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La geopolítica ya no es una cuestión internacional. Es una cuestión empresarial

Las empresas siguen compitiendo por calidad, pero también deben prestar atención a factores que hace una década parecían ajenos a su actividad: conflictos internacionales, cambios regulatorios, tensiones comerciales...

Mari Carmen Masegosa

Durante años, muchas empresas agroalimentarias compitieron en un entorno relativamente estable. Las decisiones estratégicas se centraban en producir más, mejorar la eficiencia, abrir nuevos mercados o consolidar relaciones comerciales con clientes internacionales.

Hoy el escenario es diferente.

Las empresas siguen compitiendo por calidad, precio e innovación, pero progresivamente deben prestar más atención a factores que hace apenas una década parecían ajenos a su actividad: conflictos internacionales, cambios regulatorios, tensiones comerciales, dependencia de proveedores o alteraciones en las cadenas de suministro.

La guerra en Ucrania y las posteriores tensiones sobre los mercados energéticos provocaron importantes incrementos en el coste de los fertilizantes y otros insumos agrícolas esenciales para la producción.

Al mismo tiempo, las tensiones en algunas de las principales rutas marítimas internacionales obligaron a replantear operaciones logísticas en todo el mundo.

La creciente rivalidad económica entre Estados Unidos y China continúa modificando cadenas de suministro globales, mientras que la Unión Europea impulsa nuevas regulaciones vinculadas a la sostenibilidad, el origen de los productos o la resiliencia de las cadenas de suministro.

Lo que antes parecía lejano hoy tiene consecuencias directas sobre los costes, la planificación y la competitividad empresarial. La geopolítica ha dejado de ser una cuestión internacional. Ha pasado a formar parte de la gestión de las empresas.

España se ha consolidado como una de las grandes potencias agroalimentarias del mundo. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, las exportaciones agroalimentarias superaron los 75.000 millones de euros en 2024, alcanzando un nuevo máximo histórico.

Esta cifra refleja la fortaleza internacional del sector, pero también pone de manifiesto una realidad: las empresas agroalimentarias están cada vez más conectadas a lo que ocurre fuera de nuestras fronteras.

Hace apenas unos años, muchas organizaciones centran sus estrategias internacionales en aspectos como la apertura de mercados, la búsqueda de nuevos clientes o la optimización de la logística.

Hoy esas cuestiones siguen siendo fundamentales, pero han aparecido nuevas variables que condicionan de forma creciente la toma de decisiones.

Hoy las empresas agroalimentarias deben operar en un entorno donde una nueva regulación europea, una crisis logística, una tensión comercial o un cambio en las condiciones de acceso a un mercado pueden modificar el escenario competitivo en cuestión de meses.

Esta nueva realidad obliga a incorporar variables que hasta hace poco apenas se tenían en cuenta en la planificación empresarial y que hoy forman parte de la gestión diaria de muchas compañías.

Lo que está cambiando dentro de las empresas

Uno de los cambios más significativos que observamos en nuestro trabajo diario es que las preocupaciones de las empresas ya no son las mismas que hace cinco o diez años.

Antes, gran parte de las conversaciones giraban en torno a cómo exportar más, cómo encontrar nuevos clientes o cómo acceder a nuevos mercados.

Hoy siguen siendo cuestiones importantes, pero han aparecido nuevas preocupaciones relacionadas con la evolución de determinados mercados, la estabilidad de las cadenas de suministro, el impacto de futuras regulaciones o la dependencia de determinados proveedores.

Son cuestiones que hace una década apenas aparecían en muchas reuniones de dirección y que hoy forman parte habitual de la planificación estratégica.

En nuestra experiencia, muchas empresas han pasado de preguntarse únicamente cómo crecer en mercados internacionales a plantearse también cómo proteger ese crecimiento frente a un entorno cada vez más incierto.

Hace apenas unos años, pocas organizaciones analizaron el riesgo asociado a un proveedor concreto, la dependencia de una ruta logística o el impacto que podía tener una decisión regulatoria tomada a miles de kilómetros de distancia. Hoy son factores que forman parte de la conversación empresarial con mucha más frecuencia.

La internacionalización sigue siendo una oportunidad extraordinaria para las empresas agroalimentarias españolas. Pero gestionarla exige una mayor capacidad de adaptación y una visión más amplia del entorno en el que opera la empresa.

Cuando la geopolítica llega a la cuenta de resultados

Uno de los cambios más evidentes de los últimos años ha sido comprobar cómo acontecimientos aparentemente lejanos terminan afectando directamente a la rentabilidad empresarial.

La guerra en Ucrania es probablemente el ejemplo más visible, y lo vemos en nuestra consultoría en comercio exterior. Miles de empresas europeas vieron cómo aumentaban sus costes energéticos, se encarecían determinados insumos agrícolas y se alteraban mercados clave para el suministro de materias primas.

Algo similar ocurre cuando se producen tensiones logísticas internacionales o cambios regulatorios inesperados.

Para una empresa exportadora, estos factores pueden traducirse en mayores costes, retrasos, pérdida de competitividad o necesidad de replantear determinadas estrategias comerciales.

La geopolítica ya no influye únicamente en los gobiernos. Influye también en la rentabilidad y en la competitividad de las empresas.

Probablemente una de las principales diferencias respecto al pasado es la velocidad con la que se producen estos impactos.

Lo que antes podía tardar años en trasladarse a la actividad empresarial hoy puede hacerlo en cuestión de semanas o incluso días. Esa aceleración obliga a las empresas a desarrollar una mayor capacidad de adaptación y a prestar atención a señales que anteriormente apenas tenían relevancia para su actividad diaria.

Europa redefine las reglas del comercio internacional

Otro de los grandes cambios que estamos viviendo tiene que ver con la regulación.

La Unión Europea avanza hacia un modelo donde conceptos como la sostenibilidad, la seguridad alimentaria, la autonomía estratégica o la resiliencia de las cadenas de suministro adquieren una importancia creciente.

La pandemia, la guerra en Ucrania y las tensiones geopolíticas de los últimos años han reforzado la preocupación europea por garantizar el suministro de productos estratégicos y reducir determinadas dependencias consideradas críticas.

Normativas como el Reglamento Europeo contra la Deforestación (EUDR), las nuevas obligaciones relacionadas con la diligencia debida o las crecientes exigencias vinculadas al control de las cadenas de suministro son una muestra de esta tendencia.

No se trata únicamente de nuevas obligaciones administrativas. Detrás de estas medidas existe una estrategia mucho más amplia orientada a reforzar el control sobre las cadenas de suministro y aumentar la resiliencia económica europea.

Una empresa puede invertir años en consolidar una posición comercial en un mercado y descubrir que una nueva exigencia regulatoria modifica las reglas de acceso en cuestión de meses.

Por eso, comprender hacia dónde evoluciona la regulación internacional se ha convertido en una cuestión cada vez más estratégica para las empresas exportadoras.

Desde el punto de vista empresarial, la clave ya no está únicamente en cumplir una nueva normativa cuando entra en vigor. Las empresas que mejor se están adaptando son aquellas que intentan anticiparse a los cambios y comprender hacia dónde se dirige el mercado antes de que las exigencias sean obligatorias.

En un contexto tan dinámico como el actual, la anticipación se ha convertido en una ventaja competitiva.

La diversificación ya no es solo una estrategia comercial

Durante años, diversificar mercados se entendía principalmente como una forma de aumentar ventas.

Hoy la diversificación también se ha convertido en una herramienta para reducir riesgos y lo vemos en nuestra consultoría en comercio internacional. La experiencia de los últimos años ha demostrado que depender excesivamente de un único mercado, un único proveedor o una única ruta logística puede generar vulnerabilidades importantes.

Por ello, cada vez más empresas están revisando sus estrategias internacionales y explorando nuevas oportunidades en mercados emergentes o en regiones que hasta hace poco tenían un peso limitado en sus planes de expansión.

Los cambios geopolíticos no solo generan incertidumbre. También pueden abrir nuevas oportunidades comerciales derivadas de acuerdos internacionales, procesos de diversificación o reconfiguración de los flujos comerciales mundiales.

Prueba de ello son los nuevos acuerdos comerciales, la apertura de mercados alternativos o la búsqueda de nuevos proveedores en regiones que hasta hace pocos años apenas se contemplaban.

La diversificación ya no responde únicamente a una lógica comercial. Responde también a una lógica de resiliencia.

Una nueva forma de entender la competitividad

Durante años, internacionalizarse consistía principalmente en identificar oportunidades comerciales y encontrar clientes en nuevos mercados.

Hoy sigue siendo imprescindible, pero la realidad empresarial exige incorporar nuevas variables a la toma de decisiones.

La creciente complejidad del comercio internacional obliga a las empresas a prestar atención a factores que hace apenas unos años parecían lejanos: cambios regulatorios, tensiones comerciales, dependencia de proveedores o transformaciones en las cadenas de suministro.

Las empresas que comprendan antes esta realidad no solo estarán mejor preparadas para afrontar los riesgos.

También estarán en mejores condiciones para anticiparse a los cambios, identificar oportunidades y tomar decisiones con mayor seguridad en un entorno internacional cada vez más complejo.

Durante mucho tiempo se asumió que la globalización reducía riesgos porque permitía acceder a más mercados, más proveedores y más oportunidades.

Sin embargo, los últimos años han demostrado una realidad más compleja. Una empresa puede estar más internacionalizada que nunca y, al mismo tiempo, ser más vulnerable a factores que escapan completamente a su control.

Precisamente por eso, la capacidad para interpretar el entorno internacional se está convirtiendo en una herramienta de gestión tan importante como el conocimiento del propio mercado.

Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el sector agroalimentario español mantiene uno de los mayores superávits comerciales de la economía española, superando los 19.000 millones de euros en 2024.

Esta fortaleza demuestra la capacidad de nuestras empresas para competir internacionalmente, pero también pone de manifiesto la importancia de adaptarse a un entorno global cada vez más complejo.

Porque la geopolítica ya no es una cuestión reservada a gobiernos o instituciones internacionales.

Se ha convertido en una variable más de la gestión empresarial. Quizá la principal enseñanza que dejan los últimos años es que internacionalizarse ya no consiste únicamente en vender fuera.

También implica comprender mejor el entorno en el que se desarrolla esa actividad. Los mercados cambian. Las regulaciones cambian. Las cadenas de suministro cambian.

Y las empresas que sean capaces de anticiparse a estos cambios estarán mejor preparadas para proteger su competitividad y aprovechar las oportunidades que seguirán surgiendo en el comercio internacional.

Porque, en un mundo cada vez más interconectado, entender lo que ocurre fuera de nuestras fronteras ha dejado de ser una cuestión informativa. Es una cuestión empresarial.

Mari Carmen Masegosa. CEO de Masegosa Dual Comex, consultoría en comercio internacional

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