La producción oscila entre medio millón y un millón de toneladas, y para la UE supone un desafío estratégico aumentar la producción de este cereal.
Ventajas agronómicas
El ciclo vegetativo del sorgo es bastante corto, lo que hace de él un buen cultivo intermedio. Se puede implantar en cualquier tipo de suelo, en sobrio en insumos y, como puede adivinarse de un cultivo tan ‘africano’, se trata de una buena opción ante el calentamiento global.
El sorgo proporciona unos buenos resultados económicos, con unos aumentos de productividad fáciles de alcanzar, gracias a la selección de las variedades mejor adaptadas (híbridos, madurez temprana…) y a decisiones agronómicas como la fecha de siembra, la preparación del terreno o la densidad de semilla.
El sorgo en grano alcanza rendimientos medios de 7 toneladas por hectárea en países como Italia y entre 5 y 6 toneladas en Francia, pero en ambos casos se alcanzan las 10 toneladas cuando la planta tiene acceso al agua.
Sorgo forrajero
Existe una gran diversidad genética dentro de los sorgos forrajeros. Algunas variedades se cosechan una sola vez: son los sorgos llamados ‘monocorte’, que necesitan entre 100 y 140 días de desarrollo. Otras variedades se cosechan varias veces, tanto para siega como con destino a pasto. El primer corte se produce entre unos 45 y 60 días después de la siembra. Son las variedades llamadas ‘multicorte’.
Las superficies de sorgo forrajero suponen 40.000 hectáreas en la UE y suman 110.000 entre Ucrania y Rusia.
La UE promueve este cultivo con el proyecto Sorghum, para cuyos impulsores sorgo y maíz son “tan complementarios como un 4×4 y un Fórmula 1”.
En ese sentido, para los agricultores la elección entre sorgo y maíz se debe basar en la complementariedad. “Como un sólido 4×4 y un Formula 1 ultrarrápido, estos dos cultivos dan respuesta a necesidades diferentes, pero son indispensables para una agricultura sostenible y para mantener la soberanía alimentaria europea”, destacan.
El sorgo, más resistente en caso de estrés hídrico y en suelos pobres, es el ‘vehículo todoterreno’ ideal para las zonas con baja pluviometría o con un clima cálido. Ofrece una estabilidad económica incluso en periodos complicados, con rendimientos moderados, pero también fiables, a largo plazo. Al contrario de lo que sucede con el maíz, no depende de un entorno perfectamente optimizado.
Por el contrario, el maíz sería el ‘bólido’ que destaca cuando se dan las condiciones ideales: suelos fértiles, irrigación abundante y calor constante. Permite obtener rendimientos elevados, pero es vulnerable a las diferentes vicisitudes climáticas.
Maíz y sorgo
¿Por qué se pueden asociar el maíz y el sorgo? El sorgo cubre los periodos de estrés hídrico, mientras que el maíz optimiza los periodos más favorables. Esta diversificación reduce los riesgos y ofrece una flexibilidad adaptada a la realidad de cada terreno.
Según esta visión, el sorgo no es la competencia del maíz, sino un socio estratégico para lograr una agricultura más ‘resiliente’, por emplear un término de moda. La elección de un cultivo u otro dependerá de las limitaciones de la explotación, sobre todo de agua, aunque su carácter complementario hace que se trate de una combinación interesante para el productor.
El cultivo en España
España es uno de los países con potencial para incrementar la superficie de este cereal. Según los datos del ministerio, el año pasado se sembraron 21.579 hectáreas de sorgo, con una concentración muy marcada en el valle del Ebro.
Aragón y Cataluña lideran la superficie de este cultivo, seguidas de cerca por Castilla-La Mancha y Extremadura. El año pasado Aragón sembró 7.100 hectáreas y Cataluña, 6.950.
En Castilla-La Mancha la superficie fue de 2.400 hectáreas, mientras Extremadura registró 2.100 hectáreas. Castilla y León tiene una presencia menor pero relevante, con unas 1.250 hectáreas, seguida por Andalucía (1.100 hectáreas) y Navarra (600).
La siembra del sorgo en Aragón y Cataluña se realiza principalmente durante la primavera, buscando que la temperatura del suelo sea superior a los 15 grados. En Andalucía se siembra desde mediados de abril hasta finales de mayo, para evitar las heladas, con opción a siembras más tardías en junio.
¿En qué suelo se da bien el sorgo?
Dadas las necesidades específicas de humedad del suelo, la planta crece mejor en suelos arcillosos que drenen bien. Aunque puede crecer en suelos arenosos, lo hace mejor en los que tienen arcilla en las capas inferiores para retener el agua.
La planta no sufrirá daños si el campo se inunda brevemente, pero un encharcamiento prolongado afectará a su rendimiento.
El pH óptimo del suelo se sitúa entre 5,5 y 7,5. A diferencia de muchos cereales, puede soportar cierta salinización y alcalinidad, pero tiene dificultades en condiciones ácidas. Antes de sembrar se debe arar en profundidad.
Un mes antes de la fechas de siembra se debe preparar el campo para garantizar un buen contacto entre la semilla y el suelo, así como la retención de humedad.
¿Qué variedad escoger?
De todas las variedades presentes en el mercado, conviene evaluar su capacidad de adaptación a las condiciones locales. Es importante consultar a los técnicos de la casa de semillas.
El reto consiste en favorecer una buena estructura del suelo y cuidar la preparación de la cama de siembra. El éxito estará en gran parte relacionado con la calidad del despunte. La separación entre filas puede variar entre 30 y 80 centímetros, aunque la opción óptima está entre 40 y 60 centímetros.
Para las variedades precoces, resulta más adecuada una separación entre filas reducida.
Factores ambientales
Los factores ambientales que favorecen el crecimiento de la planta son mucho más laxos que en otros cultivos, ya que crece bien con temperaturas altas y climas cálidos.
Por encima de los 15°C la mayoría de las semillas germina en 10-12 días, mientras que, con temperaturas más altas, por encima de 25°C, la germinación es todavía más rápida. Una temperatura por encima de 25°C durante todo el ciclo de cultivo favorece el crecimiento de la planta y aumenta su rendimiento.
Puede soportar las altas temperaturas y la luz solar intensa durante la etapa de desarrollo, pero puede volverse más sensible durante la etapa reproductiva (por ejemplo, durante la floración). Demasiado sol durante este periodo puede afectar a la formación de flores y a la producción de grano.
La dosis de fertilizante recomendada para el sorgo es de 80-120 kilos por hectárea de nitrógeno y 40-60 kilos de fósforo y potasio. Para mejorar la absorción de nutrientes y disminuir la escorrentía es mejor aplicar el NPK en el momento de la siembra.
La temperatura afecta directamente a la duración del ciclo. En condiciones cálidas, por encima de 20°C, las variedades tempranas alcanzan la cosecha en 90-110 días, mientras que las variedades medias lo hacen en 110-140 días.
Pero cuando las temperaturas descienden por debajo de los 20°C, el reloj de crecimiento se ralentiza considerablemente: cada medio grado menos añade entre 10 y 20 días de crecimiento adicionales.







